
«Parece ser que hay datos científicos que demuestran que en algunos grupos étnicos actuales, no existe la envidia»
Un dato que pongo en tela de juicio. La envidia es uno de los sentimientos más comunes y más negativos del ser humano. En nuestro siglo XXI y en nuestro entorno, es moneda corriente.
Según recoge la RAE se trata de: “Tristeza o pesar del bien ajeno”. Otra definición más amplia, esta vez de la Wikipedia, nos dice que: “La envidia es un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores, u otra clase de cosas tangibles e intangibles”.
En estos días ha fallecido un maestro de periodistas premiado y reconocido por toda la profesión. Me refiero a D. Fernando Onega, punto de referencia y ejemplo a imitar por todos cuantos nos sentimos periodistas y comunicadores. Un todoterreno de prensa, radio y televisión con una trayectoria brillante.
Inmediatamente surgen los envidiosos compulsivos que hurgan en las heridas a ver si pueden sacar partido de ellas. Casi siempre para sacar una renta política propia o de “amo” de turno. Me encuentro con fotos añejas de actividades a las que nos dedicábamos todos los jóvenes que desarrollamos nuestra experiencia vital en la posguerra. ¡Y qué!
Nos encontramos ante una nueva búsqueda de la “pureza de sangre” tipo Inquisición, que me recuerda a aquella película que se titulaba: ¿Qué hiciste en la guerra, papi?”.
Esa multitud de envidiosos y “piojos resucitados”, que no tienen otra cosa que hacer, que, en vez de rebuscar entre los detritus que vamos dejando atrás los seres humanos, podían dedicar sus esfuerzos a formarse y documentarse para transmitir vivencias personales positivas y hechos que demuestren su aportación a la sociedad.
Me quedo con la defensa de la democracia y al crecimiento de nuestro país que ha aportado Fernando Onega desde todos los estamentos en que ha desenvuelto su labor como periodista y maestro de varias generaciones, que, estas sí, no han dudado en manifestarle su agradecimiento por su bien hacer. Descanse en paz. ¡Si la envidia fuera tiña!
