
«Trenes sin luz, aeropuertos sin policía, ciudadanos sin vacaciones y un Gobierno sin rumbo: otra hazaña del mago de la Moncloa»
Con Sánchez —que, no sé por qué, tiene el don de fastidiarlo todo, parece un gafe “sotanillo”—, ya no queda casi nada en España que funcione bien. Lo último en sucumbir, y no me extraña nada (porque ya lo sufrimos en el Ayuntamiento de Valladolid, con el tráfico rodado en manos de Óscar Puente), ha sido todo tipo de transporte: trenes parados por falta de suministro eléctrico en la catenaria, falta de policías en los controles de pasaportes en Barajas, y no sabemos si en otros lugares también…
Tanto los trenes, con sus vías férreas incluidas, como el aeropuerto de Barajas —pasando por la judicatura, la Policía Nacional y vaya usted a saber cuántas cosas más— van dejando paulatinamente de funcionar. Tengo la fortuna de no haber planeado ningún tipo de vacaciones, porque no sé si, a estas alturas, cualquier plan elaborado con ilusión no estaría ya por los suelos. En cualquier caso, no pasa nada: como estoy jubilado, puedo irme de vacaciones ahora mismo o en cualquier otra fecha del año. Incluso podría esperar hasta el año veintisiete o así. Con suerte, los votantes habrán puesto ya en su sitio —fuera de la Presidencia del Gobierno— a este gran yoyó que tenemos. O lo que sea eso que tenemos, que hasta se ve perfecto maquillado. Aunque, viendo cómo va todo, sospecho que no ha usado Margaret Astor… Quizá por eso se le haya ido el colorete de la mano de —iba a decir Dios, pero está claro que, habiéndolo hecho tan mal, será cosa del Diablo.
No, no es que me caiga mal Sánchez —aunque sé que a algunos se les ha atravesado—, lo único que me preocupa es que le puedan seguir votando los desinformados que no se enteran de nada, hasta el año de los tres jueves seguidos o en un bisiesto de varios meses “abisiestados”, que ya sería mala pata.
Porque —yo no sé si lo han notado— inocentes en España los hay a manta, y muchos de ellos, aparte de serlo, son de izquierdas. De izquierdas con alevosía y nocturnidad, vamos, que no se enteran de la fiesta que lleva el mundo en el siglo XXI.
Y no me extraña nada de nada, porque seguimos sin saber por qué en España hay tanto devoto del socialismo. Allá por donde pasa, acaba con la economía de los países. Y cuanto más a la izquierda se sitúe ese socialismo, más miseria trae consigo. No sé, la verdad, por qué hay todavía tantos españoles que son de izquierdas. Porque se puede ser socialista sin ser de izquierdas. Ser socialista debería significar considerar igual a todo ser humano, sin importar la poca o mucha riqueza que tenga, siempre que esa riqueza —y generalmente es así— se utilice para crear puestos de trabajo que den sustento a otros seres humanos.
En los parlamentos no debería haber una fuerza de derecha centrada y otra de izquierda también centrada. Debería haber un gran grupo formado por gentes tanto de izquierdas como de derechas, bien centrados, que trabajaran por el bien de todos. Vamos, una nueva especie de Unión de Centro Democrático, que vele más por el conjunto del país que por la ideología. No creo que esto sea muy difícil de entender. Pero claro, eso solo lo hacen los políticos experimentados, con buen fondo y buen saber. Y de esos hay muchos, que hoy están en sus casas, bastante decepcionados con la fauna que puebla parte del espectro político.
Y es por todo esto por lo que empezaba diciendo que con Sánchez —ese que, no sé por qué, tiene el don de fastidiarlo todo, parece un gafe “sotanillo”— ya no queda casi nada en España que funcione bien. Lo último en venirse abajo —y repito que no me extraña nada, porque ya lo sufrimos en Valladolid con Óscar Puente— ha sido el transporte: trenes parados por falta de suministro eléctrico, falta de policías en los controles de pasaportes… Y seguimos, al parecer, en España con aquello del “vuelva usted mañana”, pero eso sí, con insignia de Agenda 2030 en la solapa. Antes era sombrero de ala ancha y una flor en el ojal. Hoy, pin de la Agenda 2030. Nada, que no aprendemos.
Pero claro… con el nivel de lectura del personal en este país, no es nada raro.
