
«España secuestrada, el porvenir negro, el presente incierto y para colmo, el pasado resignificado. Tócate las narices»
Menudo palabro, ¿verdad? Es de esos en los que el corrector ortográfico te avisa porque le suena raro y no es de extrañar pues vivimos tiempos raros. Reescribir la verdad es cosa de los “zurdos de mierda” –como los llama Milei– y visto lo visto, menuda ristra de palabros infames nos han metido a cascoporro esta nueva generación de demócratas rancios, mentirosos, mangutas y puteros. Espero me perdonen, pero es que cada domingo se me hace más cuesta arriba ponerme a escribir y más estando ya en primavera (que la sangre altera).
Colocarme en situación para plantearles desde el andamio (de ustedes) lo que sea, decía que se me hace bola pues con la llegada del buen tiempo, el cuerpo me pide amabilidad y buen rollito, pajaritos, mariposas, paella y gin tonic con amigos pero como la cabra tira al monte, llegado al final de la tarde acostumbro a seleccionar algunas noticias del viernes o el sábado, de esas que nos siguen “radicalizando” cada día un poco mas –como le gusta decir a la izquierda– pero claro, les observas como braman contra la presunción de inocencia, El Valle de los Caídos o la paz en Europa, a la par que intentan infructuosamente sobrecalentar el ambiente de los madriles o las tierras de la horchata ché y, o te echas a temblar si eres un flojo, o te cagas en su puta madre lo cual en mi opinión, es lo más recomendable para controlar los niveles y tal.
Planteaba lo de la resignificación es decir, “cambiar el significado de algo por la cara”, al hilo de lo que esta sucediendo entre el “Gobierno de la mentira” y la Iglesia española. Y miren, no me voy a meter en cuestiones farragosas sobre porqué deben dejarlo, tal y como está, pues la clientela habitual de este espacio es buena gente y si digo lo que pienso sobre los curas y las monjas, igual alguien se molesta aunque solo me gustaría dejar, por este canal, unas reflexiones muy básicas para que se comprenda de que va esta cuestión.
Cuando en la pandemia salió a la palestra todo un general de La Guardia Civil para reconocer que trabajaban para minimizar las críticas al Gobierno social-podemita de por entonces, les perdí el respeto. Años después, cuando la gente se echó (y con razón) sobre la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid, donde se sitúa la sede central del PSOETA para protestar contra ellos por su comportamiento infame, subordinado al conglomerado Frankenstein solo superado en los años treinta del siglo pasado por el mismo Frente Popular, apareció la admirable Policía Nacional, para sorpresa de todos dando palos a diestro y siniestro, menuda decepción. Y cuando el ejército aceptó quedarse en los cuarteles a esperar las órdenes políticas cuatro días con sus cuatro noches para ir a rescatar a gente, cuando lo de la DANA, y se conformaron con que solo interviniera una avanzadilla testimonial de la UME, se me cayó otro mito.
Cuando el Rey Felipe VI renunció a su propio padre condenándolo al exilio más miserable y oneroso jamás imaginado, o cuando se abrazó al poder político y a la agenda 2030 con más fuerza si cabe gracias a la necesidad de sobrevivir para perpetuar su triste legado en manos de la Princesa de Asturias, o cuando el “letizismo naif” humilla a la Reina Sofía, o cuando se vanagloria la figura de la periodista metida a reina (con minúsculas) porque a través de gestitos, trapitos o baratijas de este o aquel muestra empatía con la chusma (ella), o cuando él reacciona contra sus verdugos con miradas o poses altaneras dignas de un rey de verdad, nos complace pero no nos engañemos, en frio, también es otra decepción, pues una detrás de otra, sentencia las leyes socialcomunistas letales para España.

Y cuando la Iglesia española pacta con el PSOE como el Valle va a ser ultrajado definitivamente para dignificar la denominada memoria democrática desde únicamente la perspectiva de la izquierda, teniendo en cuenta lo que sufrieron en la contienda y lo que le deben al franquismo, pues que quieren que les diga, se te cae el alma a los pies y sufro otra profunda decepción.
¿Quién defiende la Nación? Ninguna de las instituciones mencionadas velan ya por ella. Los primeros protegen al Gobierno y sus intereses. La Monarquía trabaja para subsistir y la Iglesia, solo vela para mantener su estatus dentro de una sociedad cambiante, ajena cada vez más a los preceptos y valores cristianos necesarios al menos culturalmente para reconocernos al mirarnos al espejo cada mañana.
Estamos huérfanos de instituciones que fortalezcan la Nación española, esa cosa tan genérica que lo aguanta todo y a todos. La Hispanidad echa unos zorros, Europa desnortada, España secuestrada, los españoles acomodados con la pobreza de su espíritu y su cartera, el porvenir negro, el presente incierto y para colmo, el pasado resignificado. Tócate las narices.
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Feliz día de San Amós Profeta y San Renato de Mérida.
Españazuela a 31 de marzo de 2025.

