El Mito de Pigmalión y Galatea: Crear, amar y trascender. Por Susana del Pino

El Mito de Pigmalión y Galatea: Crear, amar y trascender.

«El mito eterno de Pigmalión y Galatea es más que una historia de amor entre un escultor y su obra, es el resultado de los anhelos más profundos del ser humano»

En el extenso panorama de la mitología griega, repleto de historias de ambición, engaños y castigos, la historia de Pigmalión y Galatea destaca por la belleza de la creación artística y la profundidad de los anhelos del ser humano.

Además de otras fuentes como la obra del poeta romano Virgilio (70 a. C. -19 a. C.) o el filósofo cristiano Clemente de Alejandría (c. 150-c. 217)), una vez más el mito de Pigmalión aparece en las Metamorfosis de Ovidio en el siglo I a. C. La historia se sitúa en Chipre, donde un escultor, desencantado de las mujeres, según él, por su frivolidad e imperfección, decide esculpir una figura femenina en la que plasmar la belleza sublime de la mujer con la que sueña; el artista, con una técnica impecable, consigue la perfección que Pigmalión no encuentra en la realidad.

Sin embargo, su creación va más allá de la contemplación de la belleza que casi parece haber sido creado por lo divino; Pigmalión se enamora perdidamente de la figura que ha creado, vistiéndola con elegantes ropajes, adornándola con joyas hasta el punto de desear que su obra cobrara vida. Ovidio no menciona su nombre, será posteriormente cuando se le daría el nombre de Galatea.

Pigmalión y Galatea

Sus deseos y súplicas a los dioses fueron escuchados por la diosa del amor, Afrodita, que quedó conmovida tras las súplicas desesperadas del escultor a la diosa en una celebración en su honor, para que le concediera el amor de una mujer tan perfecta como su creación y convertirla en su esposa. En pocas horas, tras regresar a su taller, el escultor comprobó como al acariciarla la figura cobraba vida, el material se ablandaba y la figura despertaba, cumpliéndose así su gran anhelo, una unión que desafía los límites de la creación, lo humano y lo divino. 

El hecho es narrado así por Ovidio en la Metamorfosis:

“Pigmalión se dirigió a la estatua y al tocarla le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del sol y se deja manejar con los dedos…

…Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos”.

Hay varios aspectos interesantes en este relato como son la idealización del amor, la intervención divina entre lo imposible y lo real y la transformación del arte.

El mito de Pigmalión y Galatea ha interesado a numerosos pintores, escultores, escritores y filósofos a lo largo de la historia y se ha convertido en un símbolo en el que la creación trasciende de su creador.

Auguste Rodin. Pigmalión y Galatea

En el mundo del arte ha sido una fuente inagotable de inspiración a lo largo de los siglos. En escultura, disciplina en la que más se puede identificar el mito, Auguste Rodin (1840-1917), obsesionado por captar el movimiento y dar vida a los materiales, dota a Galatea de una sensualidad única como si la figura estuviera a punto de fundirse al ser tocada por Pigmalión, nos muestra como el trabajo del artista indaga entre lo material y lo espiritual. La obra se expone en el Museo Rodin de París.

El Mito de Pigmalión y Galatea

Otras representaciones, en este caso pictóricas sobre el relato mitológico, no solo ilustran el mito, sino que cada artista con su propia aportación lo enriquece, es el caso entre otras muchas de la también conocida como Pigmalión y Galatea de Jean-Léon Gérôme (1824-1904), obra que muestra el momento justo en la que la estatua comienza a cobrar vida, un ejemplo notable en el que capturar ese instante entre lo inerte y lo vivo. De estilo academicista, Pigmalión aparece de rodillas y Galatea aparece con cierto rubor humano; la luz sobre la figura femenina, evoca a la intervención divina de Afrodita, que muestra un contraste entre lo material y lo humano, la frialdad de la piedra y la calidez de la carne.

En Pigmalión y Galatea del pintor Laurent Pécheux ( 1729-1821), se vuelve a representar de nuevo el momento en el que la escultura se transforma. En este caso, el artista realza la belleza de Galatea y muestra el gesto de incredulidad y a la vez admiración del artista al ver el milagro que está presenciando. 

Pigmalión y Galatea. Laurent Pécheux (1729-1821).

Este mito se infiltra también en el mundo de la psicología. Lo que se conoce “efecto Pigmalión” es un concepto investigado por el psicólogo Robert Rosenthal (1933-2024) en el siglo XX que viene a explicarnos como las expectativas de una persona pueden influir en el desempeño de otras. Así como Pigmalión proyecta su ideal de perfección en su creación, a nivel educativo, laboral e incluso emocional, las personas pueden conseguir en otros expectativas positivas o negativas. Bien apoyado por estudios empíricos, este concepto ha tenido un gran efecto que en cuanto al aspecto positivo crea un efecto de autorrealización que se basa primero, en creer firmemente y en segundo lugar en tener fe firme en que se hará realidad.

Primera publicación de la obra Pigmalión, entregada por capítulos. (1913).

Ha sido también interpretado de diversas formas en la literatura. Quizás una de las obras más conocidas es Pygmalión (1913) del dramaturgo irlandés George Bernard Shaw (1856-1950) en la que el autor, traslada el mito a la modernidad, utilizando la figura de un profesor de fonética, Henry Higgins, que conoce a una florista de clase baja, Eliza Doolittle, y a través de la educación y el lenguaje consigue transformarla en una dama elegante y cultivada. Shaw se aleja del carácter romántico inicial del mito, sin embargo, se plantea cuestiones sobre la identidad y la creación, así como el poder de quien moldea al otro.

De la obra de Shaw se hizo una adaptación cinematográfica con el magnífico papel de Galatea interpretado por la fascinante Audrey Hepburn (1929-1993) en el célebre film My fair lady (1964). 

My Fair lady.

También ha sido un tema elegido por los poetas por el romanticismo que envuelve. El poeta inglés Robert Browning (1812-1889) en su poema Pygmalion reflexiona sobre como la creación en el arte supone un acto de amor y sacrificio, por otro lado, la figura de Galatea, que en el mito aparece en silencio, tiene voz en la obra de la poetisa escocesa Carol Ann Duffy (1950).

En el aspecto filosófico y profundizando en la relación entre el creador y lo creado, el mito ha fascinado a pensadores como Platón (c. 427 a. C. -347 a. C.) que abordó el tema analizando la idealización y la imitación en el arte, o el filósofo francés contemporáneo Roland Barthes (1915-1980) que ve en el mito un mensaje del dominio masculino sobre la mujer. Es evidente que dependiendo por supuesto de ideologías, cada uno lo interpreta como quiere, en ocasiones sin profundizar.

Her

También hay que destacar como el mito se puede interpretar en el siglo XXI y la era digital, en cuanto a la creación de avatares virtuales o inteligencia artificial en la que se diseñan programas con rasgos humanos, en definitiva es la interacción con personas de manera casi real. Un mundo que ha sido explorado en el cine con películas como Her (2013) o Ex machina (2014) en la que personajes, al igual que Pigmalión se enamoran de sus creaciones, revelándose el relato clásico más que nunca.

Pigmalión y Galatea. Jean Leon Geérôme. Estudio

El mito eterno de Pigmalión y Galatea es más que una historia de amor entre un escultor y su obra, es el resultado de los anhelos más profundos del ser humano: crear, amar y trascender, que invita al espectador a la reflexión sobre la capacidad del arte para dar vida a lo imposible, muy acorde con el recientemente anunciado ganador del Premio Nobel de literatura, László Krasznahorkai (1954), que reivindica el poder del arte.

Me quedo con esta bella historia de amor, que me recuerda que el arte es un puente entre lo imposible y lo real y que en cada obra creada se concede vida a lo que antes era solo un sueño y eso, si observamos bien, también ocurre en nuestras vidas. Es maravilloso.

                                                                                 

Málaga, 2025

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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