
«Cada año se renueva la controversia sobre el cambio de hora»
Se trata de otra forma de mantener entretenido al personal y estar menos pendiente de los auténticos problemas que nos rodean.
Las frases relacionadas con la hora se han incorporado desde siempre al lenguaje popular. “Una horita corta”, “la hora de los valientes”, “ya va siendo hora”, etc. Culminando con el chiste de que “una horeja son sesenta minutejos”.
En mis primeros tiempos de estudiante, allá por la prehistoria, en la vieja Escuela de Comercio, ansiábamos la llegada del bedel que indicaba la terminación de la clase con un golpe en la puerta y un lacónico “la hora”. Nos llegaba la libertad.
En los tiempos actuales andamos especulando con los husos horarios, con el meridiano, con Franco, como no, con lo beneficioso o perjudicial que resulta el cambio invierno-verano, hasta el punto de que los sesudos regentes europeos han realizado toda serie de encuestas y de conferencias de alto nivel para determinar el futuro del cambio de hora.
Una hora da para mucho. O para muy poco. Depende de las circunstancias. A veces se nos hace eterna y otras se nos va en un vuelo. Creo que lo importante es disfrutarla. Una hora en soledad, o en buena compañía, da para mucho. Una hora aguantando un tostón de conferencia, un tipo pesado o pedante, una hora esperando en la puerta de un quirófano, etc., se hacen interminables.
Creo que el quid de la cuestión estriba en poner en practica la reducción de la frase evangélica “cada día tiene su afán”, transformándola en “cada hora tiene su afán”. Lo importante es aprovecharla para no hacer nada, y descansar, o hacer lo que tenemos, o podemos hacer. Así todas las horas son útiles.
Así que, queridos lectores del “segmento”, haced lo que más os convenga sin tener en cuenta los dictámenes de los expertos. Si podéis, levantaos cuando se os acabe el sueño y acostaos cuando os de la gana. Si dependéis de un horario, agua y ajo. Y soñad con que pronto os llegará la jubilación y haréis cuanto os plazca.
Desgraciadamente el ser humano es el único habitante de la tierra que depende del reloj. A veces nos convendría ser menos sumisos y más racionales. Seguir los dictados de la naturaleza y utilizar las 24 horas del día según nos plazca. Sí, ya lo sé. Otra de mis utopías. Tiempo al tiempo.
