Conversaciones en el andamio: Talante de viernes. Por Francisco Gómez Valencia

Talante de viernes.

«La Montero da más vueltas que un perro para acostarse mientras se hace la picha un lío con lo del principio de ordinalidad»

Busco y busco y no encuentro de qué hablar hoy con la cuadrilla, pues no es más cierto angelito mío que los asuntos del politiqueo asoman como culebrillas serpenteando por las cloacas y por eso querido Dimitri, —que hay que explicártelo todo— así te lo cuento, para que me entiendas mejor. ¿Cómo? Qué están de mierda hasta las calandracas. Eso, eso…

Que si la fontanera y su escudero prepararon munición para chantajear nada menos que a la cúpula del BBVA en plena OPA hostil al Sabadell. Que si la Montero da más vueltas que un perro para acostarse mientras se hace la picha un lío con lo del principio de ordinalidad, pues es de tontos o malintencionados no comprender que el sistema tiende a, pero como no se da, se da, se da, porque se tiene mientras no se entiende, pero miente total pa’ ná, que si que tiene gran mérito, sobre todo sin decir ná’. 

Igual que “Zapatero el viajante” gracias a las Fuerzas aéreas de Venezuela para según dice la prensa no dejar rastro. ¿Pero qué hay de malo en que fuera custodiado el asociado si de él dependía el negociado del que le acusa Hazte Oír? ¡Oiga que no está probado! ¡Y qué! ¿Desde cuándo hacen falta pruebas para condenar? Desde que a quien se acusa es de izquierdas o moro y de buen yantar.

El delito y tal.

Pues que yante, que yante, a donde vamos a parar, que yo prefiero que yanten y dejen de robar y violar, no sea que se revuelvan ambas excelencias celestiales, y algún tren querido amigo, aquí vuelva a reventar. ¡Eso tampoco está probado! Pues más a mi favor, pues no hay mayor delito que matar por amor. ¿Amor? Sí, amour, amour, y te lo canto en francés, que no hay más tonto que no entienda a que viene o pa’qué. 

Zapatero de PiSOE.

Esto va de dinero, con el más bobo y zafio siempre al poder y al trinque que no es lo mismo que darle al trinque por cuatro duros en la barra del bar, del Congreso y del hotel de enfrente, donde me consta se ponen finos decidiendo sobre el mal. 

Hablando del mal. En las redes sociales destacaban a Rufián, por decir no sé y qué sé yo sobre Donald Trump, y uno que anda por el mundo de flor en flor porque tiene que haber de todo, no se le ocurrió otra cosa que llamarlo bocachanclas con la pertinente educación, preguntando a una escritora, periodista y tertuliana exdiputada del “Pepe” (al que insultaba el golpista), que si cuando sale a la palestra el susodicho no aprovecha el personal, para poner en orden sus cosas, revisar el móvil, o hablar por WhatsApp, con la familia o los amigos, para hacer planes, la compra, o recordar, aquel maravilloso verano revisando las fotos y tal y tal. Pero salieron los amables y que si soy un hijoputa, un fascista de mierda, que si no valoro al mejor diputado del Congreso. ¡Ridículo, miserable! Una o uno, (a saber), hasta me  calificó como caquilla en la suela del zapato de Trump, que ya hay que ser hortera y cursi hasta para insultar, pero bueno, como diría el otro, pelillos a la mar, pues es que yo ya a estas alturas, ni me molesto en bloquear.

Feliz día de San Marcelo.

Españazuela a 16 de enero de 2026

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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