
«Obediencia no significa sumisión cuando la Ley es cercenada por quién te nombró, para evitar ese bochorno, existe la dimisión»
Cuando en un estado de derecho el hampa política es la encargada de mantener la seguridad ciudadana, y velar por el estricto cumplimiento de la justicia, la corrupción el caos y la anarquía quedan plenamente naturalizadas.
Cuando el DAO de la Guardia Civil declara en el Senado que él se debe a quién le ha designado, se define como fiel siervo del autócrata, y no cómo fiel defensor de la Ley. A lo mismo se agarraron los nazis ante los tribunales que los juzgaron, a la obediencia debida, meses antes de ser ahorcados. Ante la Ley nadie, con ella como respaldo, todos.
Ante el abuso, nadie puede mirar hacia otro lado, ante la arbitrariedad tampoco, ante la injusticia, el DAO debería ser el primero en defender a sus hombres, y no amedrentarlos por cumplir con su deber. Obediencia no significa sumisión cuando la Ley es cercenada por quién te nombró, para evitar ese bochorno, existe la dimisión.
En los estamentos militares, el honor no lo da el grado, ni lo otorga un gobierno corrupto, lo aporta el hombre, su sentido del deber, su integridad moral, su valor, y su amor a la Patria a la que juró fidelidad eterna. Lo demás es tan falso como su postureo cuando entona el mismo himno que cantaron centenares de guardias asesinados. Los que hoy día pisotean sus memorias defendiendo con enfermizo servilismo las golfadas de sus mandos políticos, merecerían tener un capítulo aparte en el apartado de grandes sanchistas.
Ninguno de estos sujetos debería volver a exhibir jamás sus medallas, convertidas en quincalla oxidada gracias a su sumisión perruna. O en su defecto, los que las llevan con orgullo y merecimiento, deberían devolverlas por agravio comparativo. La decencia nunca sobra, la vileza, sí.
Mientras tanto, todo un teniente general de la Guardia Civil ha exhibido la chabacanería que tanto gusta en el ministerio de Marlasca. Esta hazaña ha sido la enésima gota que aún no ha colmado la piscina de inmundicia en la que chapotea el gobierno, su ministro de interior, la directora de la Guardia Civil, el DAO y todos los que como él enguarran el uniforme que visten.
“¡Tú a mí me comes la polla! ¡Me cago en tu puta madre! ¡Si te tuviese aquí te daría dos hostias!”. Magnífico ejemplo el dado por este tipo, al que Sánchez y Marlasca, siguen premiándole manteniéndolo en el cargo para no hacer de él otra víctima ¿…?
En este estado de indecencia, haber oído a este teniente general dirigirse a un general de división en términos tan soeces como tabernarios, y sabiendo que no va a ser sancionado, hechos como el de Barbate se entienden a la perfección.
Si esta consideración se tiene ante un general de división, es fácil deducir la nula importancia que se tiene ante dos simples, GUARDIAS CIVILES, a cuyo entierro prohibieron ir de uniforme a sus compañeros, a cuyo entierro ni siquiera fue el “ministro” que ensucia con su sola presencia el ministerio de interior.
Esto último es el resultado de una política homicida hacia el estado y sus instituciones más importantes, una banda, que no gobierno, al que el funcionamiento del estado le importa tanto, como la vida de los guardias asesinados gracias a su criminal incompetencia.
Mientras tanto ETA exhibe músculo azuzando a sus ratas para agredir a ciudadanos indefensos, con el consentimiento cuando no cooperación, de aquellos cuya moralidad es idéntica a la de los asesinos a los que protegen y homenajean, cargos socialistas incluidos, que liberan a criminales etarras sin cumplir íntegras sus condenas. ¿Es a estos politicastros a los que estos generales deben fidelidad? Centenares de tumbas contemplan tamaña hazaña, que al parecer nunca tendrá fin.
Nos hundimos sin remisión, la banda criminal organizada que nos dicta debería ser detenida a la mayor brevedad, o en su defecto, rodear el complejo de la Moncloa con alambre de espino y declararlo zona penitenciaria de alta seguridad.
Continuará.
¡VIVA LA LIBERTAD!
¡¡VIVA POR SIEMPRE ESPAÑA!!

