
«Dicho está, ¿Dónde están nuestros clérigos de todo rango y condición así como de la Conferencia Episcopal ante este atropello?»
El 7 de abril de 1960, cuyo aniversario celebramos el próximo lunes, fue emitida por el ya San Juan XXIII, la Carta Apostólica ‘SALUTIFERAE CRUCIS‘ del entonces papa Su Santidad JUAN XXIII con la cual se elevó al honor y dignidad de Basílica Menor de la Iglesia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Y por ello me pregunto si el actual papa el señor Bergoglio, o los obispos españoles, tienen algo que decir ante la próxima y más que segura expulsión de los monjes benedictinos a oficios de un psicópata y su corte social comunista. Lugar este donde cada día se ora por todos los que allí yacen en Paz, por la Paz y concordia real entre los españoles.

En este momento y ante el desprestigio político y personal, nacional e internacional, de un inmoral Sánchez que abandonando España con su gira internacional para evitar sus comparecencias parlamentarias tuvo a bien nada más poner pie en tierra desde la escalerilla del avión dirigirse al Valle de los Caídos para asistir a una performance enfundado en un traje EPI de «los amigos de Balay» y posar en una galería donde el noventa por ciento de los restos allí depositados son del bando nacional y entre ellos catorce mártires. Frente a este atropello este es el texto del Breve papal:
«Yérguese airoso en una de las cumbres de la sierra de Guadarrama, no lejos de la Villa de Madrid, el signo de la Cruz Redentora, como hito hacia el cielo, meta preclarísima del caminar de la vida terrena, y a la vez extiende sus brazos piadosos a modo de alas protectoras, bajo las cuales los muertos gozan el eterno descanso. Este monte sobre el que se eleva el signo de la Redención humana ha sido excavado en inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los Caídos en la guerra civil de España, y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española. Esta obra, única y monumental, cuyo nombre es Santa Cruz del Valle de los Caídos, la ha hecho construir Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España, agregándola una Abadía de monjes benedictinos de la Congregación de Solesmes, quienes diariamente celebran los Santos Misterios y aplacan al Señor con sus preces litúrgicas.
Es un monumento que llena de no pequeña admiración a los visitantes: acoge en primer lugar a los que a él se acercan un gran pórtico, capaz para concentraciones numerosas; en el frontis ya del templo subterráneo se admira la imagen de la Virgen de los Dolores que abraza en su seno el cuerpo exánime de su Divino Hijo, obra en que nos ha dejado el artista una muestra de arte maravilloso. A través del vestíbulo y de un segundo atrio, y franqueando altísimas verjas forjadas con suma elegancia, se llega al sagrado recinto, adornado con preciosos tapices historiados; se muestra en él patente la piedad de los españoles hacia la Santísima Virgen en seis grandes relieves de elegante escultura, que presiden otras tantas capillas. En el centro del crucero está colocado el Altar Mayor, cuya mesa, de un solo bloque de granito pulimentado, de magnitud asombrosa, está sostenida por una base decorada con bellas imágenes y símbolos. Sobre este altar, y en su vértice, se eleva, en la cumbre de la montaña, la altísima Cruz de que hemos hecho mención. Ni se debe pasar por alto el riquísimo mosaico en que aparecen Cristo en su majestad, la piadosísima Madre de Dios, los apóstoles de España Santiago y San Pablo y otros bienaventurados y héroes que hacen brillar con luz de paraíso la cúpula de este inmenso hipogeo.
Es, pues, este templo, por el orden de su estructura, por el culto que en él se desarrolla y por sus obras de arte, insigne entre los mejores, y lo que es más de apreciar, noble sobre todo por la piedad que inspira y célebre por la concurrencia de los fieles. Por estos motivos, hemos oído con agrado las preces que nuestro amado hijo, el Abad de Santa Cruz del Valle de los Caídos, nos ha dirigido, rogándonos humildemente que distingamos este tan prestigioso templo con el nombre y los derechos de Basílica Menor. En consecuencia, consultada la Sagrada Congregación de Ritos, con pleno conocimiento y con madura deliberación y con la plenitud de nuestra potestad apostólica, en virtud de estas Letras y a perpetuidad, elevamos al honor y dignidad de Basílica Menor la iglesia llamada de Santa Cruz del Valle de los Caídos, sita dentro de los límites de la diócesis de Madrid, añadiéndola todos los derechos y privilegios que competen a los templos condecorados con el mismo nombre. Sin que pueda obstar nada en contra. Esto mandamos, determinamos, decretando que las presentes Letras sean y permanezcan siempre firmes, válidas y eficaces y que consigan y obtengan sus plenos e íntegros efectos y las acaten en su plenitud aquellos a quienes se refieran actualmente y puedan referirse en el futuro; así se han de interpretar y definir; y queda nulo y sin efecto desde ahora cuanto aconteciere atentar contra ellas, a sabiendas o por ignorancia, por quienquiera o en nombre de cualquiera autoridad.
Dicho está, ¿Dónde están nuestros clérigos de todo rango y condición así como de la Conferencia Episcopal ante este atropello?
Aunque ya lo he expresado con anterioridad quiero reiterar que el objetivo fundacional por el que este Valle fuera nombrado como ‘de los Caídos‘, precisamente sin nombrar bandos, no fue por motivaciones frentistas ni guerracivilistas, sino precisamente para fijar un enterramiento común de todos los Caídos sin vencedores ni vencidos en reconciliación bajo el hermanamiento de la Cruz más grande del mundo, de ahí la actitud de los comunistas que desean su voladura.
Por todo ello, y creo no equivocarme, no entiendo lo del término ‘resignificación‘, ¿acaso el objetivo fundacional era perverso? ¿Era para exaltación del régimen y autobombo de Franco? ¿Lo conocen y lo han leído los promotores y cómplices de esta profanación?… todo ello es fruto de la ignorancia, la maledicencia y la perversión. Sí podría entender que el Valle de los Caídos se convirtiese en un monumento a los Caídos de España y de la Hispanidad de todos los tiempos sin distinción de credos de ningún tipo y siempre al amparo de la Cruz. Siento dolor y vergüenza ante la actuación de la autoridad eclesiástica frente a la clase política, cobardes e ignorantes los unos y los otros también ignorantes, hijos del rencor, la revancha y del resentimiento.

