
Los acontecimientos de los últimos días me han hecho recordar las viejas películas del oeste
La situación es parecida a aquella que hemos presenciado en centenares de western. El malo se había adueñado del rancho “O.K. Corral”. El sheriff envía a sus comisarios (que son tan malos como el sheriff) y la cosa acaba con la detención del malo y su posterior condena. Esperamos que no sea a la horca del “árbol del ahorcado”.
Algo así hemos podido presenciar con estupor, en vivo y en directo. Sobre todo la secuencia en la que el sheriff se justifica arguyendo un motivo principal. El dinero. Ser cada vez más ricos y ganar mucho más dinero. Del pobre pueblo venezolano, ni una sola mención. La riqueza para el sheriff y su país glorioso. “somos los mejores, los más guapos y los más ricos”.
No voy a entrar en la licitud del proceso. Los que saben más que yo de esto, especialmente los dirigentes políticos, se la cogen con papel de fumar y dicen que sí pero no, por si acaso. No quieren caer en desgracia ante el sheriff, ni pecar de reaccionarios ante la plebe. Están a ver que es lo que pasa.
Los pobres venezolanos están hechos un lío. No saben si reír o llorar. Quién son los “buenos” y quien son los “malos”. Lo que si saben claramente, es que habitan en un gran país con unas excelentes posibilidades de desarrollo por su riqueza en petróleo, la agricultura, la ganadería y el turismo, que revienta de pobreza, de abandono y de falta de medios para solucionarlo.
Los de Chávez y los de Maduro esgrimen una revolución “bolivariana”, que no se parece en nada a la que propugnó Simón Bolívar, basándose en la unión de los pueblos de esa zona con la creación de la gran Colombia. Desgraciadamente, sus gobiernos, uno tras otro, tan solo han buscado el beneficio y el enriquecimiento propios escondido tras un populismo ineficaz.
La buena noticia de hoy se basa en las inmensas posibilidades de desarrollo con las que cuenta ese hermoso país: “La pequeña Venecia”, encarnada en un territorio extenso y feraz, con una capacidad de expansión económica, abandonada en manos de unos dirigentes que, desde siempre, han buscado el provecho propio y el dinero fácil procedente de la droga y la corrupción.
Esos millones de emigrantes forzosos venezolanos, que han tenido que abandonar su país huyendo de la inflación y la desastrosa política imperante, volverán a su país, si se lo permite el sheriff… o el nuevo inquilino del O.K. Corral. Una vez más, intentarán vivir en paz y romper con la fama desgraciadamente comprobada de que “un país crece mientras duermen sus dirigentes”.
Mi noticia de hoy es buena o es mala. No lo sé. El tiempo lo dirá.
