La tumba del poeta. Por Susana del Pino

Málaga siglo XIX, Calle Larios.

«La tumba del poeta, una obra llena de belleza, sensualidad y melancolía que pone de manifiesto como el simbolismo fue una corriente que también tuvo su representación en España»

En la mitad del siglo XIX, Málaga se había convertido en un destacado enclave donde la pujanza en la economía, el ascenso de la burguesía y un destacado fervor artístico se unieron para convertir a la ciudad mediterránea en un importante centro de relevancia a nivel económico y cultural, consolidando su imagen como un foco de modernidad en España.

La privilegiada situación estratégica en el Mediterráneo impulsó su integración en la dinámica del comercio internacional. Con una aristocracia terrateniente, una burguesía en constante ascenso y una clase trabajadora en expansión, la ciudad fue ocupando nuevos barrios, levantando fábricas y experimentando un notable incremento de su actividad económica.

Durante el reinado de Isabel II (1830-1904) se produjeron dos hechos que propiciaron cambios sociales en España, el avance del liberalismo y la abolición de los derechos feudales. Esto otorgó a la burguesía, en este caso malagueña, un mayor protagonismo económico, social, político y cultural, enriqueciéndose gracias a la industria y el comercio. Sin embargo, existían diferencias importantes con la clase trabajadora, que era la mayor parte de la población y que, influida por las ideas liberales, reivindicaba mejores condiciones laborales.

Alegoría de la Historia, la Industria y el Comercio de Málaga. Boceto para el techo del Teatro Cervantes. B. Ferrándiz y Muñoz Degrain. Obra emblemática de la Escuela Malagueña de Pintura.

La burguesía malagueña no solo transformó la economía local, también el urbanismo y la vida cultural de la ciudad que se iba habituando a las costumbres “modernas” como las tertulias literarias en los cafés o la moda de asistir al teatro, lugares de encuentro para la burguesía y los intelectuales.

Jorge Loring y Amalia Heredia.

Familias emblemáticas en la historia ascendente de Málaga, como Loring, Larios o Heredia, se convirtieron en los principales impulsores de esta nueva élite social. Estas familias acumularon grandes fortunas mediante el comercio de productos locales, especialmente la pasa y el aceite; la industria textil y la exportación de vinos como el Moscatel o Pedro Ximénez, que aún hoy en día son muy demandados por malagueños y foráneos constituirían también una fuerte entrada de ingresos.

Villa Onieva, Málaga.

El mecenazgo de la burguesía fue decisivo para el desarrollo artístico. Las familias acomodadas demandaban obras de arte para decorar sus residencias y hermosas villas en La Alameda y la zona este de la ciudad, desafortunadamente muchas de ellas destruidas hoy en día. Por otra parte, las instituciones públicas patrocinaron importantes proyectos artísticos.  

Las relaciones con otros países europeos como Francia o Italia fueron decisivas para la formación de muchos artistas, relaciones que pudieron establecerse gracias a la apertura de la ciudad, el comercio y el auge económico. Aunque el nivel cultural de Málaga no llegaría a ser tan importante como en Madrid o Barcelona, sí había calidad; exposiciones que fomentaban las relaciones entre los artistas locales, impulso de otras disciplinas como la música o la literatura, tertulias y relaciones internacionales, crearon un ambiente artístico vivo y muy prometedor.

El emblemático Café de Chinitas, Málaga.

 En 1849 se crea la Real Academia de Bellas Artes de Málaga con el apoyo de la Sociedad Económica de Amigos del País, lo que permitió ofrecer una excelente y rigurosa formación a jóvenes artistas, siguiendo las directrices de la real Academia de San Fernando en Madrid. La Academia marcó un hito en la enseñanza artística de la ciudad de Málaga. 

En este contexto, con el impulso del mecenazgo malagueño nace la Escuela Malagueña de Pintura como una fuente de creatividad y progreso, ya que una de sus características fue la versatilidad y la combinación de la enseñanza académica y a la vez influencias románticas. La luz cálida de la ciudad influiría notablemente en artistas como Antonio Muñoz Degrain (1840-1924), Bernardo Ferrándiz (1835-1885) o José Denis Belgrano (1844-1917). Retratos, paisajes, temas históricos o escenas costumbristas serán plasmadas extraordinariamente por estos artistas que llegaron a ocupar un lugar destacado en la historia de la pintura española del siglo XIX.

La tumba del poeta, Pedro Sáenz Sáenz.

La Escuela sentó las bases para formar a pintores extraordinarios que dejaron un gran legado en la historia de la pintura española del siglo XIX, entre ellos Pedro Sáenz Sáenz (1863-1927), cuya obra La tumba del poeta, todo un testimonio del gran talento del pintor.

Pedro Sáenz nació en la ciudad de Málaga, pero sus excelentes dotes para el dibujo, llevaría a su familia a fomentar este don para lo que comenzó su formación en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la mano del valenciano Bernardo Ferrándiz, que sería uno de los grandes maestros de la pintura malagueña del siglo XIX.

Pedro Sáenz Sáenz.

Dotado con una pensión para estudiar en la Real Academia de España en Roma en 1888, este hecho marcaría un momento decisivo en su carrera, ya que además del gran aprendizaje de los maravillosos maestros del Renacimiento y Barroco y el contacto con otros pintores como Enrique Simonet (1866-1927) o Joaquín Sorolla (1863-1923), pudo conocer otras corrientes europeas como el Simbolismo, el Art Nouveau, el Prerrafaelismo inglés o el Modernismo, lo que influiría notablemente en su obra, orientándola hacia el desnudo femenino, que plasmaría con gran belleza y sensibilidad.

Su obra se caracteriza por la mezcla de elementos de las distintas corrientes mencionadas como la minuciosidad en los detalles, las líneas sinuosas, las composiciones fluidas y una estética llena de simbolismo donde las ideas y emociones prevalecen. 

Stella matutina. Pedro Sáenz Sáenz.

Tras regresar a Málaga, Sáenz era ya un pintor reconocido; su participación en diversas exposiciones nacionales durante algunos años le proporcionaron las muy valoradas medallas de honor por obras como Inocencia, La tentación de San Antonio o Stella matutina.

Mantuvo una relación intensa y comprometida con la vida cultural malagueña. Además de su estrecha vinculación con Ferrándiz, cuya aportación fue decisiva para la pintura local, realizó retratos para el Ayuntamiento y numerosas obras destinadas a una burguesía que se identificaba plenamente con su estilo pictórico.

La tumba del poeta, detalle. Pedro Sáenz Sáenz.

La tumba del poeta, con medidas de 93 x157 cm, fue presentada en la Exposición Nacional de 1901 causando un gran impacto. La obra se enmarca dentro del Simbolismo, un estilo artístico de finales del siglo XIX en el que, por encima de la representación puramente realista, se sugieren ideas y se provocan emociones.

En el centro de la composición destaca la figura de una joven desnuda, sentada de perfil, cuya larga melena cae hacia delante ocultando su rostro. La figura representa la tristeza por la muerte del poeta. El cuadro se encuentra repleto de elementos simbólicos, la rosa que sostiene en la mano alude al amor; la lira evoca el arte de la poesía; el mausoleo del fondo, con su bello friso en el que aparecen las musas, remite a la inspiración poética; y las hojas caídas en primer plano recuerdan lo efímero de la existencia, constituyendo un sutil recordatorio de la muerte.

La tumba del poeta, detalle. Pedro Sáenz Sáenz.

Tanto la utilización de los tonos tierra y grises que consiguen una atmósfera nostálgica y el uso moderado de la luz evitan un contraste brusco, más característico del Romanticismo creando un ambiente más introspectivo.

En España, el simbolismo no llegó a ser tan contundente como en el resto de Europa y La tumba del poeta representa un claro ejemplo de la influencia de las corrientes internacionales, pero adaptado a un público burgués con ideas más conservadoras.

La obra ejerció una notable influencia en pintores como José Denis Belgrano, en quien despertó un profundo interés por el simbolismo, y allanó el camino para las vanguardias del siglo XX, si bien estas las reinterpretaron de forma más radical.

La tumba del poeta, una obra llena de belleza, sensualidad y melancolía que pone de manifiesto como el simbolismo fue una corriente que también tuvo su representación en España. Sáenz, gracias a su formación, su magistral forma de ejecutar y el conocimiento sobre las corrientes artísticas extranjeras lo logró. Un gran pintor, una gran obra.

                                                                 

Málaga, 2026

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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