¡MUY BUENOS DÍAS!
Anaranjados;
tonalidades bellas.
Aroma, café.
Comenzamos la mañana con una obra de pintura que nos recuerda que continuamos sumergidos en la estación del otoño y siendo jueves, cuento con la participación de un lector, amigo de esta revista digital, y del que recojo unas palabras escritas en su red social que dicen: «Ironía es nacer llorando para luego ocultar nuestras lágrimas con una sonrisa». Os hablo de Let Mechat.
Lầm Dức Mạnh. (Vietnam), 1972. Graduado en la Facultad de Pintura de la Universidad de Bellas Artes de Vietnam en 1999. Su estilo se ve influenciado por pintores impresionistas como Monet. Sus obras al óleo se han exhibido en numerosas exposiciones y eventos nacionales e internacionales.

«Café de la mañana» Por Let Mechat
¡Despierta! la luz asoma por tu ventana
Y el alba te saluda tímida y temprana.
¡Levanta! Ya hay gente en tu terraza cercana.
¿No ves la taza humeante con su fuerza soberana?
¡Arréglate!
Allí te espera, en esa tu otoñal terraza, tu taza.
Delante de esa taza de café humeante
es allí donde nace ese dulce instante,
con el fondo del rumor de la mañana,
con la brisa jugando con el vapor de tu taza
y con ese aroma a café embriagante
hace que tu vida se revele más vibrante.
Y allí, con tu segundo café humeante
saboreas ese breve pero intenso instante
que te lleva a ese mundo más vivo, más resonante.
Mientras ojeas alrededor y ves pasar la vida, sin enojarte.
¡Coge la taza! ¡Bebe de ese elixir humeante
que tu mente adormecida, afina!
¡Un primer sorbo! Y poco a poco vuelves a la vida
¡Otro sorbo más! A la gente la verás menos dormida
¡Miras los posos! ¿Adivinas lo que te traerá la vida?
¡Oh café! Compañero indispensable de la mañana
que con tu ritual de pausa soberana
dibujas mis días en tonos más sinceros
pues dejé de soñar lo que deseo
Y me devuelves a la vida más real, más verdadero.
Y si no te gusta el café,
aplica todo lo que conté
a una buena taza de té.
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«Café de la mañana» Por Mila Soyyo
Como cada mañana, al despertarme
busqué en la cafetera un recordarme;
mas al no hallar café en esa su calidez,
la prisa me llamó por penúltima vez.
La tensión baja, es mi dócil compañera,
me empujó a salir sin más espera;
y en el olvido, el bolso abandoné,
mientras al de cuatro ruedas regresé.
Llegué al pueblo, donde el sol despierto
entre casas altivas juega encubierto;
el asfalto, con hojas recién caídas,
parece recordar historias más que furtivas.
Entré en el bar cuyo aroma es hogar,
donde el café invita a volver, a estar.
Pedí tostada, aceite y su calor,
liturgia sencilla que sostiene la razón.
Sin llevar dinero, hablé con Moisés,
y él, con bondad serena, me dijo:
«Ves, mañana vuelve, que este café
hoy te lo ofrece la casa, mujer».
Y comprendí, al partir sin más tropiezos
que el coche aguardaba donde dejé
entre árboles de papel mis pasos presos.
El café de la mañana, mi fiel laurel
me reaviva el alma y descansa mi piel.
***
Expreso mi agradecimiento a Let Mechat, por su aportación, ofreciéndonos unas rimas espontáneas, dejándose llevar por la obra de pintura presentada. También agradezco a Manuel Artero la confianza depositada en esta sección, en donde no prima el poeta, sino la ilusión. ¡Gracias a los dos!
Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un maravilloso día.
El otoño se irá sin avisar, llegarán las heladas una vez más. Hasta entonces… ¡Feliz jueves!
MMB

