Una vida sin libertad. Por Javier Ygartua

Una vida sin libertad.

«Les voy a contar mi historia, una vida marcada por el terrible secuestro y posterior asesinato a manos de ETA. Una vida sin libertad»

Mi abuelo era Javier Ybarra, alcalde de Bilbao y presidente de la Diputación de Vizcaya. También dirigía el reformatorio de Amurrio, donde los niños sin posibilidades económicas para estudiar acudían. Este reformatorio estaba gestionado por los Padres Claretianos, quienes, además de brindar educación, ofrecían formación cristiana.

Sobre mi abuelo y su secuestro se ha escrito mucho. Yo voy a contar aquí cómo ese hecho influyó en mi vida diaria.

Cuando nací, mi abuelo ya estaba secuestrado. Siendo un bebé de pocos días, la Guardia Civil me protegía tanto dentro como fuera de casa. No podía salir a la calle; tenía que ser llevado al jardín de casa de una amiga de mi abuela para que me diera el aire. Mis padres, por recomendación del gobernador civil de Vizcaya, se vieron obligados a abandonar el País Vasco y trasladarse a un lugar desconocido para evitar ser asesinados por los terroristas de ETA.

Así que, siendo un bebé, me quedé sin la compañía de mis padres debido a estos asesinos. Tras un largo tiempo, mis padres, hartos de no verme, aprovecharon un descuido de sus escoltas para volver, jugándose la vida. Pero el amor que sentían por mí era mayor que la amenaza etarra.

El tiempo pasó y, aunque tuve una infancia feliz, siempre estuve vigilado constantemente. Hasta que un día, cansado de que los etarras dominaran mi vida, decidí afiliarme al PP Vasco.

Cuando se lo comuniqué a mi madre, ella, con los ojos llorosos y la voz rota, me transmitió su miedo y me pidió que, por favor, abandonara esa idea y no me metiera en líos. Por primera vez en mi vida vi en su rostro el miedo y el sufrimiento que había padecido por culpa de ETA. Me dijo textualmente: «¿No te parece que ya hemos sufrido demasiado en esta familia debido al terrorismo para que tú te metas ahora en ese lío? Ya hemos sufrido mucho, te pido que no te afilies al PP«.

Ustedes no pueden imaginarse cómo se queda el cuerpo y el corazón cuando escuchas a la persona que te ha traído al mundo romperse por dentro ante la posibilidad de que a su hijo mayor le pase algo. Es muy difícil seguir adelante con la decisión de afiliarse a un partido perseguido por ETA, sobre todo cuando, por el simple hecho de llevar mi apellido, ya estaba en peligro de ser asesinado.

Aun así, quizá por la inconsciencia de la juventud, continué con mi decisión. Me dirigí a la sede del PP de Getxo y me afilié. La expresión en el rostro de mi madre era de tristeza, enojo y miedo.

Por eso, cuando algunos me llaman «pepero» de forma peyorativa, les respondo que había que tener mucho valor para ser del PP Vasco. Mi vida en las Nuevas Generaciones estuvo marcada por una gran amistad entre sus miembros y un constante cuidado mutuo ante la amenaza que representaba ETA.

Para mayor coincidencia, mi ingreso en las Nuevas Generaciones del PP Vasco se produjo un día antes del terrible secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco. Eso hizo que mi madre me pidiera una vez más que lo dejara. Mi respuesta fue negativa, lo que provocó que se enojara mucho conmigo y pasara días sin hablarme.

A quienes critican a los que hemos pertenecido al PP, les pregunto si ellos habrían hecho lo mismo que yo en ese momento. Pasaron los años y cada vez participaba más en la vida interna del partido. En muchas campañas conocí a personas como Isabel Díaz Ayuso, Pablo Casado, Antonio González Terol y Javier Úbeda, muchos de los cuales son o han sido dirigentes del PP y a quienes guardo gran cariño y amistad.

Allí también conocí a otro gran amigo, el actual presidente de Vox, Santiago Abascal.

Llegó un momento en que hacían falta concejales en algunos pueblos, ya que por la amenaza de ETA los residentes locales temían postularse. Así que me convertí en «paracaidista», como llamaban a quienes asumíamos cargos en municipios ajenos. A partir de ese momento, mi madre me puso definitivamente la cruz.

Tener escolta, vivir en una cápsula de seguridad y cambiar mis rutinas se volvió parte de mi vida. Ahora que tengo más edad, me resultaría más sencillo modificar mis hábitos, pero con 26 años fue complicado. Era adaptarse o morir asesinado.

Ir con escolta no es fácil. Saber que ETA te seguía los pasos era desgarrador. Mi cabello blanco es testimonio de ello. Ver pintadas con una diana en mi casa era difícil de asimilar. Pero no iba a permitir que unos terroristas le arrebataran la libertad a mi tierra y a mi país.

Un día, al salir del cine con mis escoltas, una furgoneta intentó atropellarme. Me salvé por la gracia de Dios y la protección de mi madre, la Virgen. Pensé que se trataba de un incidente aislado, pero al día siguiente, en el mismo centro comercial, me percaté de la presencia de tres hombres que me resultaron sospechosos. Dios me iluminó para darme cuenta de que eran terroristas de ETA. Me enfrenté a uno de ellos cara a cara, pero logré salvarme gracias a la llegada inesperada de agentes de seguridad.

Luego me aconsejaron abandonar mi tierra por un tiempo. Un amigo me sacó en su coche con nocturnidad hacia un destino que, por precaución, no revelaré. Tras la detención de esos terroristas en Francia, pude regresar.

Desde entonces, soy el único hombre que besa a su esposa con los ojos abiertos, un reflejo de vigilancia que se me ha quedado de por vida. Recibí amenazas, cartas instándome a hacer testamento e incluso intentos de secuestro. Todo esto influyó en mi vida.

Lo que más me duele es que, debido a los últimos gobiernos de España, ETA ha ganado. Lo que sufrimos y luchamos no ha servido para nada.

Aprendí que mi etapa en la política terminó. Solo me involucré para defender a España y la libertad. El nivel político actual me repugna. No me gusta la política de hoy, por eso ya no estoy en partidos.

Mi tiempo en la política acabó. Mi vida comenzó.

¡Viva la libertad, carajo!

Javier Ygartua Ybarra

Ex interesado en la política, siempre interesado en el deporte, ahora prácticamente en forma. Madridista ante todo, futbolero y fan de la Selección Española. Hala Madrid y nada más.

Artículos recomendados

Deja un comentario