
«Si quieres ir con pensamiento propio y original, todo lo dicho aquí es lo que debes tirar al primer contenedor de basura que encuentres»
¿Quién sabe qué pasa realmente día a día en el mundo, en su país, en su comunidad, en su propia casa? Dudo que muchos lo sepan. De hecho, es una carga intelectual pesada de portar.
Si quieres ir con pensamiento propio y original, todo lo dicho antes es lo que debes tirar al primer contenedor de basura que encuentres. Si no tienes nada que aportar de tu propia cosecha, sería mejor que te quedaras en la cama todo el tiempo.
La pregunta que tendrías que hacerte es: ¿para qué sirvo? La verdad es que yo mismo me lo pregunto: ¿para qué estupidez estoy en este mundo? Tener descendencia, ¿para qué? ¿Para aportar al mundo más seres infelices que no saben la razón de su existir?
—No, caballero —dice una voz—. No me sea usted iconoclasta y divergente, que aunque se crea irreverente, solo es un imbécil más del entero ambiente.
Pero dejémonos de zarandajas, de opiniones carentes de sentido. Paguemos un poco de lo nuestro para disfrutar en el futuro de un buen seguro de decesos, que nos pagará un bonito ataúd. Eso sí, siempre y cuando la empresa funeraria no haya quebrado antes por falta de liquidez.
Muchos piensan que invertir en la nada es una estupidez. Pero no quiero alejarme de mi propósito primero, porque ya sé que estoy aquí únicamente para que los fondos de inversión de millonarios, las sociedades médicas, los bancos y otros con dinero puedan vivir de mí, de nosotros, así como de otros cientos de millones. Nos desangran poquito a poco.
No es como sacarte sangre con una jeringuilla: es hacer gotear tu sangre lentamente sobre algodón, ese que luego podrán chupar los que, de pequeños regueros de sangre, hacen un río caudaloso de dinero.
Un céntimo para un entierro no hace millones, pero ayuda a sus compañeros. Aunque, si caes en una guerra, te conformarás con un hoyo. No esperes que te lleven al que has comprado.
Claro que en el mundo tiene que haber de todo. Los vampiros no son muchos, porque si lo fueran, sin sangre se quedarían: solo podrían mojar con algún pañuelo y no con algodón.
Aunque, para hacer verdaderos y profundos ríos de sangre, están las guerras. De ellas se puede sacar dinero con la venta de armamento. Quizás por esto el mundo está repleto de ellas.
Alguna vez me he preguntado: ¿puede una raza extraterrestre de vida inteligente llegar desde algún punto del universo?
Creo que la pregunta es absurda. Si tienen la tecnología suficiente para venir desde otro punto del universo, no serán individuos amigables entre ellos. Casi puedo asegurar que ya se habrán aniquilado. Porque las confrontaciones son necesarias para hacer avanzar la tecnología.
No sé en qué punto de desarrollo tecnológico estará la humanidad en un par de siglos más, pero, si aún no nos hemos borrado de la faz de la Tierra por rencillas domésticas y territoriales, puede que estemos aquí, aunque no para muchas alharacas.
Casi mejor que en el futuro se hagan buenos seguros de decesos.
Nos gustan los juguetes y, a algunos, hasta poder llevar por la nada, por el éter, una nave espacial. Sobre todo, de comandante. En cualquier parte del mundo, le das una gorra de plato a un chófer y, desde ese mismo día, se habrá convertido, por lo menos en ego, en capitán general.
Pero el caso es que también se convertirá en líder y guía de la libertad de otros. De seguro, tanta prestancia y poderío da una gorra bien puesta.
Todo esto que digo, que parece de broma, no lo es en absoluto. Los hombres no son más que vulgares primates con inteligencia superior: ese pensamiento que nos eleva sobre cualquier otro que posea menos intelecto.
Para ser realmente inteligentes, tendríamos que pasar de las gorras de plato. Pero esto dejaría en la calle a muchos trabajadores y fabricantes.
Pero esto no debe importar. Como somos agresivos, lo normal es que terminemos con los otros estampados por los suelos como higos.
Y es por todo esto por lo que empezaba diciendo que: ¿Quién sabe qué pasa realmente día a día en el mundo, en su país, en su comunidad, en su propia casa?
Dudo que muchos lo sepan. De hecho, es una carga intelectual pesada de portar.
Si quieres ir con pensamiento propio y original, todo lo dicho antes es lo que debes tirar al primer contenedor de basura que encuentres. Si no tienes nada que aportar de tu propia cosecha, sería mejor que te quedaras en la cama todo el tiempo.
La pregunta que tendrías que hacerte es: ¿para qué sirvo? La verdad es que yo mismo me lo pregunto: ¿para qué estupidez estoy en este mundo?
