El segmento de plata: dar gracias a Dios. Por Manuel Montes Cleries

gracias a Dios

En nuestro entorno más cercano se recurre con frecuencia a la oración de petición

Se hace patente el dicho popular de “acordarse de Santa Bárbara cuando truena”. Cuando las circunstancias no nos son propicias, o nos ronda la senectud y la enfermedad, tiramos de nuestro repertorio de peticiones a todos los santos de los que somos especialmente devotos. Se suceden las promesas y los arrepentimientos durante las etapas de crisis. Una vez solventadas estas, positiva o negativamente, guardamos nuestro contacto con el ser supremo (o sus delegados) hasta otra.

 

Estos pensamientos vinieron a mi mente durante una visita a un establecimiento en el que pasan parte de su vida alguno de los pertenecientes a mi “segmento” de población. En dichas instalaciones te encuentras, perfectamente atendidos, a algunos que compartieron parte de tu vida, de tus éxitos o de tus fracasos. En dichas residencias de mayores nos encontramos con una soledad compartida y muchas veces no deseada.

 

Ante esa realidad, me siento obligado a dar gracias a Dios por cuanto reciben aquellos que no tienen demasiada salud o una familia que les acompañe en esas benditas instalaciones. En segundo lugar se me plantea el agravio comparativo. Que suerte tengo. Pertenezco a una generación que ha visto crecer sus expectativas de vida de una forma extraordinaria. Además de vivir más años, lo hacemos con unas capacidades cognitivas o físicas bastante aceptables. No tenemos más que recordar la vejez prematura de nuestros abuelos o de nuestros padres. Nos parecían unos ancianos apenas llegada su edad de jubilación.

 

No tengo más remedio que dar muchas gracias a Dios por los avances de la medicina y del esfuerzo vital que nos ha permitido llegar a esta edad con capacidades impensables en anteriores generaciones. Salvo que hayas tenido una vida irregular o hayas sufrido un accidente, cuentas con capacidad suficiente para hacer una vida normal sin ningún tipo de dependencia. Muchos de mi generación seguimos haciendo deporte, caminando sin taca-taca, muletas o silla “motorizada”, salimos a comprar o alternar, nos seguimos formando y somos bastante independientes.

 

Consecuentemente, los pertenecientes al “segmento de plata”, aquellos niños de la posguerra que nos criamos en el año del “hambre”, tomamos leche y queso de la ayuda americana, o pasamos la adolescencia con bocadillos de mortadela y manteca “Flandes”, tenemos que dar muchas gracias a Dios por la suerte que hemos tenido de vivir en esta época, rodeados de nuestras familias y con una salud suficiente que nos permite afrontar el presente con alegría.

 

Del futuro… Dios dirá.

Manuel Montes Cleries

Soy un apasionado del periodismo y de la comunicación en general. Al estar jubilado tengo todo el tiempo del mundo para ponerme a redactar mis experiencias y mis opiniones sobre un mundo del que me considero un espectador interesado. Me siento más cómodo entre las buenas noticias y en las que se refieren al mundo de los mayores que vivo en plenitud. Me gusta hacer hincapié en el campo de los valores, especialmente el de la familia como escuela de aprendizaje. Mi formación académica pasa por el Peritaje y el Profesorado Mercantil, Licenciatura en Comunicación Audiovisial y doctorado en Periodismo. Llevo muchos años en la radio y la televisión locales haciendo programas sobre la solidaridad. Si quieren saber algo más sobre mi persona lo pueden ver en mi página de face-book y en mi blog “Periodista a los sesenta”.

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