
«Pese a las pretensiones de los edadistas, los pertenecientes al segmento de plata seguimos siendo útiles»
Los espacios publicitarios están repletos de posibles fuentes de la eterna juventud basadas en pócimas, tratamientos medicinales o quirúrgicos, aguas milagrosas y otras zarandajas. Está claro, nadie quiere ser mayor. Ni siquiera parecerlo.
Grave error. Sin tener en cuenta que se están refiriendo a una cuarta parte de la humanidad, capacitada económicamente y poseedora del derecho al voto, están infravalorando la capacidad intelectual, de transmisión de conocimientos, de participación en la vida comunitaria, e, incluso en la prestación de servicios de los mayores.
De vez en cuando se producen actos de reconocimiento de estos valores no exentos de cierto tufillo a homenaje de despedida. Se equivocan. Yo llevo más de quince años jubilado y no me he parado a pensar en un descanso total. Mi contribución a la sociedad ha cambiado de rol y escenarios pero la considero tan plena como la que tenía en mi etapa laboral activa.
Doy fe de la aceptación de los mayores en cualquier ambiente. Desde el día en que me jubilaron he seguido en activo. Con un poco más de esfuerzo debido a las dolamas propias de mi edad.
Pero sin cejar en el empeño. Esta dedicación me ha permitido comprobar como los mayores somos aceptados sin ningún problema en las actividades propias de lo más jóvenes. Convivo a diario en mis estudios con jóvenes de alrededor de la veintena, que asumen mi presencia sin ningún tipo de problema.
Por eso me ha agradado el reconocimiento a una serie de mayores que siguen “dando el callo” en la sociedad malagueña. Se trata de diez personas que han sido premiadas por sus actividades después de pasar el “rubicón” jubilar. Diez mayores que no se han enterado de que lo son y siguen viviendo la vida trabajando a buen ritmo. Diez mayores que no necesitan ese “aprobado con nota” para seguir viviendo en plenitud. Lo que me agrada menos es que dicho reconocimiento haya partido de la “Federación Provincial de Asociaciones de Mayores”. Me hubiera gustado más que hubiera partido esta idea de colectivos de otras edades.
Me parece que el mayor número de edadistas se encuentra entre aquellos que se acercan con temor a la edad de jubilación, a la que temen al mismo tiempo que desean. No es tan grave. Se trata de un cambio de objetivos, o no; de tiempos, o no; de actividades, o no; etc. Es decir, seguir viviendo, no languideciendo.
