¡MUY BUENOS DÍAS!
Sombrero duerme
un verano latiente
en contemplación.
Llegamos al jueves, un día esperado para muchos de vosotros, porque al fin y al cabo necesitáis leer algo más de lo que os pueda mostrar yo.
En este día, cuento con la participación de Álvaro dlH amigo de esta revista digital y compañero al que llevo en mi bloc de notas y en cada cambio de estación más o menos nos deleita con uno de sus escritos.
Sir George Clausen. Londres, 1852-1944. Pintor, grabador, dibujante. Impresionismo. Retrato, paisaje, vida campesina. Miembro fundador del New English Art Club en 1886. En 1895, fue elegido miembro asociado de la Royal Academy y académico de pleno derecho en 1906. En 1909 fue elegido Maestro del Gremio de Trabajadores del Arte.

«Verano en los campos» Por Álvaro dlH
Bajo la siesta arden campos dorados,
el aire vibra en cálices de trigo,
dos cuerpos yacen, quietos, sin testigo,
la mies reposa en surcos ya segados.
Una joven vela en sueños demorados,
su amiga duerme al borde del abrigo,
la luz se vierte clara como un río
sobre sus rostros líricos, callados.
Tan leve sopla el viento en la llanura,
que apenas mueve un tallo fatigado,
y el tiempo olvida el peso de su altura.
Así, en la tela, el tiempo se detiene,
solo el reposo envuelve lo vivido,
no hay ruido de guadaña que resuene.
Entre las mieses arde la jornada,
se dobla el sol en lumbre declinante,
y en cada brizna late, palpitante,
la huella antigua de la hoz usada.
La sombra crece, fresca y sosegada,
desciende al campo lento y expectante;
susurra el cielo un canto vacilante
y el aire guarda el eco de la nada.
Clausen recoge el día consagrado:
verano eterno en calma y hermosura,
donde el trabajo duerme enamorado.
Y al contemplar la paz que el lienzo ofrece,
un mundo agreste, puro, se ennoblece,
y el alma halla un instante redimido.
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«Verano en los campos por Mila Soyyo»
Cada tarde, después de comer, encontraban en el campo aquél lugar favorito
donde el verde asoma, ocres y amarillo, que te invitan a reposar un poquito.
Y escuchas callado, sin hacer ningún ruido
como la brisa te llama, sabiendo que la has oído.
Es un campo abierto a sentir cada color latente y vivo
e imaginar por un momento el sentimiento siendo suspiro.
El niño descansa tendido en la hierba
su sombrero da sombra y este le nombra
dejando entrever aquellos sueños dormidos,
cantando canciones que hablan con cariño.
La niña que está sentada, sus piernas acurrucadas
mirando las nubes blancas y algún pájaro en quietud
lleva un vestido con mangas, una rana la acompaña
creyendo que está en ribera, se posa en plena calma.
Y se ven:
Antiguos como la tierra
maestros de la esperanza
bordando hermosos sueños
y aprendiendo a escuchar.
Sabiendo que sus latidos
son sinónimo de haber vivido
la niñez de una manera
que muchos han de envidiar.
Es una envidia sana, no lleva a nada salvo a desear:
Que todos tengan la misma paz.
***
Ya pongo fin a este saludo de la mañana, en el que tengo que expresar mi agradecimiento a Álvaro dlH por su extraordinario escrito, donde ha realizado dos sonetos (14 versos cada uno, endecasílabos, rima consonante ABBA ABBA CDC DCD en el primero y ABBA ABBA CDE CDE en el segundo). Si Lord Tennyson, poeta de la época del pintor al que hacemos referencia en esta obra de pintura, hubiera puesto los ojos en el poema que nos ha escrito Álvaro, se hubiera quedado anonadado y sin palabras. ¡Enhorabuena! También quiero agradecer a Manuel Artero la confianza otorgada y la publicación del artículo.
La revista digital La Paseata os desea que tengáis un maravilloso día y recordar: No hay nada más hermoso que lo que nace de uno mismo. ¡Viva lo auténtico!
¡Feliz jueves!
MMB

