
«Esta tropa de ignorantes y aprovechadas nunca miró por el bienestar de la mujer, más bien lo ennegreció con sus disparatadas ocurrencias»
En el otrora Congreso de los Diputados, actual panteón de la democracia, corre de boca en boca una frase referente a los ministros de clara extracción feminista que dice “Con dejarlas hablar, en la mierda se meten solas”.
Sucinta y descriptiva frase para señalar a quienes han hecho de su insustancial verborrea, su particular condición de irrelevantes y farragosas ricahembras. Nunca un dicho estuvo tan justificado, ni tan bien retratado el feminismo radical, por cutre y antidemocrático.
También se comenta que su líder máximo padece de síndrome de Diógenes, porque además de atesorar cachivaches ideológicos, colecciona ministros feministas, que al igual que los trastos desvencijados, habría que achatarrar con urgencia.
Y es que nada bueno puede esperarse de quienes están acostumbradas a hablar sin sentido, sin saber qué diablos quiere decir lo que dicen, y sin tener en cuenta que todo lo que dicen es una sarta de estupideces con el único afán de quedar en ridículo.
Son tantas y tan insustanciales los ministros nacidos mujeres que han pasado por detrás del que las nombró, que, gracias a su magnífica inutilidad, la valía personal que pudiera tener una mujer nombrada ministro por este indeseable, ha ido devaluándose hasta quedarse en simples mamporreras de Sánchez.
Patéticas y groseras, ninguna de ellas tomó una decisión útil para la ciudadanía, ni se las ocurrió que su cargo era precisamente para ello. En cambio, nos mostraron en qué consiste la “modernidad” de una ideología tan atrofiada como letal para las libertades, el narco comunismo.
Desde que hicieron bandera del feminismo, la seguridad de las mujeres fue a peor, y los ejemplos de machismo en sus partidos brotaron con inusitado entusiasmo. El ejemplo más sublime del que tengamos noticia, fue el de dar clases de feminidad en los retretes de la Complu, desde entonces también llamadas salas XX.
Nombres rutilantes de aspecto rufianesco, físicos macilentos, mentes enfermizas de farfolla navajera. ¿Alguien tiene noticias de sus grandes obras? Me lo temía, silencio sepulcral para definir tanta inmundicia con olor a estiércol comunistoide.
Esta tropa de ignorantes y aprovechadas nunca miró por el bienestar de la mujer, más bien lo ennegreció con sus disparatadas ocurrencias. Desde manifestarse multitudinariamente días antes de que el COVID-19 empezara a cosechar cadáveres, hasta alumbrar o parir, una ley que excarceló a violadores pedófilos y pederastas.
Ni en broma escribiré en su ridícula jerga inclusiva, heces malolientes paridas en los retretes de la Complu a la sombra fantasmal de un mameluco endiosado. La coherencia nunca estuvo presente en sus molleras, la valía brillaba por su ausencia, pero eso sí, la estupidez siempre estuvo presente en ellas hasta altas horas de la noche, en que la mejor opción según ellas, era regresar a casa sola y borracha.
¿Cabe más indignidad e ignominia? Obviamente no, pero en sus tragaderas bien caben diez batucadas aporreando bombos, con los paraguas abiertos y la pancarta desplegada.
Qué decir de otra “insigne” ministro, cuya lengua es tan larga como cortas sus entendederas. Ella mantiene que un parado no lo es, aunque trabaje tres semanas al año, o tres días cada mes. Ellas mismas los llaman “Pijos discontinuos”, es decir parados reales que no rezan como tales.
U otro ministro con morrazos color brasa apagada, cuyo único mérito conocido es su afición a postrarse de hinojos ante el que la nombró. Una sucesión de gráciles y maravillosas avispas asiáticas, revoloteando incansablemente alrededor del increíble hombre menguante.
Magnífico feminismo el de estas acróbatas, defendiendo a sátiros con orejas cabrunas, puteros indecentes, compañeros de burdel dedicados al noble arte de sugerir a sus compañeras que les practiquen felaciones subliminales, o preguntarles por el color de sus bragas, o sobarlas los glúteos ante un retrato de Sánchez.
Socialista putero guarro y baboso es la norma, abusador cabronazo y feminista, su particular cum laude. Mientras el cerco se estrecha, las mentiras aumentan, los chantajes de sus aliados crecen, sus amigos son encarcelados y su percepción de la realidad es tan falsa como su viscosa y maloliente bocaza.
Nombrarles por sus nombres es complicado, adivinar a qué ramo del sanchismo se dedican, imposible, saber qué de provecho han hecho desde que las nombraron es lo más sencillo, nada. Eso sí, de las astracanadas que han perpetrado podíamos hacer un tratado. Con este embustero recalcitrante, con tan oscuros como prostibularios principios, el presente y el futuro de los españoles ha dejado de tener importancia, simplemente nos los ha robado.
El social comunismo firmó en el pasado, hoy sigue haciéndolo, las páginas más negras de nuestra historia. Lo suyo son las zahurdas, donde sus valores llevan haciendo la calle desde el día de su fundación.
¡Qué asco das Pedro! ¡Qué asco!
¡VIVA LA LIBERTAD!
¡VIVA ESPAÑA!

