
«Un pueblo que va a robar, saquear y asesinar no crea Arte, ni desarrolla nuevas formas y estilos y no establece universidades y escuelas»
Cuando se habla y se pregunta dónde está el oro que robaron los españoles… ¡ahí lo tienen!
Un pueblo que va a robar, saquear y asesinar no crea Arte, ni desarrolla nuevas formas y estilos, no va con sus familias para no volver, no establece universidades y escuelas, no diseña y edifica catedrales, no fomenta el Arte y no ofrece su conocimiento en artesanía, orfebrería, carpintería, pintura, a aquellos que va a exterminar.
La prueba la tenemos en este Arte sublime, de manos españolas, mestizas e indígenas, creando un sincretismo en quechua, aimara y puquina, latín y español.
Estas maravillosas imágenes muestran en todo su esplendor el interior de Iglesia de San Pedro Apóstol de Andahuaylillas, ubicada en la provincia de Quispicanchi, en la región de Cusco, Perú.


¿Dónde está el el oro que «robaron» los españoles?… pues muy fácil, delante de cada uno que contempla estas obras.

No podemos dejar de citar la bellísima capilla de Cantuña en Quito, que es la capilla más popular de todo el conjunto conventual franciscano, y que se encuentra ubicada en el extremo sur de la fachada principal del convento. La capilla, perteneció a la Cofradía de la Vera cruz de los Naturales, una cofradía de indígenas establecida entre las últimas décadas del s. XVI y primeras del s.XVII. Estuvo consagrada a la devoción de la Virgen de los Dolores, por lo que su nombre primario, fue el de Capilla de la Virgen de los Dolores. Uno de sus principales benefactores, fue el mítico jefe nativo Francisco Cantuña, conocido por su peculiar leyenda, que a propósito, es la más famosa de Quito.

La Capilla de Cantuña, fue renombrada, en honor a uno de sus principales mecenas, Francisco Cantuña. Herrero prodigioso en la ciudad de Quito del s.XVII, ganó fama y prestigio gracias a su talento con la forja. Fue un indígena original del pueblo de Sangolquí, miembro de la cofradía de naturales o nativos que funcionaba en esta capilla, y que a la cual, ofreció su mecenazgo. Adquirió los derechos para levantar “asiento y sepultura” al interior de este espacio, el mismo que fue validado y ejecutado. Fue enterrado al pie del altar que correspondió al de su título y sus herederos, como hidalgo a fuero de España que era. Un testamento, advierte su deseo, de que en cada Día de la Virgen de los Dolores, se celebre una misa para descanso eterno de su alma, y que se lo realice hasta el “fin de los tiempos”.
