
«La impunidad con la que circulan patinetes y bicicletas por las aceras representa un peligro creciente para peatones de todas las edades»
Nos encontramos ante un peligro que afecta —para desgracia de quienes hemos alcanzado una edad madura y, sobre todo, de nuestros nietos—: la cada vez más abundante, peligrosa y sin freno circulación de patinetes y bicicletas por las aceras, jugando a sortear peatones a altas velocidades.
Encuentro este tipo de noticias absurda, incierta, engañosa y totalmente alejada de la realidad por parte de quienes las escriben y editan. Y las fuerzas de seguridad y del orden, que deberían protegernos, parecen no pasear por las ciudades unos, ni trabajar en ellas los otros.

Hay que caminar más por las aceras y comprobar que el tráfico de patinetes y bicicletas no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado de forma alarmante, con el riesgo que supone para los peatones, especialmente niños y ancianos. Mi prótesis de titanio en fémur y cadera, con dos operaciones por atropello de patinete, me otorga la razón para protestar por esta sinrazón.
Faltan, por un lado, leyes más severas que regulen este tipo de infracciones, muy graves para la seguridad ciudadana. Los políticos deberían pensar más en el ciudadano y menos en ellos. Las sanciones son ridículas: la multa media por incumplir las normas existentes ronda los 200 €. Pero, sobre todo, falta una aplicación real y rigurosa por parte de las fuerzas de seguridad, que, según se deduce de las cifras de sanciones publicadas, parecen no querer ver el problema.
¿Por qué no se pone orden de una vez a esta barbaridad? La realidad es que cada día hay más de estos vehículos circulando impunemente por las aceras, y lo saben.
La información publicada hoy habla, en Cartagena por ejemplo, de una disminución de las sanciones a patinetes. Supongo que al periodista se la habrá facilitado Tráfico. Se habla de 474 sanciones en todo un año: una cifra ridícula, increíble y absurda. Como peatón que pasea a diario, raro es el día en que no me cruzo, a alta velocidad, con al menos dos de estos vehículos. Y no paso ocho horas en la calle. Multiplicado por 365, el número real de infracciones es muy superior al de sanciones. El peatón lo ve cada día; los agentes, al parecer, no lo quieren ver.
Si sumamos el número de policías locales, nacionales y guardias civiles en activo, y cada uno multara solo a dos infractores al día, la cifra total de sanciones sería sencillamente alarmante, y reflejaría la realidad escandalosa que padecemos. Pero lo ven sin querer ver, lo saben sin querer decirlo y, me atrevo a decir, lo aprueban al no sancionarlo.
Cada vez que recrimino a uno de estos individuos que sortean mi cuerpo por la acera, recibo insultos y amenazas. Se consideran amos y señores del espacio peatonal.
Almuerzo cada día en un bar con terraza exterior. El trasiego de patinetes y bicicletas entre la salida del local y la terraza es constante. Y es acera. El riesgo es de película de terror.
Estos son ejemplos simples y claros del peligro que soportamos por la incívica forma de actuar de estos conductores kamikazes. Pero parece que a nadie, ni políticos ni autoridades, le importa.
Mi consejo a los periodistas que escriben estas noticias y a las fuerzas de seguridad que les facilitan los datos: paseen más por las aceras y zonas peatonales de su ciudad. Comprobarán que todo lo que digo es la amarga realidad. Patinetes y bicicletas se han adueñado de ellas. Sus conductores han descubierto la impunidad total, y pregunto a quienes suponen velar por la seguridad ciudadana: ¿a qué esperáis para hacer cumplir la ley? ¿A qué esperáis para modificarla y endurecerla?
Este IaioQuePiensa pregunta a quien corresponda —y con tanto cargo público, alguno habrá responsable del asunto—: ¿tan poco, 200 €, vale para vosotros la vida de un anciano o de un niño? El riesgo de muerte por atropello para ellos es altísimo. ¿O lo que sucede es que, sencillamente, no os importamos?
¿Qué es peor, señor agente: que un vehículo a motor circule sin seguro por zona peatonal y aparque en aceras —lo cual sí se sanciona con rigor—, o que lo haga un patinete? ¿Acaso no tiene también motor? Circula sin seguro, por zonas peatonales, por aceras… y no se sanciona con el mismo rigor. ¿Y las bicicletas? Estoy harto de verlas circular por la acera, incluso cuando enfrente hay un carril bici con doble sentido.
En estos casos, ¿qué sucede? ¿Son ustedes entonces las autoridades no competentes?
A las autoridades públicas —alcaldes, concejales, jefes y policías locales, presidentes y consejeros autonómicos, ministerios, Dirección General de Tráfico, policías nacionales y guardias civiles de España— o a quien carajo corresponda: ¿a qué estáis esperando para solucionar esta sinrazón? ¿O es que, con tanto cargo y responsable, os pasáis la patata caliente de unos a otros para no solucionarla?
Y digo “creada”, sí, porque un problema que corresponde a las autoridades públicas resolver, si no se resuelve, es porque lo habéis creado por omisión. Os guste o no. Y más os vale correr: para mañana, ya es tarde.

