Conversaciones en el andamio: «PIN-PIN-PIN-PIN». Por Francisco Gómez Valencia

pin-pin-pin-pin

«El putero ya no tiene «a naaadie» aunque reconozco que me hizo gracia al decir que cuando los socialistas reciben dinero en efectivo, se lo daban así: pin-pin-pin-pin»

Cómo estará la cosa que hasta Sandra Golpe ayer en el telediario de las tres de Antena 3, se debió dar un golpe y arrancó con una «exclusInda», que creo que es como en «El chiringuito» de Josep Pedrerol califican las exclusivas que algunas veces a horas intempestivas ofrece el director del diario digital OKdiario.

OKdiario es un medio interesante. Uno de vez en cuando lo consume a golpetazos (igual que me pasa con La Gaceta —de VOX—, o la cadena o la tele de los curas) y no digo que no estén bien, pero es verdad que OKdiario es el Kleenex donde igual que cuando los ex de vox necesitan un sitio para llorar o berrear por sus fracasos, o por lo más habitual que les sucede que es, haberse quedado a las puertas de la gloria («On the verge of glory»), y se van a La Sexta o al diario (punto es), pues este, (a OK me refiero, igual que sucede con TreceTV) es lo mismo para cuando un socialista fetén de los que han tocado pelo (pero pelo pelo) y por lo que sea está resentido, quemado o ya nadie se acuerda de ellos porque apestan o no sirven a la secta, o necesitan explayarse y soltar lastre y entonces, se va o le ponen ojitos a este medio de derechas de tinte sensacionalista —¡que oiga que a mí me parece muy bien!—, porque tiene que haber de todo en nuestro lado y en el otro pero vamos —y vuelvo a lo que decía al principio y es— que, cómo tiene que estar la cosa al final de año en lo que tiene que ver con la política nacional, para que arranque un telediario como el de Antena 3 (según dicen el más y mejor consumido en su franja de gaza), con el nuevo o último chascarrillo de «ese señor que no conoce nadie» pero que era un pez muy pero que muy gordo del PSOE, el cual (seguramente por error) le ha pagado el abogado hasta hace dos meses, y que lleva ya no sé cuántos días en la cárcel, y que por lo tanto antes de entrar aprovechó —supongo que cobrando bien —para  soltar por su boquita todo lo que quiso y pudo sin aportar pruebas evidentemente, con la intención y confiado en menoscabar o tocar las narices —por no decir los pelendengues— para así continuar de alguna manera en «el candelabro», como decía la otra, que a su vez era la misma que también dejó para la posteridad lo de… «por favor, que estamos en un hotel».

Caracelga: ese señor que nadie conoce.

Para la ocasión José Luis decidió utilizar un traje claro que por cierto le va muy mal con la cara de acelga que se le está quedando al «mipobre», por eso digo y creo que no fue el más apropiado, puesto que le resta seriedad. Me recuerda a un chiste del desaparecido Arévalo que decía: ¿Papá me compras un traje claro? Y el papá le contestaba: no me sale de los cojones, lo quieres más claro. Pues eso, que así andamos con las pildoritas que Eduardo Inda nos va aportando sobre sus conversaciones con «Caracelga: ese señor que nadie conoce» (porque aquí las tiene ya hasta el más pintado) y que vete a saber cuánto dura y hasta cuándo le va a durar el duro y que ya, no va de duro. Menos mal (porque va a pasar), que se ponga la ropa o la cara que se ponga, delante de un juez se le va a quitar la tontería.

Personalmente no me importa demasiado lo que haya dicho hasta ahora porque al final, todos sabemos que el putero ya no tiene «a naaadie» y solo sirve como carne de meme, aunque ayer reconozco que me hizo gracia una cuestión y es que dijo que cuando los socialistas reciben dinero en efectivo, se lo daban así: «pin-pin-pin-pin». Y me hizo soltar una carcajada porque esa manera de expresar como suena cuando el PSOE paga en efectivo, con lo que ello supone, supongo que sonaría diferente a como cuando lo pagaba «el Pepe» de Génova, que no de Bono. Oiga que igual allí (en Génova quiero decir) sonaba «taka-taka-tak, pero en todo caso unos y otros eran, fueron o son, muy del tiki-taka, aunque mire usted: el tremendismo con el que se cuentan las cosas que pasan en este país llamado Españazuela es tremendo. ¿Y por qué sucede esto? Pues porque la prensa sobrevalora minucias.

Inda.

Recordar que la famosa sentencia que inculpó al PP con la que se apoyaron argumentalmente Ábalos (que manda «güebos») y Sánchez para su moción de censura fake (pactada previamente en un caserío franco con Otegui), no llegaban a 300000 leuros, o sea que era una trama de chichinabo, y aunque es verdad que luego en los asientos contables de «Bárcenas se fuerte» aparecía M. Rajoy (y tal, porque yo estoy convencido de que aquí pilla hasta el más tonto), eso no quiere decir que cuando se recibían los sobres en la sede de Génova, el gesto sonara de alguna manera (incluida ninguna). Pero es que en el PSOE queridos míos, según su exsecretario general, el gesto sonar sonaba, y el sonido que no era cualquier ruido porque lo dice José Luis, era, es y será: «pin-pin-pin-pin» a menos que como diría «Pili Bulos»: (No) reunidos en una (no) asamblea federal lo (no) cambien.

Feliz día de Nuestra Señora de Loreto.

Españazuela a 10 de diciembre de 2025.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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