
Una canción de la “Lole” dice en una de sus estrofas: “De lo que pasa en el mundo… de veras no entiendo ná”
Cada día me cuesta más trabajo el digerir y asimilar las noticias que recogen los diarios. Se tratan de hechos puntuales que son la punta del iceberg de la situación del mundo en que vivimos.
Casi he conseguido que las galeradas de los periódicos o las informaciones televisivas no acaben por amargarme el día y acrecienten mi tendencia a deprimirme. Lo que me pide el cuerpo es pasar olímpicamente del relato de los hechos y centrarme en mirar a mi horizonte más cercano y algo más esperanzador.
Pero una vez tras otra caigo en el terrible defecto de ponerme a pensar. Una vez que se despierta la atención, la mente se pone a elucubrar y acabas siendo protagonista de alguna manera de todo cuanto acontece. El mundo es nuestro mundo, es mi mundo. Todo cuanto acaece incide de alguna forma en mi vida.
Me voy a centrar en tres noticias recientes (no quiero entrar en el lío de las lechugas, soles y chistorras, que a esos hay que echarles de comer aparte). La primera recoge el asalto, cuchillo en mano, de un cliente a la cocina de un restaurante rápido. El cocinero acabó herido. ¿Tan mala era la comida? ¿Tan elevada era la cuenta? Definitivamente, “hay gente pa tó”.
En el mismo diario, y a escasa distancia me encuentro con el revés sufrido por una pareja de amantes de los animales a consecuencia de la muerte de su querido gato. Entiendo su dolor y su justa reclamación ante quién se había quedado a su cargo durante su ausencia. No se trata de un vecino. Se trata de un hotel de cinco estrellas para gatos. Al parecer uno de ellos propició la fuga del felino en cuestión que acabó con su muerte. Me parece excesivo el dispendio gatuno. A más de 30 euros diarios, mil euros al mes. Y encima se les escapa.
La tercera noticia del día nos habla de una madre soltera, con una hija de 10 años, que se encuentra viviendo en una pensión gracias a la ayuda del Ayuntamiento. Parece ser que tiene pagados cinco días más. Después… ¡Qué contraste! Mientras se trafica con lechugas y chistorras, se intenta asesinar a un cocinero por no sé que problema, se pagan 1000 euros al mes por cuidar un gato, etc., nos encontramos con un serio problema humano de difícil solución. Una mujer que se encuentra sola, trabajando a media jornada y con un sueldo que apenas le da para malcomer. Cuanto daría por una habitación parecida a la del gato.
Sigo pensando en lo injusto que es nuestro mundo, mi mundo. Esta situación también mi interpela a mí. Tengo la obligación de llamar a las conciencias de una sociedad que se preocupa de los grandes temas y abandona los cercanos y cotidianos.
A ver si llegan algunas chistorras a quién de verdad las necesita. Y se les cae la cara de vergüenza a aquellos que han participado en la ocultación de resultados de las mamografías en el SAS. Espero que se solucione pronto y bien. En Palestina han firmado un acuerdo. A ver si les dura. Cada día tiene su afán.
¡Este puñetero mundo…! De veras, no entiendo ná.

