
«Andan en imposiciones mostrando listados de reglas y buenaventuras en vez de acercar posturas para sacudirnos la rabia y la mentira»
Lo reconozco. Disfruto observando la vanidad de la gente, la jactancia patriótica y la pereza endémica. Por eso escribo para distraerme y sobre todo, para combatir la desidia. Me abandono a ratos por 𝕏 para impregnarme de los reflejos del mundo de las sombras alumbrando avatares. Contribuyo a distribuir haciendo virales los problemas actuales y las acciones cotidianas, como el que se come su ración de pipas sentado en el parque mirando a las musarañas de lunes a viernes. Me reafirmo con la sátira y no me corto ni un pelo con tal de comprender los usos sociales y por ello los políticos pues estos, no dejan de ser la deformada proyección de los primeros. Me río de la frustración de un país hecho mixto y solo y especialmente, de aquellos que vaticinan el final como una solución perentoria, eso sí, bajo su mando, su bota, o su báculo.
Estoy hasta el neque del romanticismo, de los liberales y de los ilustrados, pero no menos que de los del movimiento, pues en ciertas materias caminan solos entre tinieblas sin razón henchidos de desdén. Qué lejos andáis todos de la realidad social, no sabéis ni por dónde os da el aire pues solo generáis tempestades adrede y por consiguiente interesadas.
Estamos a cero coma de pasar de narrar costumbres insanas a describir experiencias elegiacas, cuando es precisamente lo contrario hacia donde hemos de caminar. ¿Acaso lo vivido nos hará peores? Yo no lo sé, solo creo que estoy verdaderamente cansado por repetirme como el ajo estando en el ajo sin vivir del ajo.
Contar alegóricamente lo que acontece a diario no es una labor baladí si el objeto es profundizar en los vicios que impiden progresar socialmente. Para describir la siniestra realidad con cierta sorna sostenida ya están los Vallés de turno y para despistar, sus compañeros supuestamente antagónicos. Para sacarte de quicio de Prada hoza el presente o para hacerte reír, tenemos a cualquiera de los demás elegidos al tuntún. Los hay regionalistas, pintorescos de tipo, literarios, paisajistas, complacientes, cortesanos, diocesanos, catecumenados y hasta apesadumbrados. Los hay racistas, indigenistas, trapecistas, graciosos y afrancesados, anglos y hasta evangélicos, —ignorar todo—. ¡Uy, me ha saltado el corrector! Que nadie se me enfade…, hagan el favor.
La sociedad es el problema y la solución el reformismo, y sí eso rezuma amargura, pues sea, más esta es verdad y la verdad será útil a modo de termómetro para medir nuestro grado de civilización. Solo desde el desengaño y gracias al buen humor se podrá desarrollar un diagnóstico certero de cómo está el país. Pero no. Andan en imposiciones mostrando listados de reglas y buenaventuras en vez de acercar posturas para sacudirnos la rabia y la mentira.
¡Qué puto asco señor mío, a donde hemos llegado! Si es más prioritario imponer mis santos cojones que aplastar para siempre al supuesto verdadero adversario. No se persigue el bien sino que se proclaman como ello mismo personificado y no señor mío, de eso nada y si tal maniobra desemboca en más atoramiento, pues mejor le irá al superhéroe que dicta los mandamientos.

Ya van ocho amargos años sin esperanza, sin medidas, sin gestión positivamente útil, sólo trueque, maldad e impostura legislatura tras legislatura, cero reformas, todo fachada, los muertos por miles, los aburridos por millones, los aturdidos ahogados en sus penas y otros tantos en la mar. Mientras; el otro sigue y suma restando al ver como los otros andan mirando como echarse pestes porfiando sin pararse a negociar en su justa medida, pues de justicia es platicar y mucho más rectificar no por ser sabio ni recto, sino para pasar del dialecto al mejor vivir desarticulando con ello de forma natural, sus abominables comandos ideológicos, cuadrillas sectarias, grupúsculos adoctrinadores, bandas de cuatreros, en definitiva, sus manadas en general.
Sería tan fácil, solo es cuestión de pararse, defender cada cual lo suyo sin insultarse y sobre todo, hablar. Hablar señor mío, eso mismo de lo que se quejaba que no le dejaban hacer cuando usted era joven allá por las Vascongadas y sí señor mío, es lo contrario de aquello que practicaba cuando por el COVID a los gallegos no vacunados quería anular y hasta crucificar. Váyanse los dos a la mierda y dejen de jodernos con la pelotita eso sí, cada cual que defienda lo suyo, cierren las puertas, accedan a las causas comunes y de lo demás Dios dirá y si no saben, dejen paso.
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Feliz día de Santa Catalina.
Españistán a 9 de marzo de 2026.

