
«Un Dylan cansado del mundo y con un sonido resignado canta sobre sombras y cargas, almas endurecidas y cicatrices sin curar: Todavía no es oscuro, pero está llegando»
Todos sabemos gracias a Bob Dylan que los tiempos han cambiado, que la respuesta, my friend, está flotando en el viento, que Rubin “Hurricane” Carter fue un boxeador encarcelado, que alguien llama a las puertas del cielo, y que los Señores de la Guerra sólo saben planear las cosas para que una fuerte lluvia caiga sobre todos nosotros.
Dylan dejo prácticamente de componer en 1990 y no sería hasta 1997 cuando regresaría con un disco de canciones originales. “Time out of Mind”, con el que recupero el respeto de una crítica que durante casi dos décadas le había denostado. Un álbum memorable y a la altura de lo mejor que haya grabado nunca, un trabajo cubierto de un aura sombría, la visión de un creador excepcional que lleva más de cincuenta años en este mundo.
Como dice Mario Vargas Llosa en su ensayo “La civilización del espectáculo”, “tener una tabla de valores completamente confundida, es el sacrificio de la visión del largo plazo por el corto plazo, por lo inmediato”. Según el premio Nobel de Literatura, vivimos en una era de la cultura del caos donde “no hay manera de saber qué cosa es cultura, porque todo lo es y ya nada lo es”.
En ese caos, Dylan se antoja un guardián del orden, de su propio orden, que se asienta en los grandes pilares de la música norteamericana del siglo XX. Por eso, siguiendo un camino muy marcado desde la publicación de “Time Out of Mind” (1997) un álbum oscuro y brillante, el autor de “The Times They Are a Changin” se nos revela como un referente cultural.
Me imagino que no estoy solo, al considerar “Not Dark Yet” con uno de los mayores logros musicales de Dylan. No necesariamente el mayor, pero uno de ellos. Una obra maestra absoluta que retrata la sensación de que todo “se está escapando”.
“Not Dark Yet” nos confirma la idea de que ninguno de nosotros va a salir vivo de aquí, así que hay que hacerlo todo antes de que llegue el momento. No hay que pensar demasiado en lo que podría pasar, sobre todo cuando todavía se está descifrando lo que acaba de pasar. Un Dylan cansado del mundo y con un sonido resignado canta sobre sombras y cargas, almas endurecidas y cicatrices sin curar. Lo más parecido a un estribillo es la línea, repetida al final de cada estrofa, «Todavía no es oscuro, pero está llegando«. Sabina confiesa en un documental que ha plagiado a Dylan todo lo que ha podido, voz extraacadémica incluida. Pueden comprobarlo escuchen “Not Dark Yet” y “A mis cuarenta y diez” perteneciente a “19 días y 500 noches“, su undécimo álbum publicado en 1999.

