Conversaciones en el andamio: Sobre la malicia profesional. Por Francisco Gómez Valencia

Sobre la malicia profesional

«Nunca y digo nunca, hay que poner la mano en el fuego por nadie, ni decir, de esta agua no beberé, o que esté cura no es mi padre. Ustedes me entienden…»

A punto de que llegue el black Friday 2025 Santos (Cerdán) regresa a la vida pública mermado de condiciones esos sí, al igual que el resto de la trama, ya están más que fichados, catalogados, e investigados, o lo que es lo mismo, listos para juicio.

Uno que no es Perry Masón tiene más mili que Panete y me imagino que cuando en estas ocasiones entran en prisión (caso de Aldama y Santos), se debe a que son actores principales en sus respectivas tramas delictivas, mientras que los demás que se han librado, es decir, Koldo, Ábalos, la expresidenta de Adif, o el exdirector general de carreteras, han tenido esa suerte porque han sido meras piezas instrumentales. De este tipo de historias, o sea de contratos públicos, supuestos amaños, intereses ocultos, y manos negras, tendría gracias a mi experiencia profesional para escribir un libro, aunque hoy solo haré mención a un triste ejemplo.

Algunas piezas del puzle

Obviamente todas las piezas del puzle corrupto interesan, faltaría más, pero no cabe la menor duda de que cuando a uno lo dejan salir del trullo estando las cosas tan claras, es porque tanto el juez de turno como la policía judicial, ya han llegado a conclusiones más que preclaras para empurar al Equipo A al completo. 

Si Aldama no ha dejado de colaborar con la Justicia desde que salió, es previsible que Santos haga lo propio mas aun siendo conocedores por casos anteriores de corrupción política, que cuando vuelven a la calle es porque o han soltado todo lo habido y por haber, o porque han llegado a algún acuerdo para reducir los cargos a cambio de cantar La Traviata como lo haría un vulgar jilguero.

Sánchez y Cerdán

Políticamente hablando, pues lo de siempre. «Hunos y hotros» se han enzarzado en el Congreso arrojándose basura ajena desde sus escaños y claro, es que cada uno lleva su penitencia a cuestas o de lo contrario miremos hacia Almería como el felón ha recriminado a Feijóo

«El que esté libre de pecado que tire  la primera piedra», decía una señora esta mañana en la cola del pan. Y no la falta razón, es más, ¡Que viva la sabiduría popular! Aunque arrojarse acusaciones por corrupción, se ve que para nuestra clase política de momento no es pecado, bueno, ni ser o parecer corrupto a tenor de como ladra la perrita.

«Es tiempo de la justicia», decía Bolaños. «Yo flipo en colores» mas o menos creí entender a Marlaskón. «A veces uno no se da cuenta de los hijos de puta de los que se rodea», vino a decir García-Page y quiero creerle, igual que en su día creí a mi admirada Esperanza Aguirre cuando sus chicos de confianza robaban en Madrid a manos llenas sin que ella se enterara de la misa a la media.

Yo no creo en la inocencia de Pedro Sánchez, aunque sí creo que hay gente que a la vera del más poderoso le hacen la 13/14 y se la lían parda. A mi hace años en una de las empresas en las que me he proyectado profesionalmente, sin ir más lejos un tuercebotas que mantuve interesadamente haciendo funciones como mi mano derecha, me ocultó varios asuntos cruciales que hubieran sido constitutivos de despido inmediato. De hecho recuerdo una reunión a cuatro muy graciosa en la que servidor de vacaciones y en bañador dando vueltas a la piscina de un chalet que nos alquilamos para la ocasión en Vera Playa, trataba de definir junto a otros tres altos cargos de la empresa, como solucionar varios entuertos con la Seguridad Social y con el Ministerio del Interior en el que nos había metido el muy desgraciado gracias a su incompetencia. En dicha reunión acordamos su fecha de salida pero el figura mientras tanto me oculto el embarazo de su esposa, y pocos días después —a la vuelta de mis merecidas vacaciones —se convirtió en padre y al día siguiente solicitó por burofax una reducción de jornada por custodia legal de un menor (su hijo recién nacido), y de esta manera tan sibilina creyó blindar así su contrato. Al poco tiempo la empresa reventó por los cuatro costados y un año después descubrí que el menda desde entonces es concejal de VOX en una localidad madrileña y para más INRI, en la pagina oficial de ayuntamiento indica que el último puesto que ocupó en la empresa en la que coincidimos era el mío, por lo que imagínense a que se dedicará el prenda mientras está ocupando el cargo público que ostenta. Hoy en día nuestro protagonista anónimo, sigue en activo disfrutando de su segunda legislatura como portavoz viviendo el sueño español a costa de los impuestos de sus vecinos, así que como dijo en su día Federico Trillo: «manda huevos».

En fin: que lo que quiero decir es que nunca y digo nunca, hay que poner la mano en el fuego por nadie, ni decir, de esta agua no beberé, o que esté cura no es mi padre. Ustedes me entienden…

Feliz día de San Edmundo rey.

Españazuela a 20 de Noviembre de 2025, así que y por supuesto: ¡Arriba España manque pierda!

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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