Miseria. Por Manuel Sanz Real

Miseria.

«Quiso disfrutar en poco tiempo de toda la libertad que le daba la vida en soledad, lo que le ocasionó retrasos y faltas constantes a su trabajo»

La vida de tantos años de casados, se había vuelto demasiado monótona para ellos, llegando en ocasiones a no soportarse, casi a aborrecerse.

Ya no le ilusionaba su hijo al regreso del trabajo. El pequeño salía todas las noches a su encuentro con ganas de jugar; pero él, con el cansancio y la desgana de una jornada laboral dura rehusaba cualquier clase de juego.

Su única ocupación en el hogar, era echar un vistazo a su teléfono móvil, con el sonido de la televisión de fondo, cenar sin cruzar palabra con su mujer y acostarse para poner el punto final al día.

Los ingresos económicos eran lo suficientemente altos como para permitirse la familia algunos excesos; sin embargo, nada de esto les daba la oportunidad de mejorar la relación matrimonial. No hay peor pesadilla en la convivencia, que el día a día sin soportarse.

No tardaron en llegar problemas más graves; infidelidades, amores prohibidos, engaños, quizá buscando en otra persona, sus carencias. Todo esto dio lugar a un traumático divorcio.

Los primeros meses de separado fueron algo nostálgicos para él, pero pronto todo aquello cicatrizó. Quiso disfrutar en poco tiempo de toda la libertad que le daba la vida en soledad, lo que le ocasionó retrasos y faltas constantes a su trabajo. Al final todas estas circunstancias motivaron su despido.

En principio la situación no le pareció muy preocupante, puesto que confiaba en su brillante currículum; pero los días pasaron, las deudas se acumularon y los esperados trabajos jamás llegaron. De forma inesperada vio todo perdido, hogar, familia.

Desde hace años esta es su nueva vida: esperar cada día la compasión de los demás, leer algún recorte de prensa tirado en la papelera, observar los peces del estanque, echar migas de pan a los gorriones y saludar al joven de todos los días parapetado en su canosa y sucia barba, con la única pretensión de acercarse a él para tan solo decirle ¿qué tal estás, hijo mío? Pregunta que nunca llega a formular, porque ese muchacho, enfundado en un impecable traje, cuando le ve llegar, estira el brazo con un gesto compasivo para darle alguna moneda, acelerando al mismo tiempo el paso, con muestra de repulsión y olvido.

 

(© 2024 Manuel Sanz Real)

Manuel Sanz Real

Nací en Madrid, en 1958. Mi vida profesional ha transcurrido mayoritariamente en la Administración Pública. He cursado diversos estudios de Derecho Tributario y Asesoría Fiscal. Mi afición por la escritura ha estado siempre latente, escribiendo de forma amateur y realizando diversos cursos tales como: “Creación del personaje en la novela”, “Un relato de terror contemporáneo”, etc. impartidos por el profesorado del Taller de escritura Fuentetaja, convocados por “El Portal del Lector de la Comunidad de Madrid.

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