Cerca de las estrellas. Por Diego Pardos 

Loquillo. Cerca de las estrellas

«El polifacético cantante, el bardo que comparte la “incorrección política” con Luis Alberto de Cuenca estrena disco, poniendo voz a la poesía de Julio Martínez Mesanza»

Quería viajar por el espacio y me quedé cerca de las estrellas”. Es José María Sanz, Loquillo, en una entrevista de Alberto Rojas para El Mundo del pasado lunes. El polifacético cantante, el bardo que comparte la “incorrección política” con Luis Alberto de Cuenca estrena disco, poniendo voz a la poesía de Julio Martínez Mesanza. Pega fuerte contra el Ministerio de Cultura y “muchos artistas que no hicieron nada” durante la segunda oleada del Covid, que le costó una operación por arritmia severa y la ruina de “ocho personas en furgoneta”. “Nosotros no tenemos subvenciones”, grita, y en ese grito orgulloso está la independencia del anarquista parecida -y esto no sé si es curioso- a la del gran Arturo Fernández (un conservador de padre ácrata) cuando iba de ciudad en ciudad con la única garantía económica de llenar los teatros. El proyecto de Paseo de gracia, el libro que ahora publica, hubo de dejarlo sin terminar hasta la fecha. 

 

En estas memorias de José María Sanz ha de estar toda la media vida de los “lugares de los que nunca se vuelve”, de aquella “Barcelona que […] se fue y yo con ella” y que “se convirtió en una batalla perdida”. Yo siento no haber leído ya este Paseo de gracia, porque hasta esta columna se adelanta a la presentación del día 7 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. La entrevista que me sirve de guía para este artículo está hecha al corredor de fondo que se inicia en el rock and roll con diecisiete años, a ese “chaval del Clot que pasaba la vida en el Raval probando drogas de todo tipo y tocando en un garito para marines americanos y señoras de la vida”. Una vieja amiga se crió también de muy joven en el barrio del Clot, llamado “de la mel” porque vivían, según ella -y quiero suponer que también según Loquillo- las chicas más dulces de Barcelona. 

 

Esto de ser “políticamente incorrecto” no le viene de ahora a nuestro mejor roquero. Es cierto que hubo un tiempo donde otras libertades eran posibles y se distinguía con naturalidad el arte de la trágica realidad. No sé si en el repertorio de sus conciertos Loquillo canta ya uno de sus grandes temas de su álbum de 1987 Mis problemas con las mujeres. La canción (de pasión, de amor y de tragedia) se titulaba La mataré, y hoy sería motivo urgente para que la europarlamentaria doña Irene Montero perpetrara uno de sus vídeos poniendo como chupa de dómine al cantante y en pie de guerra a la fiscalía y a ciertas féminas. Lo mismo les sucedería a los Hombres G si osaran sacar del baúl ochentero su Matar a Castro. 

Loquillo en El Mundo.

 

Me parece que el ser catalán condicionó a José María Sanz en su gusto por la chanson française. Lejos de los extremos de Amancio Prada, que rindió íntegro homenaje en Vida de Artista (2007) a Léo Ferré, ya incorporó La mala reputación a su trabajo de 1988 (Morir en primavera), una canción con letra de Georges Brassens; y en Balmoral (2008) interpreta a dúo con Johnny Hallyday la canción Cruzando el paraíso. Sin dejar la música rock, su madurez le ha llevado a espacios reducidos, con un público más calmado y a dar voz a los poetas. Prueba de ello es el disco en directo En Madrid (2012), grabado en el Teatro Coliseum. 

 

Yo me llevo bien con la soledad…” Un día de otoño de 2006 me crucé con Loquillo en San Sebastián. Ambos andábamos solos. Recuerdo que fue para mí una imagen sorprendente, entre otras cosas porque yo ignoraba que viviera allí (en Lasarte, si no me equivoco) desde hacía un tiempo, junto a su esposa Susana Koska y el hijo de ambos. Alto, elegante, con su característico tupé, su planta era inconfundible. Él caminaba hacia el centro. Yo lo hacía (no sé si antes o pasado ya el túnel del Antiguo) en sentido contrario, esto es hacia Ondarreta. Ahora me alegro de no haberme parado importunándole y quebrando esa soledad tan cara a los famosos. Si José María Sanz Loquillo se ha quedado cerca de las estrellas, también puedo yo decir que en ese paseo donostiarra estuve bien cerca de una estrella, de una rock&roll star, para ser precisos. 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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