El Pilar, los Jesuitas, China y el Taoísmo. Por José Crespo 

Misioneros jesuitas en China

«Podemos comprobar la profundidad simbólica y que no se dio puntada sin hilo en la basílica del Pilar de Zaragoza, donde no hay nada superfluo»

Los jesuitas, religiosos católicos de la Compañía de Jesús, llegaron por primera vez a China en el año 1582. Dentro de su profunda y sorprendente preocupación científica, así como de su capacidad de adaptación al medio humano y cultural diferente mostraron Europa al pueblo chino predicando la religión cristiana y traduciendo textos cristianos al chino además de recibir extensos conocimientos científicos desde Cosmografía, Astronomía, Medicina o Sismología. 

 Los jesuitas proporcionaron a Europa el primer informe moderno sobre el Imperio chino. Oponiéndose a la Santa Sede, defendieron por ejemplo, la celebración de la misa en chino clásico o las adaptaciones del culto a la cultura local, así durante la dinastía Qing, los jesuitas tuvieron el deseo de adaptar las creencias del confucianismo con las creencias europeas. 

Una primera misión franciscana llegó a China entre los siglos XIII y XVI, durante la última etapa de la dinastía mongola de los Yuan. El cristianismo predicado entonces estaba sin matiz ni adaptación. Hay también rastros más antiguos de la presencia de cristianos nestorianos certificada por el hallazgo de una estela en el año 625. 

Historia de las misiones jesuitas en India, China y Japón (Luis Guzmán, 1601)

Desde el principio de su misión en China, los jesuitas intentan aplicar las conclusiones sacadas de la experiencia de cristianización en Japón. Las conclusiones principales fueron la adaptación a los hábitos y usos locales, así como la toma de una posición de neutralidad frente a la autoridad, dando importancia al buen conocimiento de la lengua adoptando nombres chinos y dando nombres cristianos a los chinos que eran bautizados. 

Desde Europa se suele tener una visión de China reducida a las cuatro corrientes filosóficas principales: el confucianismo, el taoísmo, el budismo y el zen. Por la innegable complejidad de su estudio, que lo hace inabarcable para un artículo, recordemos el más conocido como Tao Te Ching tradicionalmente atribuido a Lao-Tse, o Lao Tzu, antología de proverbios y contemplaciones breves sobre el Tao, el Camino, considerado el texto clásico del taoísmo, que expone en imágenes poéticas y precisos aforismos las bases del más importante sistema filosófico y religioso chino.

Precisamente ese contacto de los religiosos jesuitas con China trajo consigo una simbología que quedó reflejada en el Pilar de Zaragoza, único edificio religioso europeo donde podemos contemplar vestigios del simbolismo taoísta con una estructura general que representa el proceso cosmogónico chino. 

Astrónomo chino en 1675.

No es casual que de forma coetánea a la fecha de construcción del Pilar, durante los siglos XVII y XVIII, la festividad del Apóstol Santiago del año 1681 se puso la piedra fundacional del nuevo Templo, allí se nos muestra la influencia de doble dirección de la Compañía de Jesús en China y de China en la Compañía de Jesús, y con ello sus intentos de traducción de los conceptos metafísicos, religiosos, cosmológicos, con los consiguientes e interesantísimos intercambios culturales. 

El simbolismo más representativo de la basílica es el de los llamados hexagramas, signos formados por seis líneas alternativamente continuas y discontinuas y que los encontramos realizados en ladrillo y presentes en los muros externos de los cimborrios de las ocho cúpulas de las naves laterales. Esos símbolos pertenecen a la antigua tradición de China y se atribuyen al emperador primordial Fu Xi, Fuxi o Paoxi, considerado por la mitología china como el primer emperador mítico, dios creador y héroe cultural. Se cree que su nacimiento ocurrió en el siglo 29 a.C., y es conocido como el primer soberano de los Tres Soberanos. También se le atribuye la invención de la escritura, la pesca y la caza, y se le representa como mitad hombre mitad serpiente. Estos símbolos son signos de base matemática binaria, representando los pares de opuestos y complementarios: uno-cero, yang-yin, masculino-femenino, luz-sombra… 

Hexagrama 64 que une el Kan y el Li

 El hexagrama que aparece en los cimborrios es precisamente el hexagrama número 64 del clásico del I Ching. El número 64 de estos hexagramas, el Wei Chi, representa la previa unión del Cielo y la Tierra, el espíritu y la materia, el azufre y el plomo, el Sol y la Luna, el Fuego y el Agua. 

Éste símbolo se repite en cada una de las caras de los 8 cimborrios octogonales de la Basílica del Pilar de Zaragoza. Así pues, aparece 64 veces. Así, aparece 64 veces el número binario 101010, que se corresponde en el sistema decimal al número 42. 

Sin querer ahondar más ni complicar más la cosa, solo recordar que el número 42, según se dice, es el número que conecta de forma significativa el mundo de los números primos con la física cuántica, a través de la distribución de números primos en la Hipótesis de Riemann. La hipótesis de Riemann, por su relación con la distribución de los números primos en el conjunto de los naturales, es uno de los problemas abiertos más importantes en la matemática contemporánea. 

El símbolo para 42 es la unión del trigrama Li y del trigrama Kan, y representa la conjunción de los dos ingredientes con los que se prepara el Elixir de la Inmortalidad o que podemos asociar con la eternidad del espíritu.   Kǎn  () y Li () son los dos conceptos que se mencionan con frecuencia en diferentes textos taoístas sobre alquimia interna. Se les otorga una gran importancia ya que se considera que el deterioro y posterior envejecimiento que sufre el cuerpo humano, se debe al desequilibrio entre estos dos tipos de energías. Los maestros taoístas buscaron inicialmente ese equilibrio en elementos externos al cuerpo para concluir que el único elíxir se encuentra en nuestro propio cuerpo.  

Los trigramas Kǎn  (坎) y Li (離) son dos conceptos que se mencionan con frecuencia en los diferentes textos taoístas sobre alquimia interna.

 Así nacieron técnicas y métodos de cultivo interno que quedaron inmersos en sistemas como el Taichí o Taijiquan, arte marcial que combina movimientos lentos y fluidos con la meditación y la respiración controlada empleado para equilibrar la energía del cuerpo (qi) y mejorar la salud.  

También el Qigong o Chi Kung, sistema de posturas y movimientos corporales coordinados, de respiración y meditación de utilidad para la salud, la espiritualidad y el entrenamiento en artes marciales en prácticas y como forma de cultivar y equilibrar la mítica fuerza vital qi.  

Símbolo del Invariable Medio (Zhong Yong)

 El Neidan o Alquimia interna Taoísta constituido por una serie de doctrinas y prácticas físicas, mentales y espirituales que los iniciados taoístas usaban, en la antigüedad, para prolongar la vida y crear un cuerpo espiritual inmortal que sobreviviría después de la muerte. En Neidan, el cuerpo humano se convierte en un caldero o «ding» en el que los Tres Tesoros, Jing, «Esencia», Qi, «Aliento», y Shen, «Espíritu», se cultivan con el fin de mejorar el estado físico, emocional, la salud mental, para finalmente regresar a la unidad primordial del Tao, es decir, convertirse en un «Inmortal» y desde nuestro punto de vista cristiano llegar a la Eternidad. En definitiva con una influencia decisiva en todas las técnicas de meditación, los ejercicios respiratorios o los regímenes alimentarios. 

Encontramos la secuencia del Shao-Young o Shao Yong, considerado uno de los hombres más sabios de su época, filósofo, cosmólogo, poeta e historiador, 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64 en la Basílica del Pilar, primero en el exterior de la misma: 1 cúpula central, 2 elípticas en los lados, 4 torres, 8 cimborrios con 8 lados, mientras que los números que nos faltan exteriormente, 16 y 32, que  encontramos en el interior de la Basílica, en la Santa Capilla, de tal forma que la columna de la Virgen se encuentra rodeada de 32 labras simbólicas realizadas en las 16 puertas de nogal y que están cubiertas por 32 esculturas de Ángeles, Doctores y Padres de la Iglesia que permanecen sobre el dosel de la capilla. 

Secuencia del Shao-Young

 Hay otro símbolo emblemático para la civilización tradicional china, concretamente el símbolo del Invariable Medio, Zhong Yong, que es el lugar del equilibrio perfecto, de alguna manera, una imagen que refleja el Centro universal o ‘Pilar’. Zhong Yong» (中庸) es el título de un texto clásico confuciano, conocido en español como «La Doctrina del Medio» o «El Principio del Medio» que en esencia se refiere a la búsqueda de la armonía, la moderación y el equilibrio en la vida, evitando tanto los excesos como las deficiencias. 

La figura 亞 (黻, FU) simboliza la capacidad de hacer una clara distinción entre el bien y el mal

 El Pilar o «Axis mundi» para la China tradicional lo podemos ver en el marco o jambas que presentan las ventanas del campanario de las torres occidentales de la Basílica. «Axis mundi», también conocido como «eje del mundo» o «pilar cósmico», es un concepto místico que representa la conexión entre el cielo y la tierra, o entre el mundo terrenal y el espiritual y que en diversas culturas, se asocia con un lugar, objeto o entidad que funciona como un puente entre estos dos mundos, como en este caso la Basílica del Pilar. 

Concretamente si observamos las jambas, señaladas en las imágenes, están construidas con piedra sobre el fondo de ladrillo, posiblemente para subrayarlo de forma clara. Este signo llamado “Fu” es emblema del emperador chino en su carácter de «Pilar» o «Eje» de todo el «País del Medio», manera con que designaban a China sus moradores. Durante la dinastía Ming, este emblema lo portaban los Emperadores en su túnica amarilla de ceremonia a la derecha del dragón, o bien alrededor del cuello, también lo llevaban, duplicado y cerca de los pies. 

Símbolo del Invariable Medio (Zhong Yong)

  

En el taoísmo, éste símbolo tiene otro nombre conocido como Xuan Xi (玄 璽), es decir, el sello de la autoridad espiritual más alta

 Podemos comprobar la profundidad simbólica y que no se dio puntada sin hilo en la basílica del Pilar de Zaragoza, donde no hay nada superfluo que podamos considerar como pura y exclusivamente decorativo pues todos, hasta los más mínimos detalles, están impregnados de un alto contenido simbólico y espiritual. 

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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