Conversaciones en el andamio: El observador de la decencia. Por Francisco Gómez Valencia

El observador de la decencia.

«Esto ya no es una forma de gobierno, es una patología institucional que aguanta alimentándose de la desmemoria subvencionada y el ruido mediático»

El sanchismo ayer volvió a lamerse el pijo mientras presentaba sus últimas ocurrencias.  Prestidigitación barata, usura política, sugestión con dinero ajeno, chapuceros al poder. Como señalamos aquí hasta la náusea, esto ya no es una forma de gobierno, sino una patología institucional que aguanta alimentándose de la desmemoria subvencionada y el ruido mediático. Mientras el país todavía huele a muerto gracias al caos ferroviario de Óscar Puente, las huelgas de agricultores asedian las capitales y los médicos se ponen de nuevo en pie de guerra contra Mónica García; demostrándose que los gremios cada dos por tres los pintan la cara con sus demandas.

Como el marcador estaba tan en contra, en Moncloa han decidido pisar el acelerador tras las inoperantes jornadas internacionales de estos últimos días y por eso, ayer compareció arropado por un nutrido grupo de ministros ociosos, en un nuevo intento desesperado de proyectar al menos a su gente una imagen de fuerza y cohesión en plena metástasis institucional. Rodeado de sus fieles para disimular la soledad del poder, el felón ha soltado los titulares de su último plan llamado «España Crece«, un ejercicio flipante que promete movilizar 23.000 millones para un nuevo fondo soberano, y una inyección de 120.000 millones en sectores estratégicos. Es la técnica del trilero elevada a política de Estado: con una mano esconde la bolita de los miles de millones inexistentes, mientras con la otra esconde los expedientes de corrupción que ya no son ruido, sino una realidad que canta por  soleares en los juzgados.

En mitad de este escenario de coña y supervivencia, la vicetiple comunista Yolanda Díaz, flanqueada por los payasos de UGT y CCOO —convertidos ya en meros figurantes del régimen—, ha consumado su enésimo desprecio al diálogo social aprobando la subida del SMI a 1.221 euros sin contar con la patronal. En España, con semejante pedorra al mando de los asuntos laborales, ya no existe la negociación colectiva. Lo que hay es carnaza, chorradas y titulares de veinticuatro horas. Subiendo los salarios con el bolsillo ajeno mientras asfixian a la pequeña empresa que levanta la persiana asolada por las deudas, mal continuaremos. 

Subiendo los salarios con el bolsillo ajeno…

Para que el engaño sea fetén, dos ministros segundones se sumaron a la fiesta de la propaganda: Por un lado, la ministra Sara Aagesen desplegó su retórica energética para ocultar el fracaso de una gestión que solo encarece la vida, mientras el ministro comunista de Consumo, Pablo Bustinduy, lanzaba sus ocurrencias de distracción con regulaciones sobre la publicidad de alimentos, como si el problema de los españoles fuera el etiquetado y no la imposibilidad de llenar la nevera. Esta falta de moral recuerda a lo que denunciaba Jean-François Revel: «La mentira es la principal de todas las fuerzas que dirigen el mundo«

Lo de hoy no es crecimiento, sino un tremendo mojón. El Estado actual es un magnífico desguace donde se achatarra la dignidad nacional con tal de estirar un poco mas al destartalado “muñeco parlante”. Pese al cachondo CIS de Tezanos, cuando el humo de las propuestas de ayer se disipen, en 24 horas la resaca amarga volverá a la normalidad y seguiremos indignadísimos, tanto, que yo creo que tampoco haremos nada, como siempre. 

Feliz día de San Teodoro.

Españazuela a 17 de febrero de 2026.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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