
«Pavonearse por cerrar acuerdos que suenan a limosna mientras se arrodilla ante un régimen que haría sonrojar a Stalin no tiene precio»
Pedro Sánchez casi ha vuelto a fracturarse el cuello. Le encanta lamer el ojete a infames mandamases de toda índole, menudo vicio que tiene el pibón. Gracias a su ego nos ha vuelto a regalar otro episodio de su circo itinerante, esta vez con una visita a Vietnam, divulgada por la factoría “Moncloa Producciones”. Su escapada a Hanói sin “Bego”, no es una gira diplomática cualquiera, sino otra gran soplapollez. Servilismo, incoherencia y postureo barato a la altura de sus fontaneros. Las imágenes trascendidas son oro puro para la burla: ahí está el presidente español, con cara de Macron, rindiendo pleitesía a otro dictador muerto en un país donde el Partido Comunista manda más que Putin en Rusia y ya es decir. ¡Qué espectáculo Pedrete, sin duda eres el rey de la vergüenza ajena de la política internacional!
La joya de la corona: Sánchez en el mausoleo de Ho Chi Minh, con esa banda en posición de firmes homenajeando al presidente vietnamita. ¡Por Dios, si hasta parece que se va a sacar un selfie con el cadáver embalsamado! Ahí le tenemos, solemne como un monaguillo en misa, depositando flores a un tirano que, si levantara la cabeza, le preguntaría dónde dejó la hoz y el martillo que tanto le gusta lucir en sus mítines. Y luego, el remate: otra corona en el Monumento a los Héroes y Mártires, como si estuviera en una procesión de Semana Santa y no en un régimen que encarcela a cualquiera que abra la boca sin permiso del Partido. Las fotos, con la bandera española de comparsa, son una vergüenza y un poema a la vez: Sánchez celebrando la «reunificación» vietnamita como quien aplaude un gol en el bar, mientras el mundo libre se rasca la cabeza.

¿Y la recepción en el Palacio Presidencial? Ahí estuvo, pasando revista a la guardia de honor junto al primer ministro Pham Minh Chinh, un títere un apparatchik con menos carisma que una farola. Sánchez, con su traje impecable de perneras pitillo y esa sonrisa de vendedor de Tecnocasa, parecía un turista perdido en un desfile militar. Luego, en la rueda de prensa, va y suelta perlas como «el libre comercio es prosperidad«, ¡en Vietnam, Pedro, donde el comercio es de todo menos libre! Las imágenes y los momentos de la firma de acuerdos —«consultas políticas, agricultura y cultura«— también fueron para enmarcar: el felón, estaba exultante, como si hubiera cerrado la venta de un Seat León de segunda mano, mientras vende 305 millones en créditos a un país que usa la censura como manual de instrucciones.
Esto es de coña. Hace unos días cacareaba con esa voz que pone que su plan era «dialogar» con Trump, pero en Hanói se ha dedicado a ignorar a la UE, que le suplica no hacerle la cama a dictaduras, y a plantarse frente a Washington como lo haría el mismísimo Maduro. ¿Qué defiende ahí? ¿La «cooperación» con un sistema que aplasta derechos como quien pisa callos de octogenarias en el metro? ¿Lo que diga Zapatero? Más bien su ego como dije al comienzo. Pavonearse por cerrar acuerdos que suenan a limosna mientras se arrodilla ante un régimen que haría sonrojar a Stalin no tiene precio. Las fotos lo dicen todo: Sánchez, otra vez el paladín de la progresía, pasará a la Historia por actuar como un tolai random bailando al son del Partido Comunista de Vietnam, el cual lo usó como felpudo.
Si esto es su «diplomacia económica«, que alguien le regale un tricornio y lo mande al carnaval de Cádiz. O mejor, un espejo, para que vea la caricatura patética en que se ha convertido: un aspirante a líder que dice amar la democracia mientras se postra ante dictadores muertos y vivos con esa gracia y esos andares sandungueros que Dios le ha dado.
¡Bravo, Pedro, bravo, ya puedes contar que también surcaste con el Falcon los cielos de Vietnam!
![]()
Feliz día de San Ezequiel.
Españazuela a 10 de abril de 2025

