Conversaciones en el andamio. Un bosque llamado Corrupción. Por Francisco Gómez Valencia

Un bosque llamado Corrupción

«Sólo le falta legislar para salvaguardar su honor y el de su entorno y para eso, hay que penalizar al negocio de la prensa»

Bajo la permanente bronca política nuestro presidente cimentaba ayer de nuevo con fango y lodo su relato en la cadena SER, mientras explicaba sin pudor como pretende cambiar entre otras la Ley de publicidad institucional. 

Ojo que todo lo que viene será entregado en un pack similar al de los yogures o los huevos, donde a veces por el trajín todos sabemos que se nos puede colar  alguno roto o deteriorarse por el camino pero, es lo que hay.

Ayer Sánchez mintió más y mejor. ¿Por qué lo afirmo? Porque a este ya le conocemos además de por sus andares, también por el tono de su voz. Sin necesidad de atender demasiado a sus amenazas envueltas en papel de fumar, bastaba con oírle. El engolamiento de su timbre se aflautaba a medida que avanzaba la sesión de sauna y masaje. Tratar de vender sin pudor a su rebaño el género averiado con el que comercia, personalmente creo que ya ni le afecta.

A su basura legislativa, la llama “medidas para la regeneración democrática”, es decir,  decálogo de maniobras para que no le afecte las corrupción que le brota a su alrededor. Esta especie de cúpula del cielo le protegerá de su propia mierda y claro, para explicar como nos la va a dar a probar, ni tan siquiera se curra los argumentos pues su gente está tan abducida mentalmente que le compran su peregrino relato con una media sonrisa y un leve meneo de cadera. Nosotros vemos a la legua que lo que pretende es colocar cortafuegos legales en su bosque llamado Corrupción, y sin embargo, nadie es capaz de decirnos como le podemos parar. Igual es que no somos tan listos, aunque esto da para otra jornada…

Legislar básicamente para mantenerse en el poder y para tapar la corrupción de su esposa, su hermano y su partido, precisa herramientas legales para proteger su honor blindando su persona y quien sabe si a su familia. ¿Cómo se hace? Controlando la Justicia y la prensa. Respecto a lo primero ya hemos hablado mucho y aunque quedan flecos por cortar yo diría que lo tiene casi controlado, así que hoy nos centraremos en la segunda cuestión. La prensa.

¿Cómo va a controlarla? Desarrollando un sistema de gestión de fondos más a dedo que de costumbre y un comité deontológico hecho a medida para decidir ambas cuestiones. Amenazar con quien cobrará o no fondos públicos a modo de publicidad del Estado según los criterios sectarios de una sola persona, y avisar de que determinados contenidos serán duramente penalizados, es más propio de dictaduras pero es lo que tenemos mientras continúe en el poder.

Y es curioso porque para estos menesteres vende la burra de lo de la rentabilidad de otorgar ayudas prostituyendo una directiva europea en vigor desde hace poco para proteger a los europeos, justo de sátrapas como él. De todos es sabido que el Estado debe apechugar con cuestiones ruinosas como por ejemplo las infraestructuras, la sanidad o la educación, pero reventar el invento de la propaganda política e institucional, hay que reconocer que nadie se había atrevido, y este lo va a hacer.

Y yo me pregunto. ¿Porqué un presidente acorralado hoy pretende limitar las ayudas a medios que no le gustan cuestionando su profesionalidad? ¿Qué no hablen bien de él y su entorno personal y político, justifica dejar de ayudarlos? ¿A que viene tanta preocupación por la viabilidad de los medios y la influencia de las ayudas públicas en su cuenta de explotación? Obviamente miente una vez más porque de lo contrario ¿Porqué mantenemos el cine español? ¿Y las ONG’s que trafican con seres humanos? ¿Y que hacemos con el pozo sin fondo de las asociaciones de vulnerables por cuota ideológica? 

La Justicia desde el Constitucional está controlada.

A falta de leyes que provoquen que el Estado mueva la maquinaria y asegure condiciones justas de competencia, se dedica a legislar para tapar actos políticos delictivos de toda condición propia y ajena para seguir un rato más. Pese a la labor del Supremo, y algunos jueces aislados, la Justicia desde el Constitucional está controlada. Sólo falta legislar para salvaguardar su honor y el de su entorno y para eso, hay que penalizar al negocio de la prensa, la cual no es libre ni atiende a cuestiones románticas desde que es prensa, pero que se haga de una manera tan burda y chusca, definitivamente nos acerca a latitudes caribeñas y nos aleja de Europa. 

Una UE dirigida por una increíble y espeluznante coalición de burócratas muy cuestionada tras comprobar que la gente en general está muy harta. Mal asunto con el ruso, el chino y en breve al americano de la ensaimada mallorquina en la cabeza, al acecho relamiéndose solo de pensar como se están  transformando algunos países tan estratégicos como España o Alemania.

Feliz día de San Otón de Bamberg.

Españistán a 2 de julio de 2024.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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