¡MUY BUENOS DÍAS!
Charcos que hablan
se condensan en calle
con ecos de fe.
En la mañana del jueves, la revista digital La Paseata os acompañamos con una obra de pintura de un artista español, que nos muestra una calle de Pamplona en un día lluvioso.
Para este día cuento con la aportación de un lector, Julián Huete Hereder doctor honorífico y del que con pocas palabras diré de él: Lo inesperado siempre es esperado.
Raúl Gil Rodríguez. Tudela, 1964. Estudios en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco. Su pintura se caracteriza por un enfoque realista, con un profundo interés por la luz y sus efectos en el paisaje, tanto natural como urbano. Compagina su actividad pictórica con la enseñanza como Profesor de Enseñanza Secundaria. Exposiciones colectivas.

«Reflejos de San Lorenzo, Pamplona» Por Julián Huete Hereder
Siguiendo la rutina, marcada por el paso de las estaciones, cada día nos da un reflejo.
Raúl Gil Rodríguez el artista o Antonio mi amigo, en días de lluvia con cámara o pinceles, se lanzan a buscar reflejos en cada rincón, en cada recodo o hendidura donde se recoge el agua, o guarda la imagen.
La ciudad se llena de luces… Y su arte son color, reflejo, juego y poesía.
Mientras… nos entregamos al reflejo de la realidad
vemos a esta en un latido atrapado,en un reflejo de luces.
El artista y mi amigo con el instante atrapado, hace eterno un reflejo y queda el pulso, el latido, el parpadeo.
Dedicado a Don Isidoro Valcárcel Medina y a Don Diego J Romero Salado.
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«Reflejos de San Lorenzo, Pamplona» Por Mila Soyyo
Se han teñido las calles con agua de lluvia
se asoman campanas en el charco, otros no las ven
quedando mojados el arco de piedra junto a las fachadas,
las farolas desprenden un verde esperanza, que se ha de ofrecer.
Un templo que al cielo implora, con la luz de la tarde llora
dejando que el coche brille centelleando frente a él
y las personas ajenas, cerca de la puerta dejan
un rastro que se procesa como gente que es de bien.
San Lorenzo en presencia, resiste al tiempo y la herida
la piedra mantiene la esencia y la fe le sostiene en vida
de las voces que rezan, pidiendo presencia, sin esa huida
que hacemos al ver que no hallamos la compleja salida.
Y me acerco poquito a poco sin conocer
el casco viejo y lo que entraña en su ser
la fortaleza un antaño, grabada en memoria
del pamplonés, junto a sus santos ¡Qué grande es!
***
Ofrezco mi agradecimiento a Julián Huete por sus letras y por supuesto por la dedicación que conllevan estas. ¿Cómo olvidarme de ti, Manuel Artero? Si tú haces posible el que podamos estar aquí y de una u otra forma estemos presentes y cerquita de ti: ¡Gracias!
Ahora ya, si que pongo el final a este saludo de la mañana, donde La Paseata continuará con otros artículos en los que la actualidad prima y los colaboradores se dejan el alma para que los leáis.
Si los charcos hablasen, condensarían su fragancia como lo hace el perfume que nace de unos ecos sutiles acallando al que charla de más.
MMB

