
A lo largo de esta semana, cada noche, descubro la belleza que nos transmite nuestro humilde satélite
Mientras termino de cenar en mi terraza, inevitablemente tengo que mirar hacia el mar. De pronto surge desde levante un hermoso disco dorado de colores suaves y una belleza que se refleja en las olas. Poéticamente diríamos que la luz lunar riela sobre las aguas.
Esta buena noticia me desintoxica de los dimes y diretes con los que se me ha bombardeado a lo largo del día desde los distintos medios. Mañana y tarde, en la mayoría de las cadenas, distintos “expertos” ataviados con la bufanda virtual que les identifica como de izquierdas o de derechas, intentan convencernos de su confianza plena en los líderes de ambas facciones. Ponen las manos en el fuego por su honestidad (que a menudo tienen que llevar a los hospitales de quemados) y terminan proclamando las consignas recibidas en el argumentario de cada día.
Ahora toca esgrimir los pedigríes familiares. Hasta la tercera o cuarta generación. Se pide pureza de sangre y haber sufrido mucho en la guerra incivil. Inopinadamente surgen muertos escondidos en el armario y que debían haber sido enterrados definitivamente.
Siempre pensé que el curriculum era un tema personal. Me he equivocado. Si miran el mío descubrirán que hice la “piarda” varios días en la Escuela de Comercio en abril del 61. Que no pude subir la cuerda un aciago día del verano del 64 en Montejaque y que no vendí mi cupo de toallas en la campaña del 97. Me da lo mismo. Espero que no me retiren la pensión por estas minucias.
Hace años escuché una frase que quedó grabada en mi mente para siempre. “Olvida el pasado, vive el presente y deja el futuro en las manos de Dios”. Me gustaría que nuestros gobernantes dedicaran el tiempo a gobernar. Los que tienen el poder a poner en práctica su programa, por el que han sido votados. La oposición ha exigirles que lo cumplan bien y sin chaqueteos.
Menos mal que nos queda la luna. Esa no nos engaña. Lleva toda la vida haciendo lo mismo. Iluminar sin deslumbrar. A tirios y a troyanos.
