
La palabra respeto ha quedado obsoleta y carente de sentido
El respeto consiste en el reconocimiento hacia las personas de sus valores, cualidades y derechos. Se trata de la manifestación de nuestra tolerancia, aceptación y admiración de las cualidades y defectos del otro. Se trata de una aceptación de las normas éticas y morales, así como la puesta en práctica de una reciprocidad basada en el trato hacia el otro en la misma medida en que deseamos ser tratados nosotros. “Respeta si quieres ser respetado”.
Sentada estas premisas básicas, nos adentramos en el proceloso mundo en el que nos desenvolvemos. Digámoslo sin ambages. Se ha perdido el sentido y la puesta en práctica de la virtud del respeto a los demás. Incluso a nosotros mismos.
Comenzando por el ámbito político, pasando por el mundo de las comunicaciones y llegando al trato personal, se ha perdido de una forma progresiva el respeto a las ideas, posiciones, religión, costumbres e intimidad de todo bicho viviente. Desde lo más sencillo: el respeto a los mayores, a los profesores, a las creencias o a la libertad, a lo más complicado: la valoración (verán que no digo la “puesta en valor”, tan utilizada por los modernos), del empeño, la memoria, la inteligencia o la voluntad de nuestros semejantes.
Chirrían mis oídos ante el tuteo descarado a los profesores, a los mayores, a los clientes y a cuantos se nos pongan a tiro. Me subo por las paredes ante los insultos, las carcajadas y los gestos de nuestros próceres políticos. Me horroriza el trato vejatorio hacía los deportistas en los campos de juego, donde están permitidos la befa, la mofa, el insulto y el pitorreo público, hacía los diversos participantes en el mismo.
La buena noticia de hoy me la transmiten los protagonistas del mundo del toro. Ya sé que cada día más proliferan los antitaurinos, -que, por cierto, son poco respetuosos- entre los cuales no me encuentro yo. Es una delicia para los oídos escuchar el respeto con que se hablan los diversos participantes en dicho mundillo. Siempre hablan de “maestros”, refiriéndose a aquellos que les han precedido en el escalafón, los más jóvenes hablan de usted a los más veteranos, jamás se desprecian o minusvaloran entre ellos (aunque exista la necesaria rivalidad) y terminan por cerrar filas en un mundo perseguido por aquellos que tampoco respetan a las tradiciones. Un claro ejemplo de respeto.
Soy un decidido defensor del respeto. Me ha sido inculcado desde la infancia. Por eso me horroriza ver como se está perdiendo paulatinamente. Como se usan indiscriminadamente los asientos reservados de los autobuses por el primero que llega, o como abandonan los restos de comida o bebida en cualquier sitio. No solo los jóvenes. La falta de respeto se ha extendido por todas las edades. Solo hay que ver los “reality” en los que el respeto brilla por su ausencia. No respetan a padres, madres, hijos e hijas, maridos o esposas. El caso es cobrar “la exclusiva”.
Definitivamente el mundo del toro es una “rara avis”. En ese aspecto tenemos mucho que aprender de ellos.
