
«Como en la película en la que Peter Pan se hace mayor y se olvida del País de Nunca Jamás, yo me olvidé de que tenía un ángel de la guarda»
De niño, en mi casa, siempre que me iba a dormir, mi madre rezaba la siguiente oración: «Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, no me dejes solo que me perdería» . Esta bonita oración estuve años sin rezarla.
Como en la película en la que Peter Pan se hace mayor y se olvida del País de Nunca Jamás, yo me olvidé de que tenía un ángel de la guarda solo para mí, para acompañarme.
Me volví mayor y no recordaba, pero él seguía ahí conmigo.
Yo, que, como conté aquí, tuve una conversión de nuevo al catolicismo gracias a la llamada de la Virgen en Ampuero porque me iba de camino al infierno si no cambiaba, estoy seguro de que mi ángel de la guarda intervino para que yo fuera allí a volver a la casa del Padre.
Vamos a hablar un poco de mi ángel de la guarda.
Yo estuve a punto de ser secuestrado por ETA.
Estoy seguro de dos cosas.
La primera es que la Virgen María intervino para que no me pasara nada.
He de decir que en esa época, sin saberlo, vivía a apenas 1 kilómetro de la Virgen de Umbe.
La segunda cosa que tengo clara es que este intento de secuestro a mí por parte de los terroristas no se llevó a cabo porque mi ángel me libró de todo mal.
Sé que mi ángel de la guarda llevó ante Dios y nuestra Madre mis oraciones, no porque Dios, omnisciente, necesite de esto para conocerlas, sino para que las oiga benignamente, e imploran por sí mismos los auxilios divinos de que nos ven necesitados, como fue este caso, cuando a lo mejor yo ni siquiera percibía que los necesitaba.
Quiero dar las gracias a mi ángel de la guarda, Nathaniel, por salvarme la vida a pesar de que no le hacía ni caso.
Voy a contar algo que no he contado nunca. En un momento de desesperación, yo le dije al Diablo que le vendía mi alma, de ahí que diga que iba de cabeza al infierno.
Nathaniel, mi ángel de la guarda, hizo todo para que yo fuera el día de la Virgen Bien Aparecida en Cantabria y se produjera en misa, ante la Virgen, mi proceso de conversión al catolicismo.
Además, hay un detalle muy curioso.
Yo, aquel día antesala a mi conversión, comí en un restaurante que me gusta mucho a apenas 60 metros del Cristo de Limpias .
No entré porque ya os conté que yo pasaba de Dios todo y más.
Cuál fue mi sorpresa que días después de mi conversión entré a rezar al Cristo de Limpias y me encontré en la puerta, nada más entrar, la estatua de la Virgen de la Bien Aparecida.
Curioso, ¿no? Causalidad y providencia.
Dios y la Virgen, fijaros si son buenos, que, a pesar de lo que os he contado antes, tenían todo preparado para darme la posibilidad de salvarme.
Digo posibilidad porque esto es un trabajo de día a día.
Querido, mi ángel Nathaniel, gracias, espero llegar al cielo y darte las gracias en persona por todo el bien que haces por mí.
Querida Santísima Trinidad y Sagrada Familia, os quiero.

