Anuncios sin control: el declive de la experiencia televisiva. Por Rodolfo Arévalo

Anuncios sin control

«La actitud moral hacia los espectadores es, en la actualidad, como un pañuelo lleno de mocos que se le pasa al espectador cuando menos se lo espera»

Está claro que las televisiones dependen de los anunciantes y, para ello, está la publicidad, que, por muy molesta que pueda resultar, es necesaria. De lo contrario, para ver este medio, habría que pagar un canon mensual, semestral o anual, como ocurre en otros países.

Sin embargo, a veces las cadenas, valiéndose de los índices de audiencia de algunos programas e instadas por los anunciantes que buscan la franja horaria con mayor número de espectadores, saturan ciertos programas. En momentos determinados, parece que el espectador no ve el programa, sino que ve anuncios intercalados con fragmentos del mismo. Esto puede considerarse una agresión a los espectadores que, aun sin ser conscientes de ello, lo perciben como tal, actitud que acabarán viendo aceptable en otros ámbitos de la vida.

Es en esos momentos cuando hay que ser extremadamente cuidadoso con los espectadores y realizar los cortes en puntos adecuados, es decir, en bloques separados del programa en cuestión, o entre entrevistas o temas. Parece que la actitud moral hacia los espectadores es, en la actualidad, como un pañuelo lleno de mocos que se le pasa al espectador cuando menos se lo espera. En ocasiones, he visto cortar una entrevista para insertar bloques publicitarios e, incluso, he observado cortar un video sin una pausa previa con un fundido a negro. Mucha gente no se dará cuenta, pero es tal la falta de respeto al espectador que yo, desde luego, no lo acepto. He llegado a dejar de ver un programa que me gustaba por la chulería publicitaria. Estoy convencido de que, si muchas personas hicieran lo mismo, los anunciantes acabarían entrando en razón, colocando y realizando bloques publicitarios en lugares adecuados de cualquier programa en emisión.

Creo que una de las razones por las que la gente joven se va apartando del medio televisivo y pasa al ordenador es precisamente por esto. Quizás no se den cuenta de que es una falta de respeto, pero, seguramente, inconscientemente piensan: «Que se vayan a tomar el pelo a su padre«. A veces he pensado en boicotear algunos productos dependiendo del número de repeticiones de su spot y por el lugar en el que este esté embutido; cuanto más agresivo sea para ver el programa, más. España parece el país en donde nadie respeta a nadie. Pero esto no solo ocurre en asuntos como la publicidad televisiva, sino casi en cualquier asunto público. Luego nos quejamos de que tenemos una sociedad violenta; ¿cómo va a ser de otra manera con los nervios a flor de piel que estamos provocando en la gente?

En España hay un problema que sobrevuela todos los demás y es una falta de disciplina social, que debería ser obligatoria. Actualmente, debido a que se les ha quitado a los profesores la autoridad, cualquier chiquilicuatre se cree en posición de enmendarle la plana a cualquiera. ¿Qué queremos, un país de matones, en los que por la fuerza se consigue todo, o un país de gente formada, amable e inteligente? Yo lo tengo claro. Mucha gente se quejaba de que en tiempos del franquismo no había libertad, pero ¿cómo se puede pedir libertad cuando vemos en la actualidad que individuos, grupos e, incluso, comunidades y regiones, con tal de hacer de su capa un sayo, son capaces de mandar a freír espárragos hasta a las instancias sociales superiores? Muchos españoles piensan que la igualdad debe ser universal, sí, pero yo añadiría que para quienes respetan las leyes y las normas de comportamiento, la paz y la armonía social. Si no, algún día volveremos a gozar de algún «ísimo» que nos volverá a poner las peras al cuarto.

Y es por todo esto por lo que empezaba diciendo que está claro que las televisiones dependen de los anunciantes y, para ello, está la publicidad, que, por muy molesta que pueda resultar, es necesaria. De lo contrario, para ver este medio, habría que pagar un canon mensual, semestral o anual, como ocurre en otros países. Sin embargo, a veces las cadenas, valiéndose de los índices de audiencia de algunos programas e instadas por los anunciantes que buscan la franja horaria con mayor número de espectadores, saturan ciertos programas. En momentos determinados, parece que el espectador no ve el programa, sino que ve anuncios intercalados con fragmentos del mismo. Esto puede considerarse una agresión a los espectadores que, aun sin ser conscientes de ello, lo perciben como tal, actitud que acabarán viendo aceptable en otros ámbitos de la vida.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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