
«A día de hoy, en Zhelaizhai sigue habiendo personas con una coincidencia del 46% con el ADN de la población europea… ¿Serán los herederos de la Legión Perdida?»
La cabeza de Craso fue exhibida en la corte de Orodes II y los siete estandartes romanos expuestos en los templos de Partia. Tres décadas después, en 19 a. C., el emperador Augusto negoció la devolución de los estandartes y el regreso de los cautivos que habían sobrevivido. Es a partir de aquí cuando la realidad se confunde con la leyenda al intentar discernir el destino de los diez mil legionarios esclavizados de la expedición de Craso, que algunos sugieren que constituyeron la legión perdida mencionada por Plutarco y Plinio y que reaparecería en China en el año 36 a. C.
Los partos no atacaron inmediatamente Siria lo que dio tiempo al cuestor Casio para preparar las defensas de las ciudades y rechazar las incursiones fronterizas. Cuando en el 51 a. C. un ejército parto al mando del príncipe Pacoro I y el general Osaces, entró en la provincia Casio, que apenas disponía de dos legiones, se refugió tras los muros de las ciudades costeras, en concreto en Antioquia.
Los partos avanzaron y saquearon la provincia pero no tomaron ninguna urbe y tuvieron que retroceder a Antigonea que tampoco lograron tomar, en el camino de regreso Casio los emboscó y Osaces resultó muerto. Al año siguiente el nuevo gobernador romano, Marco Bíbulo logro firmar la paz con Pacoro lo que aseguro una paz de diez años.
Para Roma la principal consecuencia de esta batalla fue la muerte de Craso, y en consecuencia la desaparición del primer triunvirato, pasando de un gobierno de tres a otro de dos. Pero aun así dos era multitud para el gobierno de la República y el camino estaba despejado para el inicio de la guerra civil entre Julio César y Pompeyo ya que se desestabilizó el balance de poder en Roma. Otra de las implicaciones de esta batalla fue el hecho de que el continente europeo se abriera a un nuevo y preciado material: la seda. Los romanos que lograron sobrevivir a la batalla describieron haber visto unas banderas brillantes, hechas al parecer con seda, usadas por los partos mientras les perseguían. Así, al mismo tiempo que el interés en Europa por este tejido crecía, se extendía la ruta de la seda entre este continente y China, dando comienzo a una de las rutas comerciales más grandes y prósperas de la historia. Ruta inmemorial y a través de la cual podrían haber llegado esos genes europeos que ahora se investigan.
La legión perdida
A caballo entre la realidad y la leyenda, se sabe por Plutarco y Plinio el Viejo que los prisioneros fueron conducidos al extremo oriental del Imperio parto, en la antigua Bactriana, actualmente en Afganistán, siendo la mayoría esclavizados o condenados a trabajos forzados. Pero los partos conservaron algunas unidades dispuestas a seguir combatiendo a cambio de no ser condenados a muerte o a la esclavitud. Así, una parte de la legión cautiva fue mandada a las proximidades del río Oxus, hoy Amur Daria, en la Bactriana del actual Turkmenistán, para luchar contra los hunos, desapareciendo allí su rastro.
El caso es que, tras la firma de la paz entre romanos y partos en el año 20 a. C., se estableció el retorno de los prisioneros, pero ya entonces se desconocía totalmente dónde estaban los efectivos supervivientes de las derrotadas legiones de Carras, pese a los esfuerzos que se dedicaron a su recuperación de los soldados apresados.

La hipótesis de Liqian
Li-Jien o Li-chi-en es una ciudad actual del Gansu o Kansu en China cuyas particularidades han dado motivo a la especulación de que hubiera sido una colonia de mercenarios romanos.
Esta ciudad, durante la dinastía Han, recibió el nombre de Li-chi-en, pero desde la dinastía manchú ming pasó a ser llamada Cha-Lai-Chai, solo desde hace unos 20 años ha vuelto a adquirir su antigua denominación.
La primera curiosidad es que Li-Jien, en pinyin, o Li-chi-en, en transcripción fonética al español, era el nombre que los chinos antiguos daban al Imperio romano, tal denominación china dada al Imperio romano en su conjunto deriva muy probablemente de una transliteración del idioma griego, alfabético, al chino, aún hoy prevalentemente ideográmico, aunque aquí los ideogramas chinos eran un recurso, por analogía fonética de la idea original que representaban, para intentar reproducir el nombre de la ciudad de Alejandría de Egipto.
Esta ciudad del Mediterráneo durante el período helenístico pasó a ser uno de los grandes mercados y a la vez base de la Ruta de la Seda, tal función se incrementó al quedar incluida en el Imperio romano, de modo que muchas de las noticias que a China llegaban del Imperio romano llegaban como procedentes de Li-Chi-En, Alejandría, y de este modo es que los chinos llamaron a todo el Imperio romano: Li-Chi-En.
A los estudiosos contemporáneos les ha resultado curioso que en las fuentes chinas se mencionara una población dentro del Imperio chino, en la región del Gansú o Kansu, que llevara el nombre de Li-Chi-En.
En 1955, el historiador y sinólogo estadounidense Homer Hasenpflug Dubs, en una conferencia impartida en Londres titulada «Una ciudad romana en la antigua China», afirmó haber encontrado el destino de estos legionarios, encajando los datos de Plutarco y Plinio el Viejo con las crónicas históricas de la dinastía Han, que reinó en el Imperio Han de China entre los años 25 y 220 de nuestra era.
Este importante arqueólogo y paleógafo, Homer Dubs, catedrático de la Universidad de Oxford, tuvo acceso a antiguos escritos chinos pincelados sobre varillas de bambú en los cuales el célebre general chino Cheng Tan refería cómo había vencido a los Xiongnu que atacaban las entonces fronteras occidentales del Imperio Celeste en el año 60 a. C.
Según este investigador, la legión perdida reaparece en las crónicas chinas de la dinastía Han en el año 36 a. C. En ese año el general Gan Yanshou emprendió una campaña militar en los territorios fronterizos occidentales, la actual provincia de Xinjiang, contra los nómadas xiongnu, antecesores de los hunos, por Bactria y el río Oxus. Las crónicas de esta campaña, que nos ha llegado a través del historiador y biógrafo del general chino Gan Yanshou, Ban Gu, que participó en aquella contienda, han hecho pensar a algunos expertos que los defensores de la ciudad de Zhizhi, actual Dzhambul cerca de Taskent en Uzbekistán, eran miembros de la legión perdida.
Lo que le llamó la atención al general chino fue encontrar un grupo de oponentes en una formación que describió como de «escama de pez» y cuyo campamento, a diferencia de los pueblos nómades como los Xiongnu, se encontraba resguardado por un doble cerco de largas estacas que dificultaban las arremetidas de la caballería. Esto, sumado a datos etnográficos, en especial fisiotípicos, de la actual población china de Li Jien, los innegables aspectos caucásicos de la mayoría de los habitantes de dicha población, más el hallazgo de ruinas de una ciudadela que podía tener elementos estilísticos grecorromanos hizo que en 1957 Homer Dubs arriesgara la hipótesis según la cual, en efecto, Li-Chi-En o Li Jien se llamaba así porque había sido una ciudad del Imperio chino habitada por gente procedente del Imperio romano.
¿Pero cómo explicaba Dubs tal población de gente procedente del Imperio romano en el Imperio chino? Los hechos históricos corroborables le seguían dando indicios y pistas al parecer muy firmes: En el año 53 a.C. las legiones romanas sufrieron una tremenda derrota ante una retirada pártica, esto ocurrió en las cercanías de Carrhae, es decir en las zonas fronterizas que hoy corresponden al actual estado turco y al Iraq, en la batalla de Carrhae unos 20.000 integrantes de la Legio Secvnda Avgvsta fueron aprisionados y esclavizados por los partos, como los legionarios eran valiosos en cuanto a guerreros, a muchos de ellos se les obligó a servir ahora como mercenarios del Imperio Parto siendo deportados a un campamento en lo que hoy es la ciudad de Merv, en los límites nororientales del Imperio Parto.
La ciudad de Merv se encontraba en plena Ruta de la Seda; aquí, según supone Dubs, la mayoría de los legionarios romanos se fugó y ofreció sus servicios a los Xiongnu, y es entonces que en un combate al este de Tashkent entre Xiongnu y ejércitos chinos, que el general chino victorioso Chen Tan encuentra, según supone Dubs, a un conjunto de mercenarios procedentes del imperio romano y que usan armas y tácticas romanas de combate, los mercenarios sobrevivientes fueron entonces reclutados por el Imperio chino e instalados en el poblado y fortificación fronterizo que se llamó Li-Chi-En, prácticamente aquí concluye Dubs su tesis.
En ellas se menciona una batalla librada por esta ciudad entre el ejército chino y un extraño contingente constituido por soldados veteranos, muy disciplinado y protegido en una fortaleza de madera de forma cuadricular que protegía el asentamiento. Se señala que éstos usaban fortificaciones de empalizadas rectangulares y que entraban en combate perfectamente organizados, «alineados y desplegados en una formación como de escamas de pescado», en la puerta de la ciudad, lo que recuerda a la testudo romana, en la que los infantes se protegen unos a otros formando con los escudos una especie de coraza.
La ciudad de Zhizhi fue tomada finalmente y los 1.000 prisioneros extranjeros fueron deportados a China y asentados en la ubicación de la actual Yongchang, provincia de Gansu en China, en el desierto del Gobi, para proteger las fronteras del imperio chino y a sus habitantes de las incursiones tibetanas.

Pero el antiguo nombre de Zhelaizhai, que se encuentra en la provincia de Gansu, ha terminado por sacar a la luz al cabo de dos mil años la historia de la legión perdida. El nuevo lugar en que fueron asentados los prisioneros fue llamado por decreto imperial Li-Jien o Liqian; el topónimo, documentado por primera vez en el año 5 d. C., no es sino una variante china de «Legión», un nombre que además era el usado por los chinos para referirse a Roma desde que los antiguos chinos tuvieron noticias de su opulencia y poder a través de sus comerciantes en Alejandría. Además, llama la atención este topónimo pues era extremadamente raro que los chinos diesen a sus ciudades nombres extranjeros. Años más tarde, siguiendo la tendencia confuciana a la rectificación de los nombres, el lugar fue renombrado como Jie-lu, que significa «cautivos».
Algunos creen que los descendientes de este contingente fue derrotado y arrasado en el siglo VIII por tropas tibetanas, que en aquel entonces eran mercenarios terribles, auténticos señores de la guerra, pero los estudios genéticos hechos en Li Jian dan pie a pensar otras cosas.
En 2001 los diarios Los Angeles Times y L’Express sacaron a la luz unos datos que identificaban un poblado remoto como punto final de la aventura de los legionarios de Craso, demostrando importantes diferencias físicas entre los nativos de la zona y el resto de los chinos. Desde entonces, los análisis de ADN realizados por la Universidad de Lanzhou confirman que un 46 por ciento de los habitantes de Zhelaizhai, entre los que hay ciudadanos con ojos azules y verdes, pelos rizados y/o de color castaño y pelirrojo, y personas con nariz aguileña, mostrando todo ello una curiosa afinidad genética con poblaciones europeas, según informó el semanario francés. Hace años se encontraron en torno a cien esqueletos de hace más de mil años con una altura promedio superior a los 180 centímetros.
A pesar de que la existencia de la legión perdida pueda estar más allá del mito, la realidad es que, aun con las posibles evidencias bibliográficas; los análisis de ADN realizados a la población y los restos romanos encontrados en excavaciones arqueológicas, no existen certezas concluyentes de presencia romana durante este periodo en la China imperial, teniendo en cuenta que Li-Jien fue un puesto avanzado que estuvo localizado dentro de la antigua ruta de la seda.

Li-Jien
Parte de la actual población actual de Li Jien se considera oriunda de esos legionarios, cuya descendencia se habría mixogenizado con chinos, mongoles, tártaros etc., en efecto, la población de Li-Jien presenta rasgos caucásicos junto con rasgos mongólidos; muchos de los habitantes de Li-Jien poseen nariz algo aquilina, arcos superciliares elevados, zigomáticos relativamente poco pronunciados, cabello ligeramente ondulado con sección en «o» y de color con tonalidades rubias, bastante vello, y además relativamente claro, en el pecho y en las extremidades etc.
Sin embargo, los estudios más recientes, especialmente los genéticos, indicarían que, en efecto, los habitantes de Li-Jien tienen muchos ancestros caucásicos sin que esto signifique que tales ancestros procedan del Imperio romano, ya en la zona habitaron tocarios y wusun, paleoeuropeos, y la Ruta de la Seda además de un gran flujo comercial y cultural fue un área de gran flujo genético en ambas direcciones, de este a oeste y viceversa. Las fechas de la batalla de Carrae y la supuesta posterior fundación de Li-Chi-En o Li-Jien no parecen coincidir; es más, los antiguos ideogramas a los cuales se les ha dado valor fonético significan «Imperio romano» y, por otra parte, «Territorio de caballos negros», ya que la zona en la cual se encuentra esta población china del Gansu era afamada por sus excelentes caballos esteparios descendientes de los caballos salvajes llamados tarpán. En resumen, en la actualidad casi todos los estudiosos descartan que Li-Jien haya sido una población romana en el Imperio chino. Esto sin embargo no es óbice para que parte de los habitantes de la ciudad de Li-Jien realice anualmente desfiles con atavío romano.

Resumiendo
Por todo lo dicho hay más que argumentos para concluir que al hablar de un pueblo chino con rasgos europeos ello nos empuja a la leyenda de aquellos los legionarios romanos perdidos.
La población de Liqian, sus gentes y su etimología, en la provincia china de Gansu, han intrigado durante décadas a los investigadores.
Algunos de sus habitantes presentan rasgos físicos distintivos, cabello claro, ojos verdes, que han alimentado una hipótesis fascinante y la siguiente pregunta… ¿podrían ser descendientes de legionarios romanos que fueron capturados y empleados como soldados en China hace dos mil años?
Esta teoría se apoya en varias circunstancias, arriba relatadas. En el año 53 a.C., el ejército romano de Craso sufrió una derrota catastrófica en Carrhae, frente a los partos, allí miles de soldados fueron capturados. Algunos historiadores han sugerido que una parte de ellos pudo haber sido trasladada hacia el este, hasta los confines del imperio Han. Las crónicas chinas mencionan, en efecto, la captura de mercenarios extranjeros que combatían en “formación de escamas de pez”, evocando la famosa formación romana llamada testudo, es decir la “tortuga”.
Sin embargo, los análisis genéticos modernos darán luz y aclararán dudas al respecto pue si bien confirman una cierta ascendencia europea entre los habitantes, esta es limitada y podría explicarse por contactos mucho más antiguos a través de las primeras rutas comerciales euroasiáticas. La presencia de poblaciones indoeuropeas en la región se remonta, en realidad, a varios milenios antes de la época romana.
Aunque el vínculo directo con los legionarios de Craso es hoy considerado improbable por la mayoría de los historiadores, la persistencia de esta leyenda ilustra el poder de las historias que conectan civilizaciones, recordándonos que los mundos antiguo y medieval estaban mucho más interconectados de lo que solemos imaginar.

La Legión perdida en la literatura
El escritor italiano de novela histórica Valerio Massimo Manfredi basa su último relato, El Imperio de los Dragones, en estos hipotéticos hechos.
Ben Kane, escritor de novelas históricas, trata la historia de esta legión en su trilogía formada por «The Forgotten Legion”, «The Silver Eagle«, y «Road To Rome». Precisamente es en el segundo libro, «El Águila de Plata», donde se relata lo sucedido a la Legión Perdida y la ejecución de Craso.
A día de hoy, en Zhelaizhai sigue habiendo personas de ojos azules o verdes, rubias o pelirrojas, o con nariz aguileña y cabello rizado; además, en los habitantes de la zona hay una coincidencia del 46% con el ADN de la población europea… ¿Serán los herederos de la Legión Perdida?
