
«La idea más clara que adquirí a lo largo de mis estudios de periodismo, es la que manifiesta los objetivos primordiales del comunicador: informar, formar y entretener»
Lo que pasa es que algunos “comunicadores” no se han enterado de estas premisas y se dedican a “desinformar, deformar y aburrir”.
Este es el caso de cierto presentador de un programa, que se asomó, días atrás, a otro en prime time, en el que, a modo de cebo, pretendió recabar espectadores para un bodrio de espacio basado en la zafiedad, un vocabulario detestable y un mal gusto disfrazado de un aspecto exterior exquisito. No quiero perder más tiempo con semejante esperpento. No digo el nombre de dicho “gilipuertas”. Para qué.
El tiempo que me hizo perder el susodicho, lo compensé al recordar una buena noticia que ronda por mi mente desde hace días. Estoy convencido que nadie muere definitivamente, mientras sus ideas aparezcan en la memoria de aquellos que disfrutamos con su amistad.
En este caso me refiero a mi amigo Pepe Amalio, fallecido recientemente. Un cura peculiar con el que tuve oportunidad de compartir el pan, la sal y las ideas en muchas ocasiones. Un día me habló de su vocación y su “extraña” conexión con la teología. El comentaba que se convirtió al cristianismo basándose en la “teología de la mier..”, con perdón. Se había encontrado con Dios limpiando las heces de enfermos de hospitales del norte de África, donde pasaba sus vacaciones ayudando a los frailes de la zona. Extraña teología. Pero concluyente. Dios se encuentra en los demás. En el que sufre.
Otra frase definitiva de Pepe Amalio se basaba en buscar el verdadero sentido de las palabras. Se refería al Amén hebraico, que significa “así sea”, al que quitaba la tilde y lo convertía en Amen, así, sin anestesia. Una forma de poner en práctica el dicho de San Agustín “ama y haz lo que quieras”.
No es tan difícil olvidar a aquellos que basan su “prestigio” en el escándalo. Inmediatamente tu pensamiento se llena de la “gente buena” que ha pasado por tu vida y te colma de ideas positivas. Aun nos quedan recuerdos de gente como Pepe Amalio.

