
«La obsesión colectivizadora del Gobierno amenaza con borrar libertades básicas mientras fracasa en dar soluciones reales»
Hoy Isabel Rodríguez, la ministra de Vivienda, con Alsina —que pierde mucha de su rapidez y mordiente cuando tiene delante al poder—, ha dicho que el problema de la vivienda demuestra que el suelo debería ser todo público. Ninguna reacción por parte del entrevistador…
O sea, la eliminación definitiva del derecho de propiedad, que también está en la Constitución, aunque esto ya…
La colectivización y la desaparición del mercado, de la libertad para elegir. ¡Una parte más de libertad que desearían eliminar!
El Estado es el mayor tenedor de suelo. ¿Qué han hecho con él en los siete años que hace que “gobierna” Sánchez?
¿Cuáles de las medidas “progresistas” han mejorado la situación? ¿Han facilitado la construcción de nuevas viviendas? ¿Han dado mayor seguridad a los propietarios para que pusiesen sus viviendas en el mercado?
La obsesión intervencionista y controladora de este Gobierno “progresista” ha conseguido que muchísimos propietarios prefiriesen vender o cerrar sus viviendas ante la más que probable perspectiva de ver sus propiedades ocupadas sin pagar, sin poder recuperarlas, teniendo que mantener a su costa los servicios esenciales so pena de, encima, ser denunciados si no lo hacen, y recuperar (¡si lo consiguen!) su propiedad en estado de total deterioro.
¿Se protege así el derecho a la vivienda? ¿Se facilita así que quienes disponen de ellas, o pueden construirlas, satisfagan la necesidad de quienes desean adquirirlas o alquilarlas?
El derecho a la vivienda, entendido como una exigencia absoluta que debe ser cumplida por parte de los poderes públicos (una interpretación alejada, me consta, del espíritu con que fue redactado ese artículo), no es más relevante constitucionalmente que el derecho a la libre empresa y a la propiedad, aunque estos dos últimos estén cada vez más cuestionados y deteriorados por este Gobierno.
Pero la lucha contra la dictadura fue para devolver la libertad de pensamiento y elección a todos los ciudadanos, no para recuperar un Estado —y sobre todo un Gobierno— elefantiásico, que dirigiese todos y cada uno de los aspectos de la vida del individuo y tuviese en sus manos todos los resortes del poder.
Como dijo Lord Acton: «El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente».
