El segmento de plata: La consulta. Por Manuel Montes Cleries

La consulta.

Es por todos conocida (y sufrida) la tendencia que tenemos los mayores a hablar constantemente de nuestras dolencias

Hace bastantes años un viejo amigo -viejo y amigo- médico, me espetó una frase lapidaria: “de medicina nadie sabe casi nada, pero si alguien sabe algo son los médicos”.

 

Creo que se trata de una sabia aseveración. Los galenos, después de haber estado estudiando medicina una gran parte de su vida, cuentan con dos cualidades que les hacen ser más doctos: la experiencia y el ojo clínico.

 

Esta realidad nos la saltamos a la torera en el momento en que nos encontramos con un enfermo o un receptor ávido de malas noticias. Inmediatamente tiramos de nuestros conocimientos médicos, basados en cuatro libros que hemos leído, una información de Internet o de “radio macuto” directamente, y procedemos a emitir un diagnóstico así como el tratamiento consiguiente.

 

Creo que se puede conocer el grado de “viejismo” en el que nos encontramos observando nuestra actitud en la sala de espera de una consulta, en la visita a un enfermo, en una simple conversación de café o en un banco del parque. Inmediatamente calificamos al médico que nos atiende, o atiende a nuestro interlocutor, como un brillante científico o un papanatas, según nos dé ese día el aire.

 

Estoy rodeado de “expertos-expertas” en medicina y cirugía. Apenas indicas algún padecimiento, lo diagnostican, califican o contrarrestan con el suyo propio o de alguien al que conocen. Manifiestan un dominio total sobre los fármacos, intervenciones quirúrgicas y tratamientos caseros “milagrosos” para superarlo.

 

Si encima tienes algún familiar médico, el teléfono arde con constantes consultas y comparaciones con lo que te ha indicado tu médico de cabecera. Si recordamos el dicho popular que manifiesta que “un médico cura, dos médicos dudan y tres, muerte segura”, y para colmo, añades la opinión de los que te rodean, acabas con un régimen de vida riguroso, un combinado de pastillas a toda hora y un peregrinaje por hospitales y centros de salud.

 

Confío especialmente en uno de mis hijos. Se trata de un médico experto en geriatría. De entrada siempre me receta: paracetamol y mucho agua. Un remedio eficaz que no cura, pero que tampoco te hace daño. Si lo mezclas con vida sana y capacidad de aceptar las goteras consecuentes a la provecta edad, te evitas los “consejos” de los galenos aficionados que pululan a tu alrededor.

 

Así que recomiendo a mis colegas del “segmento de plata”, Agua…, ajo… y Paracetamol. Mano de Santo.

Manuel Montes Cleries

Soy un apasionado del periodismo y de la comunicación en general. Al estar jubilado tengo todo el tiempo del mundo para ponerme a redactar mis experiencias y mis opiniones sobre un mundo del que me considero un espectador interesado. Me siento más cómodo entre las buenas noticias y en las que se refieren al mundo de los mayores que vivo en plenitud. Me gusta hacer hincapié en el campo de los valores, especialmente el de la familia como escuela de aprendizaje. Mi formación académica pasa por el Peritaje y el Profesorado Mercantil, Licenciatura en Comunicación Audiovisial y doctorado en Periodismo. Llevo muchos años en la radio y la televisión locales haciendo programas sobre la solidaridad. Si quieren saber algo más sobre mi persona lo pueden ver en mi página de face-book y en mi blog “Periodista a los sesenta”.

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