Sigo siendo el niño aquel que tuvo que repetir curso, señora Celaá. Por Rodolfo Arévalo

Sigo siendo el niño aquel que tuvo que repetir curso
Sigo siendo el niño aquel que tuvo que repetir curso

«Sigo siendo el niño aquel que tuvo que repetir curso.  En aquel tiempo no te regalaban los aprobados por muy infantil o maduro que fueras»

Cuando tenía unos diez u once años un sueño recurrente me perseguía, cual si se tratara de una realidad. Había aprendido a nadar en una piscina en la que el agua me llegaba por los hombros, un Club de Natación llamado Jiménez, que en aquel entonces tenía sus instalaciones en los bajos de un edificio en la calle de López de Hoyos y no lo hacía nada mal.

Algunas noches soñaba que salía desde mi cuarto al pasillo de mi casa, que era bastante largo, unos diez metros, y podía nadar en el aire, como si éste tuviera la consistencia suficiente como para mantener mi cuerpo a flote. Evidentemente era solo una ensoñación, lo recordaba algunas veces por la mañana e intenté, tonto de mi, tratar de hacerlo realidad, obviamente nunca lo conseguí; nada de nada.

Esa época de pre adolescencia pasó, como era de esperar y el aire que me rodeaba tanto en sueños, como en la realidad, se tornó demasiado etéreo como para soportar mi peso aunque fuera muy poco. Unos años más tarde, me leí la colección entera de Tarzán de los monos de Edgar Burroughs, tendría unos trece o catorce años y apenas dormía por culpa de esas aventuras en las que me veía inmerso entre árboles con lianas, monos y todo tipo de animales.

Ni que decir tiene que tuve que repetir el segundo de bachillerato. En aquel tiempo no te regalaban los aprobados por muy infantil que fueras, porque de lo que se trataba era de que adquirieras madurez para vivir, más que tener muchos conocimientos. Esto tiene muy poco que ver con los planteamientos actuales de Celaá.

Reconozco que, aquella repetición de curso me la merecía por no saber demasiado, y por no tener la suficiente madurez para hacer el tercero de bachillerato, hoy día probablemente primero o segundo de la ESO. No le eché la culpa a nadie, ni a los profesores, ni a mis lecturas nocturnas, ni a mi imaginación que, a la hora de estudiar, se iba por los cerros de Úbeda, ni tan siquiera, porque no era consciente, a mi inmadurez. Nadie más que yo tuvo la culpa.

Tardé bastante en asesar mi pensamiento y ser consciente de que leer es importante, se aprenden muchas cosas, pero estudiar lo es más, muy importante. A partir de entonces cambié las lecturas de novelas, por lecturas de temas de divulgación de todo tipo, el Reader Digest se hizo una lectura habitual. A partir de los catorce años o cuarto de bachillerato la cosa fue cambiando poco a poco y parece que empecé a dar valor a las cosas que sabía por el estudio.

Pero realmente no fue hasta los dieciocho años haciendo el COU, cuando un profesor, me cogió el tranquillo y, aunque había estudiado para aprobar, a fin de curso me llamó a capitulo y me dijo “ Usted Arévalo no va a aprobar la asignatura de Historia del Arte ahora en junio, sé que sabe usted bastante y podría ponerle un seis, pero eso no pasará, porque es usted un vago redomado y puede dar diez veces más de lo que da en mi asignatura, me lo ha demostrado algunas veces, por eso estudiará usted este verano y en septiembre nos vemos en el examen”. Ni que decir tiene que mis padres me apuntaron al curso de verano de la asignatura. Fue un verano caluroso, insoportable en Madrid, pero tanto mis padres como aquel profesor, me dieron la mejor lección que uno puede recibir en la vida, la de apreciarse y apreciar lo que uno puede dar a sí mismo y a los demás.

Desde entonces aprendí a tomarme las cosas que estudiaba de otra manera, no como un castigo divino, sino como algo que me enriquecía y que valía la pena. Eso me permitió ya unos pocos años después leer ensayo, opinión y divulgación, como se dice vulgarmente, por un tubo, tomar apuntes y saber reunir la información necesaria para cualquier tema que quisiera aprender. Este aprendizaje fue fundamental para preparar otros temas variados de mi interés, incluida la preparación de la oposición con la que obtuve la única plaza de realización, contra otros mil quinientos candidatos en Televisión Española, centro regional de Valladolid.

Ya sé que esto no es una hazaña, ni nada que se le parezca, sobre todo teniendo en cuenta que hay gente que se licencia de sus carreras con honores y tras haberse dejado sus mejores años estudiando como jabatos, pero mi forma de llegar a colocarme en esta vida fue esta una especie de formación profesional de segundo grado obtenida por mis propio estudio y con apenas alguna ayuda exterior. No obstante sigo siendo el niño aquel primero del cuál no abomino nada y por el contrario me alegro de haber cumplido los sesenta y seis con ese espíritu casi infantil, en eso me parezco a mi abuelo por parte de madre que, habiendo perdido a su hermano gemelo en la guerra, nunca perdió la sonrisa y el buen humor para con los demás. Tal vez eso tenga que agradecérselo a él.

Cuando tenía unos diez u once años un sueño recurrente me perseguía, cual si se tratara de una realidad. Algunas noches soñaba que salía desde mi cuarto al pasillo de mi casa y podía nadar en el aire, bendita inocencia que afortunadamente no he perdido. Gracias abuelo.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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