Cuando la cortesía desaparece de las calles. Por Rodolfo Arévalo

La cortesía desaparece de las calles.

«Abusemos mientras podamos, no de árboles o setos, sino de cabezas de sujetos que van por la vida respetando a los demás, como hay que ir, sin abusar de otros»

Pinto, pinto, gorgorito, saca las vacas de a veinticinco. Tengo un conductor que no sabe arar; sustitúyase «arar» por «conducir». Da la vuelta a una rotonda y sale por donde… le da la gana. ¡Que no, señores! No se puede salir de una rotonda desde el anillo central; hay que colocarse antes, una media vuelta por lo menos, en el anillo exterior. Además, lo correcto es poner el intermitente adecuado, pero como está de moda excrementarse en los demás continuamente y prima el egoísmo absoluto, pues eso, que el intermitente te lo va a poner ¡tu madre!

 

Lo peor es que esta sociedad, repleta de puñeteros egoístas, faltos de cortesía y urbanidad —seguro que algunos ni saben lo que es—, radica en que está de moda no respetar nada ni a nadie. Y, por ende, esperarlo de los demás es una utopía. Yo debo de ser algo memo, me temo, porque en muchas ocasiones cedo el paso a otro conductor o le facilito una maniobra. Pero no, la mayoría no lo hace, y es que probablemente no lleguen al trabajo, a la siesta, a ninguna parte o a echarle un «casquete» a la novia. ¡Por Dios! ¿Cómo me lo podría permitir? Perder una oportunidad de lo que sea, ¡no! ¡De ninguna manera! Si alguien tiene que perder, será el «tronquete», el de bigotes, el de la barba, el de la calvorota o ese que tiene cara de paleto. ¿Por qué yo, el gran yoyó, no estoy dispuesto a ceder nada de nada?

 

Eso sí, luego, esos faltones irrespetuosos se quejan del presidente del Gobierno, y hasta de Trump, del que se podrán decir mil cosas, pero no que engaña; habla bien clarito. Serán… eso que usted piensa, serán. Pero les da igual; en este mundo lo que prima es ser un poco nazi en las acciones, pero que no se note mucho, porque ser nazi está muy mal visto. Si no lo estuviera, seguro que algunos asistirían a cursos del tema. ¡Cómo mola tu cacerola! El que dice que estas actitudes son un poco nazis también podría decir comunista, que también tienen lo suyo, aunque para algunos confundidos suene mejor. Vete a China en hora punta y compruébalo. ¡Aleluya!

 

Estas son las cosas diarias que me hacen vomitar, que este mundo absurdo ya no sabe dónde va, ni de dónde viene, ni siquiera quiere saber cómo acabará. Haciendo cábalas, vaya usted a saber. Quizás lo mejor sea quedarse en casa leyendo un libro. ¡Ostras, perdón, pecado mortal! ¿Cómo se le ocurre a usted leer? ¿No ve que se va a volver loco como Don Quijote? Eso solo lo hacen muchas mujeres —bien por ellas—, los bobos que no ligan y los intelectuales. ¡Qué asco!, con lo bien que se está en una taberna bebiendo cerveza a tutiplén. ¿Y si te para la policía? A ti plin, duermes la mona en un «picotin» de muelles, bien acolchado. Con almohadas y cojines; no he dicho «cojo…», aunque algunos los tengan más grandes que un melón.

 

Abusemos mientras podamos, no de árboles o setos, sino de cabezas de sujetos que van por la vida respetando a los demás, como hay que ir, sin abusar de otros. Pero los cagaprisas no. No lo comprenden, no saben hacerlo, nadie les ha enseñado a respetar a los demás. A partir de aquí, cualquier cosa es aceptable: la ocupación de viviendas, el asalto a mano armada, el robo con fuerza y escalo, el allanamiento de morada o, si te pones, el allanamiento de cualquier color, porque morada se le debería poner al que allana, pero de los guantazos que tendría que darle el propietario.

 

A veces me pregunto: ¿vivimos en un Estado de derecho? Permítanme dudarlo por varias razones; una de ellas es que el gobierno actual no parece tener mucho interés en regular y legislar las cosas que importan, y sí las que nos traen a la mayoría al fresco. Pónganse todos en el lugar de los demás y, a lo peor, algunos se caen del guindo a tiempo de que, por casualidad, alguna patrulla de la Guardia Civil se coloque en la rotonda y le haga dar cien vueltas al chuleta que quiera ir de guaperas o de listo por la vida. A lo mejor no curaban la chulería, pero nos íbamos a reír tela marinera. Y es por todo esto por lo que empezaba diciendo: «Pinto, pinto, gorgorito, saca las vacas de a veinticinco. Tengo un conductor que no sabe arar; sustitúyase ‘arar’ por ‘conducir’. Da la vuelta a una rotonda y sale por donde… le da la gana». ¡Que no, señores! No se puede salir de una rotonda desde el anillo central; hay que colocarse antes, una media vuelta por lo menos, en el anillo exterior.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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