
«Contando monstruos empecé por los que ha dado España la década última; y he de decir, desolado, que no son precisamente pocos»
(1)
La tarde de ayer, mientras oía caer una recia lluvia,
me dio nada menos que por ponerme a contar monstruos.
Empecé por los que ha dado España la década última;
y he de decir, desolado, que no son precisamente pocos.
(2)
Y como acostumbra suceder en todos los siglos,
un gran número de ellos, naturalmente, son políticos.
Y se dirá que la política más fácilmente los genera.
Pero no: sucede que les mueve, a ellos mismos,
una vívida inclinación por dedicarse a ella:
(3)
Intuyen que es donde se desenvolverán mejor sus más bajos instintos.
Y es que gustan, por sobre todo, de ‘la caza mayor’;
de tener, alrededor, mucha víctima fácil; mucha dócil presa.
Ahora mismo, está lloviendo aún a mares: el cielo semeja
un monstruo dormido que de repente se despierta:
(4)
Hasta ‘lo bueno’, en exceso, no trae sino calamidades.
E incluso al Azar de Dios dar con ‘el punto justo’ le cuesta:
no dio en hacer, de Su propio universo, ‘una cosa perfecta’;
sino un perenne y doliente flirteo… entre Acierto y Error.
(5)
Del fruto agridulce de ambos nuestra senda humana está hecha,
traiga bonanza o tormenta, cause deleite o dolor.
Es ello, empero, todo cuanto humanamente tenemos;
y mientras que la Eternidad no venga a vernos,
a menudo ya nada nos consuela
sino sentirnos La Obra del más Humilde Dios.

