“El segmento de plata”: Odio. Por Manuel Montes Cleries

Odio

Nos encontramos en una sociedad que nos incita constantemente al odio hacia el otro

Desde pequeños nos encontramos con un mundo que se nos enseña a dividir en “buenos y malos”, en “amigos y enemigos”, “los nuestros y los otros”. Todo depende del lugar donde nos hallemos y de la época en que vivamos.

A través de la vida estos sentimientos se nos van incrementando en función de las directrices que recibimos de los “creadores de ideas”. Estos se preocupan muy mucho de alimentar un maniqueísmo exacerbado. No se trata de juzgar momentos ni actitudes puntuales. Los otros siempre lo hacen todo pésimamente mal y los nuestros son el culmen de la perfección.

Cuando se vive una dilatada vida, como es el caso de los pertenecientes al “segmento de plata”, te da tiempo a “descubrir” que los buenos unas veces son unos y en otras ocasiones los contrarios. Las consignas, que recibes a diario, casi te obligan a pasar alternativamente de “rojo a facha” y viceversa, de “francófono a germanófilo”, de “nazi a sionista”, etc. Unas veces vas con el puño en alto y otras con el brazo alzado.

Aun recuerdo como cuando mis hijos veían una película de acción un tanto enrevesada, me preguntaban: ¿quienes son los buenos y los malos? Siempre les contestaba lo mismo: Unas veces unos y otras veces otros. Depende de la intención del guionista.

Así creo que es la sociedad. Una mezcla de buenos y de malos, de explotadores y explotados, de personas honradas y delincuentes de todo tipo. De cambios de chaquetas puntuales, casi siempre inducidas por los creadores de opinión.

Desde las alturas nos obligan a tomar partido y odiar a todo un grupo, una raza, un equipo, o un pueblo determinado. Todo ello en función de unas acciones puntuales o de los errores de una parte del colectivo a odiar.

Sigo pensando que todas las guerras son injustas e innecesarias. Si los dineros que nos cuestan, los dedicáramos a la investigación o al desarrollo, otro gallo nos cantaría. Pero los líderes sobreviven de los méritos obtenidos al pisotear a los otros, o los beneficios económicos obtenidos a través de las confrontaciones. Desgraciadamente los pueblos y la economía se engrandecen con las guerras.

Al final los guantazos los reciben los de siempre, los niños, los pobres, los desfavorecidos por la vida, la circunstancia puntual o el territorio. Mientras que, desde sus poltronas, los dirigentes nos pontifican determinando quienes y en que grado son los buenos o los malos, aquellos a los que tenemos que odiar por el solo hecho de pertenecer a una comunidad que no es la que nos gusta en estos momentos.

Los gobiernos se conforman con una política de gestos lejana de los compromisos reales. De muchas decisiones salomónicas sobre los niños de los demás. De muchas manifestaciones y pocos compromisos. De jugar con los adjetivos a fin de comprometerse lo justo. Para mí es tan condenable un genocidio como la muerte violenta e injusta de una sola persona.

Unos conflictos se solapan con otros dándoles o quitándoles importancia. Lo cierto es que el mundo está lleno de pequeñas o grandes hogueras que van a acabar por calcinarlo en su totalidad. Por si esto fuera poco, los creadores de “conciencias” no paran de buscar excusas para fomentar el odio y dividirnos en “buenos y malos”.

Al final la historia acaba poniendo las cosas en su sitio. Aunque tarde. Ni unos son tan buenos, ni otros tan malos. Somos seres humanos capaces de hacer lo mejor y lo peor. Pero alguien se empeña en sacar el odio animal latente en cada uno de nosotros. La solución: No ir a Eurovisión, ¿para qué?, si siempre perdemos.

Hay muchas “noches de los cristales rotos”, en muchos sitios, y con diversas etnias. Unas suenan más que otras, pero todas son fruto y consecuencia del odio inducido.

Manuel Montes Cleries

Soy un apasionado del periodismo y de la comunicación en general. Al estar jubilado tengo todo el tiempo del mundo para ponerme a redactar mis experiencias y mis opiniones sobre un mundo del que me considero un espectador interesado. Me siento más cómodo entre las buenas noticias y en las que se refieren al mundo de los mayores que vivo en plenitud. Me gusta hacer hincapié en el campo de los valores, especialmente el de la familia como escuela de aprendizaje. Mi formación académica pasa por el Peritaje y el Profesorado Mercantil, Licenciatura en Comunicación Audiovisial y doctorado en Periodismo. Llevo muchos años en la radio y la televisión locales haciendo programas sobre la solidaridad. Si quieren saber algo más sobre mi persona lo pueden ver en mi página de face-book y en mi blog “Periodista a los sesenta”.

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