
«La Casa de las Siete Chimeneas constituye un legado vivo en el que se combina arquitectura renacentista, leyenda y eventos históricos»
Situado en las inmediaciones de la Gran Vía madrileña, concretamente en la Plaza del Rey, en el vibrante barrio de Chueca, el edificio histórico del siglo XVI, fue en un principio una gran casa de campo con jardines, integrándose más adelante en la ciudad y convirtiéndose en una residencia señorial que constituye hoy en día un punto de interés cultural y turístico, por su historia y su leyenda.
El edificio fue construido por el arquitecto Antonio Sillero para Pedro de Ledesma, secretario del rey Felipe II que prestaba a su vez servicio al rey. A lo largo de los siglos el edificio ha tenido diversos propietarios y funciones; entre ellos, el comerciante genovés Baltasar Cattaneo, que añadió la cubierta a cuatro aguas y las siete chimeneas de forma cilíndrica que la distinguen y que, a pesar de no haber evidencia histórica, se identifican con los Siete Pecados Capitales, y esto se debe a la leyenda que rodea al edificio.

Esta leyenda versa sobre la historia que envuelve a una joven llamada Elena, hija de un criado distinguido del rey, para quién parece ser que secretamente se construyó la casa que serviría de lugar de encuentro de la joven con el monarca ya que mantenían un romance oculto.
A pesar de su romance, se dispuso que Elena se casara con un militar de los tercios españoles en Flandes, el capitán Zapata, ante la negativa del rey a contraer matrimonio con la muchacha, por su diferencia de estatus social, que además podría haber engendrado un hijo del monarca. El capitán murió en la Batalla de San Quintín (1557) en la que se enfrentaron las tropas del Imperio español y los franceses, quedando Elena viuda y con una profunda depresión, según los comentarios del servicio de la casa
Poco tiempo después Elena murió y las causas de su muerte son aún un enigma; en un primer momento se pensó que podría haber muerto de pena y desolación, al abandonar su alimentación y su salud, sin embargo, hay otra teoría que relaciona su muerte con el propio rey, ya que el cuerpo se descubrió en una de las estancias de la casa con señales de violencia y despareció. Su padre, fue encontrado ahorcado en otra de las habitaciones de la casa.
Una reforma que se llevó a cabo en el edificio en el siglo XIX reavivó estas especulaciones al encontrar el esqueleto de una mujer junto a una bolsa que contenía monedas de oro de la época de Felipe II, que al parecer se cree que podría haber ordenado la desaparición de la joven para ocultar su romance y no descubrir que había tenido un hijo con ella.

Años después comenzó a circular la historia sobre el espectro de una mujer vestida de blanco que aparecía por las noches con una antorcha sobre el tejado de la casa mirando apuntando hacia el Alcázar, residencia del rey Felipe, en señal de justicia. Varios fueron los testigos que aseguraban haberlo visto, por lo que, tras los hallazgos del cadáver, la leyenda se hizo muy popular.
En el siglo XVIII, la casa pasó a ser propiedad del Marqués de Esquilache, secretario de Hacienda del rey Carlos III (1716-1788), el italiano Leopoldo de Gregorio (1699-1785), que ha pasado a la historia de España por lo que se conoce como el Motín de Esquilache.
El marqués, entre otras medidas represivas prohibió el sombreo de ala ancha y la capa, típica vestimenta de la época, para evitar los numerosos ataques y robos que se producían en la Villa de Madrid. Las medidas resultaron muy impopulares, tanto económicas como sociales. La subida del pan, los impuestos, las pésimas condiciones laborales y el hambre provocaron dicho Motín en 1766. Una multitud de miles de personas acudieron al Palacio Real para protestar violentamente y se presentaron en la Casa de las Siete Chimeneas para buscar al marqués que logró huir y refugiarse con el rey, pero en el asalto, el palacio fue saqueado y el mayordomo del secretario asesinado. Su cadáver se encontró en 1960 cuando se realizó una nueva remodelación del edificio. La situación se calmó cuando el rey tomó cartas en el asunto, envió fuera de España a Esquilache, volviendo poco a poco a normalizarse la situación social.

En el siglo XIX el Banco de Castilla ocupó sus dependencias y desde 1980 es propiedad del Estado, formando parte del Ministerio de Cultura, siendo declarado Monumento Histórico Artístico en 1948 y Bien de Interés Cultural en 1995.
La Casa constituye un legado vivo en el que se combina arquitectura renacentista, leyenda y eventos históricos; una casa señorial del Madrid de los Austrias, ese Madrid que siempre resulta interesante, testigo de grandes historias, de un pasado siempre presente y que a todos los que allí no vivimos, por una u otra razón, siempre nos hace volver.

