
«Creernos el centro del universo quizá sea el mayor error de nuestra especie. Mientras alzamos la mirada al cielo, seguimos ignorando lo evidente: no estamos solos, y tampoco somos los más sabios»
¿Cómo podemos ser tan altaneros y poco inteligentes los seres humanos como para creernos, aun así, que somos seres importantes en el universo? ¿Cuántas cientos de civilizaciones, en diferentes estadios de inteligencia, desarrollo intelectual y técnico, habrá en nuestra galaxia y en el resto de las miles o millones que puedan existir? ¿No deberíamos ser más humildes, aunque seamos la cumbre, como especie, en nuestro planeta? ¿Es la inteligencia la cualidad más importante en las galaxias?
Nadie puede contestar a estas preguntas porque no tenemos con quién compararnos. Por otra parte, ¿es el interés por el estudio, la ciencia, la cultura y otras materias lo que mueve a todo ser viviente que pueda existir, o lo es simplemente ser el más adaptado a su entorno?
Este tema, que parece de fantasía y ciencia ficción, no se considera así en los Estados Unidos de América, donde una comisión del Congreso está dedicada a investigar supuestos casos de avistamientos extraterrestres. ¿Son los objetos voladores no identificados necesariamente objetos no terrestres? Esa es la gran pregunta, puesto que los países poseen tecnologías militares que, obviamente, no quieren que conozcan sus enemigos.
¿Y si resulta que lo que creemos extraterrestre es más terrestre que los pies que arrastramos por el suelo?
Yo, por mi parte, no sé qué pensar, pero no puedo suponer que los seres humanos seamos los más inteligentes, no ya de nuestra galaxia, sino del universo observable. Una de las razones obvias es que, si miramos el universo en todas direcciones, es inmenso y hay muchísimas galaxias con sus soles y sus miles o millones de planetas que, con toda probabilidad, albergan vida. La vida no es más que un subproducto de la evolución del espacio, y, por ende, debe de ser bastante numerosa en diferentes formas en los millones de planetas similares al nuestro.
Pero aunque no sean parecidos, eso tampoco impide que alberguen formas de vida. Sí, peculiares, sí, extrañas para nosotros, pero quizás no tan diferentes en cuanto a biología, física o química. Si comparamos una pequeña célula viviente en el mar primigenio de nuestro planeta, no creo que fuera muy distinta de otras igual de primitivas en otros mundos. Lo que sí puede haber generado diferencias a lo largo de los siglos es la evolución, que ha moldeado el resultado del ser vivo a través del tiempo.
Por otra parte, la inteligencia no es tan habitual como parece. Las grandes mentes son muy pocas en la historia de la Tierra y, a lo largo del origen humano, es más común el promedio de intelecto entre los seres semejantes. La mayoría estamos en este estadio evolutivo por acción del conjunto social: hemos aprendido lo que otros seres humanos han pensado, ideado y creado.
Por eso no sería tan difícil imaginar que cualquier otra combinación de biología e intelecto sea posible, incluso hasta el punto de haber llegado ya a desarrollar una tecnología muy superior a la nuestra. Si hay seres que nos visitan desde lugares lejanos de nuestra galaxia, es bastante probable que lo hagan movidos por un interés científico o intelectual.
La suposición de que puedan venir con otros intereses es bastante improbable, dado que —si el agua es su base de vida— esta debe de existir en muchos lugares. De no ser así, nunca se habría desarrollado esa vida extraterrestre en esos otros planetas.
Por eso repito la pregunta: ¿Cómo podemos ser tan altaneros y poco inteligentes los seres humanos como para creernos, aun así, que somos seres importantes en el universo? ¿Cuántas cientos de civilizaciones habrá en diferentes estadios de desarrollo en nuestra galaxia y en el resto de los millones de ellas que puedan existir? ¿No deberíamos ser más humildes? ¿Es la inteligencia la cualidad más importante en las galaxias?
Nadie puede responder a estas preguntas. Aún no tenemos con quién compararnos
