
«Vaya por delante que no deseo la muerte violenta ni me alegraría por ello si un hecho así le ocurriera a Sánchez o Iglesias»
Vaya por delante que no deseo la muerte violenta ni me alegraría por ello si un hecho así le ocurriera a Sánchez o Iglesias. En el plano privado les deseo que amen a sus hijos, los críen y que lleguen a ser buenas personas. Y todo ello a pesar de su impostada autovictimización y su permanente justificación e incitación al ataque por parte de aquellos que dicen combatir el nazismo, el fascismo y la derecha y la ultraderecha. Hablan de delitos de odio y son los primeros en practicarlo y propagarlo.
El odio es libre pero otra cosa muy diferente es el crimen y su justificación. A todo esto me resulta sumamente interesante, en esa victimización, la ausencia del adjetivo «ultraizquierda», siendo éstos los que llamaban al escrache contra oponentes políticos de derechas, aunque la escrachada estuviera embarazada, incluso a las puertas de sus domicilios o paseando con niños pequeños.
Lo acabamos de ver ayer en el propio Sánchez, desde su atalaya moral, justificando las tropelías de las turbas, la violencia desatada y alentada desde el propio gobierno, que han abortado el final de la Vuelta Ciclista en favor del grupo terrorista Hamás cuando eso mismo no hicieron cuando mataban los socios de Sánchez y amigos del terrible Zapatero, todos ellos plenamente justificados a todo, incluso a no convocar elecciones pues «entonces gobernaría la derecha y la ultraderecha».
Así, todo lo que Sánchez, con Iglesias y sus aliados filoterroristas, comunistas y separatistas, patrocina, alienta y justifica mediante sus altavoces mediáticos en radio, TV y en redes, podemos definirlo como SANA REBELDÍA, frente a todo lo que pueda decir «la derecha y la ultraderecha» que queda definido como PELIGROSA CRISPACIÓN, y así queda justificado cualquier salvajada que se cometa.
Creo que cualquier persona con un mínimo de sensatez entiende lo que son Derechos Humanos, derechos básicos inherentes a todas las personas por el simple hecho de serlo, reconocidos y garantizados por el ordenamiento jurídico, como el derecho a la vida, la libertad, la igualdad y la no discriminación, algo muy diferente a lo que la ultraizquierda proclama de luchar «por más derechos», cuando lo que anuncia realmente es la conversión en derechos de simples caprichos.
Un derecho no se puede confundir con un capricho, ni sus límites y restricciones, en cuanto no hay derechos absolutos, pueden ser entendidos como formas de vulneración o desconocimiento. A muchos desde niños se nos inculcaba el respeto a las personas en su integridad física y moral, y también a sus propiedades, enseñanzas que nos conducían hacia la convivencia en paz. Con gran tristeza contemplamos cómo muchos jóvenes son arrastrados por deplorables costumbres que la modernidad les siembra, pues muchos creen que tienen derecho a todo, a lo que sea, sin trabajar, que el esfuerzo y el sacrificio son cosas inútiles, que ese sacrificio es visto como un mal y no como algo necesario para alcanzar nuevas metas y cumplir retos, y lo peor es que están siendo adoctrinados en una laxitud que justifica el hecho de deshacerse de una vida, acabando con su propia sangre, ya sea de alguien que piensa diferente, de un niño engendrado por ellos o de un anciano que les ha dado el ser y todos sus bienes.
No olvidemos que el primer derecho inalienable que tiene todo ser humano por el simple hecho serlo, es a la vida, y aún ese elemental y obvio, a día de hoy ya está puesto en entredicho. Recuerdo que en uno de tantos debates en los que Charlie Kirk intervenía había quien se acercaba con agresividad y él respondía con una sonrisa y siempre aceptaba el debate. Quisiera ver algún discurso o intervención en dónde incitase al odio por el diferente, en cambio solo le escuchaba desear un buen día a quien le faltaba el respeto e incluso le pedía tener una conversación sosegada. Siempre mantenía la compostura: 《Tenemos que respetarnos y amarnos. Cuando las personas dejan de conversar empiezan a pasar cosas realmente malas. Cuando los matrimonios dejan de hablar llega el divorcio, cuando las civilizaciones dejan de hablar, estalla la guerra civil. Cuando dejas de tener una conexión humana con alguien con quien no estás de acuerdo, se vuelve mucho más fácil querer cometer violencia contra ese grupo. La gente deja de hablarse porque pierde su humanidad. Desearía que pudiéramos estar aquí sin que alguien me arrebate la gorra o cualquier cosa. A lo que tenemos que regresar, es a poder tener un razonable desacuerdo, donde la violencia no sea una opción》.
Ese era y es su mensaje, el mensaje que ha sido segado por aquellos que realmente, llenos de ignorancia y sin argumentos para debatir, justificados bajo un paraguas de supremacía moral como de «sana rebeldía» han acabado con su vida al etiquetarlo como ultraderechista, defensor de la violencia y propagandista de «peligrosa crispación», y en ello hay culpables y cómplices en la hez mediática.


Excelente artículo!.. el error es pretender comprender lo injustificable: los totalitarismos genocidas (socialismo; comunismo; nazismo..) fueron siempre iguales: en el poder extirpan (por la palabra y de hecho) todo pensamiento (y pensador) distinto: principalmente a los más lógicos; moderados y sensatos… en España aún estamos a tiempo: la solución es el voto…