
El futuro siempre resulta complicado. En los momentos presentes mucho más
Hasta ahora, mal que bien, nuestra generación ha salido para adelante. Hemos sobrevivido a dos guerras mundiales y la incivil española de una manera bastante digna. Nuestro devenir por la vida ha sido constantemente ascendente. Pero siempre hemos estados amenazados por la guerra fría o el conato de conflicto. Pendientes de un teléfono rojo que, gracias a Dios, parece que no ha sonado.
En la actualidad nos encontramos con escarceos bélicos que se quedan en conflictos locales, pero que sumados nos crean gran inquietud. Como siempre. La génesis de dichos problemas se encuentra en la economía. En cuanto un país levanta la cabeza se acuerda de sus ansias imperialistas de expansión económica y lucha por el control de los otros países más depauperados.
Para colmo ha aparecido en nuestro horizonte otro tipo de amenaza. Más sibilina y mucho más peligrosa. El control de las mentes. Día tras día están intoxicando nuestros pensamientos con la dichosa “inteligencia artificial”, de la cual aun no conocemos el límite de su capacidad.
Días atrás pude ver en televisión como una aplicación de la I.A. invadía el universo interior de algunas personas mayores, poniendo al límite sus sentimientos más profundos. No sé con que aplicación ni me importa. El caso es que consiguieron hacer hablar a un grupo de ancianos con un remedo de sí mismos. El experimento fue enternecedor. Volver a hablar, aparentemente, con seres queridos que ya no se encuentran entre nosotros, es un ejercicio apasionante. Lo malo es que “alguien” o “algo” maneja el dialogo y presenta un discurso totalmente manipulado.
No sé donde vamos a llegar. El universo cibernético amenaza con aplastarnos a todos con la aquiescencia del “gran hermano” que nos amenaza desde las sombras.
Me niego ha aceptar un futuro manipulado e incierto. Me quedo con mis recuerdos, mis álbumes de viejas fotos y mis películas de súper 8. La voz y las imágenes las pongo yo.

