Conversaciones en el andamio: El respeto según el PSOE. Por Francisco Gómez Valencia

El respeto según el PSOE.

«Presionar al Tribunal Supremo, tener en el bolsillo al Constitucional, prostituir la Fiscalía, y hacer lo mismo con la Abogacía General del Estado, no es respetar, sino manipular»

Respeto es el que tiene el matador al toro que le ha tocado en suerte durante la lidia y especialmente antes de clavarle el estoque hasta la bola. Respeto es lo que sentimos al entrar en una iglesia o al estar delante de una imagen durante una procesión. 

Respeto es lo que nos da cuando un agente de la Ley o un Guardia Civil nos llama al orden. Respeto es lo que sentimos (en pasado) por Julio Iglesias, Raphael —o El Puma en su defecto—.

Respeto es lo que nos provoca la muerte o la enfermedad. Respeto es lo que nos ocasiona asistir como espectador a una catástrofe de cualquier tipo. Respeto se lo tenemos al fuego, al agua, al olor a mierda, pedo, pies o sobacos siempre ajenos.

Respeto es lo que te causa una autoridad  sea del tipo que sea (médicos, profesores, escritores, actores, fontaneros, albañiles,  etc…). Respeto es lo que sentimos la gente de bien cuando suena nuestro himno de España (u otros países sin ser el tuyo que a mí me sucede), o el de tu equipo de fútbol, o Eurovisión en el caso de los más frikis.

Respeto es lo que sentimos ante las instituciones que se lo merecen por sus actos, obras, o glorias deportivas (ustedes ya me entienden…).

Respeto es lo que se nos despierta cuando vemos ondear la bandera nacional o la vemos desfilar delante de nosotros. Respeto es lo que te provoca cualquier animal que te pudiera hacer daño físico, moral o sentimental. 

Respeto es lo que se siente por aquellos a los que amamos sin contemplaciones. Respeto en definitiva, es reconocer el valor propio, los derechos de los demás y de la sociedad en sí misma.

Respeto dicen…

Respeto para el PSOE cuando de lo que se habla es del Poder Judicial, es decir con la boca pequeña y esbozando una media sonrisa, que se los respeta mientras tratan de presionar a los jueces acusándolos abiertamente de lawfare, tal y como hace los golpistas catalanes, los terroristas, sus representantes políticos en España y fuera de España, los nacionalistas en general y los comunistas.

Presionar al Tribunal Supremo, tener en el bolsillo al Constitucional, prostituir la Fiscalía «de quien depende», y hacer lo mismo con la Abogacía General del Estado, no es respetar, sino manipular y presionar ejerciendo injerencias cada dos por tres desde el Presidente, pasando por los ministros, los portavoces de las cámaras alta y baja, los representantes en las CCAA, los Ayuntamientos, las Delegaciones del Gobierno, las direcciones generales, y así hasta los sindicatos de clase incluyendo a sus pelagatos liberados y sin liberar, y por supuesto —que no me olvido—, la prensa mamporrera que se pliega al poder político en el ejercicio de su profesión, la cual hasta se atreve a plantarse delante de los jueces del Supremo para vender malamente el relato que les han ordenado desde Presidencia del Gobierno, con la excusa inexcusable de no poder aportar las pruebas amparándose en su código deontológico el cual afirman que les impide hacer públicas sus fuentes. 

¡Ja! Respeto dicen…

Feliz día de Santa Agustina y San Emiliano, Cristian o Millán entre otros muchos…

Españazuela a 12 de noviembre de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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