España siglo XVII. La Conjura de Venecia y Quevedo, el espía. Por Susana del Pino

Felipe III

.«La Conjura de Venecia, un episodio, quizá no conocido por muchos, de la vida de Francisco de Quevedo, un hombre con una brillante carrera literaria cuya vida estuvo llena de intrigas»

    Felipe II (1578-1621) preocupado por la descendencia masculina tras su tercer matrimonio con Isabel de Valois (1545-1568), con quien tuvo dos hijas, y la muerte de su primogénito Carlos, fruto de su primer matrimonio, deseaba hijos varones que aseguraran la continuidad de la monarquía. Será con Ana de Austria (1549-1580), su cuarta esposa, con quien los tuvo, sin embargo, de los cuatro varones de este matrimonio solo sobrevivió el tercero de ellos que le sucedería en el trono como Felipe III (1528-1621).

    Ya desde su infancia, muy a pesar de su padre, el joven Felipe tenía un carácter apocado, sumiso, con falta de decisión y a quien le costaba hacerse valer, características éstas de su personalidad que no serían muy apropiadas para ser el Rey.

     Hombre muy piadoso, era gran aficionado a las artes, el teatro y sobre todo a la caza, actividades a las que dedicaba gran parte de su tiempo, delegando los asuntos de Estado en manos de sus validos o favoritos; esto, unido a los problemas económicos producidos por el dinero que llegaba de América que no se invertía y quedaba en manos de familias poderosas y a  las dificultades financieras tras las guerras mantenidas años atrás, provocó  que, aunque se mantuvo la supremacía española en el mundo tras el reinado de Felipe II, con el nuevo monarca comenzaría el declive del gran Imperio español y la Casa de Habsburgo en España, que se acentuaría en el reinado de su hijo Felipe IV (1605-1665) para dar paso en 1700 a la nueva dinastía francesa de los Borbones

Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma

    Desde el primer momento en el que Felipe III accedió al trono otorgó el poder de gobernar a Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma (1553-1625), hombre ambicioso que actuará siempre buscando el beneficio propio, aprovechándose del carácter pusilánime y despreocupado del rey y la confianza que el monarca había depositado en él. 

    Tras los tremendos abusos del duque de Lerma, fue sustituido por su hijo, el duque de Uceda (1581-1624) que junto a Fray Luis de Aliaga llevaron el gobierno no de manera acertada hasta ser destituidos por parte del sucesor del rey, su hijo Felipe IV.

       Dejando a un lado la política interior en la que, además de afrontar los problemas económicos, se trasladó la Corte a Valladolid, algo que preparó el duque para enriquecerse; la expulsión de los moriscos y el favorecimiento a la Compañía de Jesús, en el aspecto internacional España tuvo que afrontar varios asuntos importantes.

Paz de Londres. 1604

     Durante los diez primeros años de reinado, la Corona tuvo que evitar los enfrentamientos con el exterior, debido a la necesidad de hacer reformas para solucionar los problemas financieros que llevaron a limitar los gastos militares, lo que no hacía fácil los enfrentamientos bélicos, aunque existieron tensiones con Inglaterra hasta 1604, tras la muerte de Isabel I (1533-1603), se firmó la Paz de Londres que pondría fin a las hostilidades durante todo el reinado de Felipe III. En cuanto a Francia, era patente la oposición del país galo al dominio español en la península itálica y en los Países Bajos, así como las tensiones en el Mediterráneo y el Adriático donde fue necesario un incesante control ante posibles incursiones por parte de los turcos.

        En los Países Bajos la sublevación contra el dominio español, que causó problemas en el reinado de su padre, logró controlarse con la Paz de los Doce años, algo que calmó la situación temporalmente, aunque no de manera definitiva.

        En la península itálica, España mantenía fuerte dominio en el Milanesado y el Reino de Nápoles y las Dos Sicilias, además de ejercer gran influencia en otros territorios, a excepción de las posesiones del papado, el ducado de Saboya y la república de Venecia.

Venecia

    Por un lado, el duque Carlos Manuel de Saboya (1562-1630) quiso apoderarse del ducado de Montferrato, de dominio español, algo que le impidieron, lo que provocó la reacción del duque que alentó una rebelión contra los españoles, a quienes el resto de Europa veían con recelo temiendo su expansión.   

    Uno de los motivos por los que existía rivalidad entre España e Italia era la competencia por el control marítimo. El dominio español era evidente en gran parte por el gran interés que Pedro Téllez-Girón y Velasco, duque de Osuna (1574-1624), virrey de Sicilia y posteriormente de Nápoles, se tomó en el asunto, financiando incluso las operaciones y la flota de su propio bolsillo, a pesar de la oposición de la Corona española a intervenir con el fin de evitar conflictos, esto ocasionó numerosas intrigas y operaciones secretas para actuar contra la flota veneciana.

Duque de Osuna

    La situación en Venecia hacia 1590 era cada vez más difícil en cuanto a las discrepancias políticas a nivel interno, por la rivalidad entre el Dux, máximo representante del gobierno de la República y El Consejo de los Diez, órgano decisivo para proteger la seguridad del estado veneciano, situación agravada por el enfrentamiento con el archiduque de Austria por motivos territoriales. Es importante destacar la falta de experiencia militar de los venecianos, un pueblo dedicado principalmente al comercio, que tuvo que acudir a la ayuda europea sin obtener buenos resultados. Finalmente, Venecia reconoció su falta de preparación militar y se llegó a un acuerdo de paz.

    Aunque con el Tratado de Madrid en 1617 se consiguió la paz firmada por Felipe III, el duque de Osuna no estuvo de acuerdo con lo estipulado, por lo que será en este momento cuando, según afirman algunos autores como Diego Duque de Estrada (1589-1547), planee lo que se conoce como la Conjura de Venecia, lo que acarrearía su posterior caída en desgracia.

Marqués de Bedmar

     Según cuentan las crónicas venecianas, tuvo lugar en 1618 y en ella participaron otros personajes influyentes del momento con cargos en los dominios españoles como el embajador de España en Venecia, marqués de Bedmar (1574-1655) o el marqués de Villafranca (1557-1627), embajador de Milán. Varios son los autores que afirman que este episodio fue organizado por los ambiciosos, duque de Osuna y marqués de Bedmar. En los planes se vio involucrado uno de los escritores más célebres de la literatura española y figura indiscutible del Siglo de Oro español, Francisco de Quevedo (1580-1645).

      El escritor estuvo en contacto con la Corte desde su infancia, ya que su padre trabajó como secretario al servicio de la Corte. Esta posición le permitió tener una buena formación estudiando en los jesuitas y en la Universidad de Alcalá de Henares; de fuerte carácter, vehemente, mordaz, altivo y orgulloso, no dudó en oponerse y criticar todo aquello con lo que no estaba de acuerdo, tanto en asuntos sociales, relaciones personales o asuntos políticos, muy interesado en estos últimos, llegó a ser secretario del duque de Osuna que, guiado por su ambición y ansias de poder, aprovechó el interés de Quevedo por la política y la amistad que les unía para plantear al brillante escritor acudir a Venecia desde Nápoles, donde se planeaba la conspiración.

     Quevedo viajó en numerosas ocasiones entre España e Italia manteniendo contactos importantes, con gran riesgo de ser descubierto, que le proporcionarían mucha información; finalmente trataría con el marqués de Bedmar en relación con los asuntos venecianos.

El Dux o Dogo de Venecia, Giovanni Bembo. Retrato de Tintoretto

     La idea para llevar a cabo el plan ideado era actuar el día de la Ascensión, fecha en la que tenía lugar como Los desposorios del mar, en la que se realizaba una procesión donde el Dux, máxima autoridad en Venecia, y el Senado que, en una galera ricamente adornada para la ocasión llamada Bucintoro, procedían a la ceremonia de arrojar un anillo de oro al agua para simbolizar la estrecha unión entre la República y el mar. En cierto momento de la ceremonia se pretendía, hundir la galera, y atacar el arsenal y destruir varios puentes.    

    Las pretensiones de esta conspiración eran acabar con el Dux para favorecer los intereses españoles en Venecia, por una parte, además de conseguir la neutralidad de Gran Bretaña y Francia y dar la posibilidad a los franceses de tener más presencia en las galeras.

     Sin embargo, una carta anónima y la traición a sus compatriotas del francés Renault a las autoridades descubrió el plan que no llegó a materializarse, pero el descubrimiento trajo graves consecuencias para los conspiradores, sobre todo franceses, a los que Bedmar había convencido para estar a su lado; se produjeron hechos dramáticos, los capturados fueron ahogados, ahorcados y algunos asesinados entre la multitud alterada por los acontecimientos.

Francisco de Quevedo

    El marqués de Bedmar para librarse, acusó al duque de Osuna y a Quevedo de planear la conjura; las embajadas española y francesa fueron atacadas, aunque el embajador español consiguió huir junto a otros diplomáticos; según las crónicas, Quevedo se dio a la fuga entre la multitud disfrazado de mendigo para no ser reconocido, tanto el duque como Quevedo negaron siempre los hechos y su participación en el complot.

   En definitiva, la gran potencia española que en esos momentos constituía una amenaza para el resto de países europeos, y los sucesos acaecidos  alimentarán la leyenda negra sobre España. Como suele ocurrir con este tipo de operaciones de espionaje, no existen muchos datos al respecto, pero lo que sí es cierto es que para la historia italiana y lo que las crónicas y la literatura han reflejado, así se contó la historia, alimentando la oposición a los españoles entre los ciudadanos y otorgando el mejor papel para Venecia, cuyo gobierno consiguió aniquilar políticamente a los cabecillas del complot organizado.

     Tras la Conjura de Venecia, se produjo una progresiva caída de los intereses españoles en Italia, al igual que se encaminaría la decadencia de la poderosa República de Venecia, por otros muchos motivos.

     La Conjura de Venecia, un episodio, quizá no conocido por muchos, de la vida de Francisco de Quevedo, un hombre con una brillante carrera literaria cuya vida estuvo llena de intrigas. Una crónica más de la interesante historia de nuestra España.

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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