
«En la serie El Gatopardo queda reflejada la gran pregunta que nos legó Giuseppe Tomasi di Lampedusa, una que se adapta bien a nuestros tiempos»
Es imposible exagerar el impacto que la ficción puede tener en la mitología de una nación. ¿Cómo sería nuestra comprensión de la historia británica si no fuera por el registro que Shakespeare dejó de nuestros reyes medievales tardíos? ¿Cómo pensaríamos en la Revolución Francesa sin “Los Miserables” de Víctor Hugo o en la Guerra Civil estadounidense sin “La roja insignia del valor” de Stephen Crane?
Estas obras registran la historia, pero también la moldean, y ese papel lo desempeña, en la gran nación unificada de Italia, la novela de 1958 de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, “El Gatopardo”. El libro, la película célebremente adaptada al cine por Luchino Visconti, con Claudia Cardinale, Alain Delon y Burt Lancaster como protagonistas, un clásico del cine, que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes de 1963, y ahora la serie, que se centra en la lucha del príncipe de Salina con los cambios sociales y su comprensión de que está perdiendo poder político y personal.
El director británico Tom Shankland, cuyos créditos incluyen la serie de crímenes reales de Netflix «La Serpiente«, es el director principal de la serie «El Gatopardo». Richard Warlow, quien ya trabajó con Shankland en «La Serpiente«, escribe el guion junto a Benji Walters. Los directores italianos Giuseppe Capotondi y Laura Luchetti dirigen los episodios 4 y 5, respectivamente. El espectáculo es una versión moderna de la sensual saga siciliana.
Con el respaldo de un elenco asombroso, de decorados y exteriores impresionantes, esta versión del «El Gatopardo» es una delicia sensual y suntuosa, repleta de buena comida. También es una mirada aguda a cómo las clases dominantes sobreviven a la agitación social. Al igual que los críticos debatieron sobre la novela sus intenciones políticas, los unos que era demasiado conservadora, los otros que era demasiado liberal, los telespectadores tendrán variadas opiniones sobre la serie.
Mi opinión es que la producción de este suntuoso tapiz histórico, tiene elementos comparables a «Downton Abbey» o «The Crown«. En la serie queda reflejada la gran pregunta de El Gatopardo, una que se adapta bien a nuestros tiempos. En momentos de gran cambio, ¿deberíamos adaptarnos y aceptar nuestra nueva posición, o luchar por el mundo que siempre hemos conocido?
Para acompañar esta epopeya de poder, privilegio y cambio, Netflix encargo la BSO al brillante Paolo Buonvino, que con una orquestación rica y matices melancólicos, hace que la música de “El Gatopardo” resuene con la nostalgia de una aristocracia en declive y el ímpetu de un futuro inevitable, todo un retrato sonoro de la decadencia y la revolución. La BSO integra elementos de la tradición musical siciliana con sonidos contemporáneos. Paolo Buonvino partió de una investigación etnomusicológica profunda, una inmersión en las tradiciones musicales, exploró canciones, instrumentos y fuentes históricas de la época. Este trabajo de investigación aportó autenticidad a la BSO que tiene raíces históricas y también crea un puente entre el pasado y el presente. Las voces antiguas, los sonidos de los instrumentos tradicionales, las melodías suspendidas entre lo sagrado y lo profano se fusionan como fragmentos de un mosaico sonoro, no sólo para contar una historia, sino para evocar una un sentimiento, una identidad, un pasaje atemporal que para muchos continúa latiendo en el presente. De ahí la inclusión en la BSO de las canciones “Spunta lu Suli” y “Si Fussi Aceddu”, en las que Simona Di Gregorio una cantante y musicoterapeuta dedicada a la investigación e interpretación del repertorio popular, presta su voz conmovedora y evocadora.
Paolo Buonvino estuvo nominado en los 93. º Premios Oscar de 2021 en las categorías Mejor banda sonora original y Mejor canción original por la BSO de la película dramática religiosa “Fátima”, dirigida por Marco Pontecorvo. Hoy les traigo “Pensando a Bellini” uno de los temas principales de “El Gatopardo” en colaboración con Rossella Ruini, cuyo timbre de soprano lírica varía del crossover (fusión) al pop y al blues gracias a un carácter fuertemente ecléctico. Ha trabajado con artistas de renombre internacional como N. Piovani, E. Morricone, P. Buonvino, R. Ortolani, M. Rota, P. Daniele y C. Baglioni.

